5 jun. 2018

Mi pelo

Hoy va de anécdota rara.

Resulta que al final de un día muy chulo en el que he ido a clase, después me he quedado un rato en el patio a charlar con unas compañeras y después he ido con un amigo a tomarnos unos nachos con cerveza y unas horas de charla filosófica, pongo mi culo en el tren, y como tengo un largo rato, he llevado el pelo suelto todo el día y se me ha enredado un montón, decido sacar mi peine y mi frus frus de agua (solo agua, para hidratar, no te pienses que llevaba nada apestoso o aceitoso o raro) y me peino.

El pelo afro, para quien no sienta familiaridad con él, es difícil de desenredar. No se cepilla de arriba a abajo hasta que se resuelve, sino que hay que ir pasando el peine poco a poco, a mechones, desde las puntas hasta la raíz. A veces, los enredos bestias hay que desenredarlos haciendo circulitos con las yemas de los dedos. Si este es muy fino, como en mi caso, y no se desenredan estos nudos, se convierten en rastas.



Era de noche. El tren iba casi vacío. Estaba yo sola en uno de esos espacios de 4 asientos. No había nadie a quien pudiera salpicar o dar codazos. De hecho, un par de grupos de 4 asientos más adelante había un chico joven maquillándose, que fue el que me hizo caer en la cuenta de peinarme. Y reitero, el tren iba casi vacío. Pero por las mañanas, con el tren más concurrido, no son pocas las personas que he visto peinarse y maquillarse. Que algunas tenemos trayectos largos y a todas nos viene bien dormir 10 minutos más.


A lo que iba. Ya había terminado de hacerme las dos trenzas que me suelo hacer cuando ya estoy desenredada y lista para irme a la cama. Cuando faltaban dos paradas para la mía una señora muy amable, muy elegante y muy educada, se me acerca y me dice:

—Hola. No he podido evitar observarte durante un buen rato y tengo que decirte que lo que estabas haciendo es una falta de respeto enorme.

Yo me quedo picueta y ojiplática, intentando hacer una lista mental de todas las cosas irrespetuosas que había hecho. No me costó mucho porque no suelo fumar, ni poner los pies en el asiento, ni poner música en el móvil, ni siquiera hablar por él, como hace mucha gente que aprovecha el viaje para cultivar sus amistades o ponerse al día de los cotilleos del vecindario a voces, y ya querrá una leer o algo. No se me ocurría forma alguna en la que le hubiera podido faltar el respeto a alguien, y no recuerdo si le pregunté de qué iba todo eso o como soy un libro abierto mi cara de "no lo pillo" lo dijo todo, pero continuó:

—Eso de pasarte media hora peinándote y deshaciéndote los enredos. Es una falta de respeto.

Y yo que seguía picueta y trataba de comprender en qué podía haber molestado a la señora contesté:

—Eh... he tirado los pelos a la basura —todavía con cierta incredulidad. De hecho, si de verdad llevaba tanto rato observándome e indignándose, debió haber visto cómo me levantaba en dos ocasiones para tirar las bolitas de pelo resultantes, primero de una mitad de mi cabeza y luego de la otra.

—Ya, bueno, pero aquí hay aire acondicionado, y los pelos sueltan partículas y las respiramos todos. Y te has pasado media hora quitándote los enredos. Eso lo tienes que hacer en tu casa.

Y se abrieron las puertas y se fue. La verdad es que esto pasó en apenas unos segundos, porque la señora educada fue muy valiente y vino a sermonearme justo cuando se tenía que bajar, para comerme el marrón y no tener tiempo de réplica.

Y claro, luego recapitulando me pareció que dio énfasis a lo de deshacerse los enredos. Porque mi pelo es enredado y complejo y eso ofende. Si en lugar de ser yo hubiera sido Rapunzel peinando y peinando y peinando su lacia y rubia melena, no hubiera habido ningún conflicto y hasta puede que le hubiera hecho un bonito comentario acerca del brillo solar de su pelo y habrían acabado cantando. Pero no es así. Mi pelo tiene nubes y nudos. Es horroroso. Debería plancharlo o quemarlo. Debería pedir perdón por existir por tener un pelo como este.

Entonces recordé esa polémica de la búsqueda en Google de "peinados no profesionales para trabajar", en la que prácticamente solo salían imágenes de mujeres afrodescendientes con pelo natural, y si hacías la búsqueda contraria las mujeres salen blancas y los cabellos lisos u ondulados.

The Guardian: Do Google's "unprofessional hair" results show it is racist?
Nótese que el tercer peinado de la primera parte es el mismo que el segundo de la segunda. Solo que el primero es afro y el segundo es liso y rubio. Qué chachi ser blanca y que nadie dude de tu profesionalidad o de tu civismo por tu pelo. Microrracismo lo llaman. Eso lo dirá alguien a quien no le abroncan por peinase.

En cuanto a la señora, me gustaría haber tenido la oportunidad de decirle que a eso se le llama optimizar el tiempo y que debería probarlo. Tal vez así no viviría tan pendiente de los demás y no estaría tan amargada.

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1 may. 2018

¿Dónde nace la manada?

En estos días de indefensión y rabia tras la sentencia de "la manada", me viene continuamente a la cabeza un viaje en furgoneta que hice hace unos meses. Íbamos de Barcelona a Madrid seis músicos y yo para tocar en un concierto. Paramos en un bar a comer, y en la pantalla gigante un canal de música en el que, al parecer, solo existía el reggaetón. No sé mucho de reggaetón (ni ganas), solo sé que en los video clips suelen salir mujeres en bikini o en ropa interior bailando o simplemente paseándose por ahí sin sentido, mientas los hombres las persiguen, babean, se restriegan o lo que les salga.

Y ahí surgió un globo de testosterona que iba creciendo y creciendo por momentos. Me dieron un viaje de lo más placentero, escuchando desde sus fantasías con unas y otras, hasta análisis de lo guarras o lo puritanas que son tales o cuales tipos de mujeres. Distinguí claramente a los instigadores, los que seguían el rollo de buena gana, y los que lo seguían solo un poquito, incluso incómodos. Pero a la hora de decir basta me quedé sola. Curiosamente la única mujer. Penosamente, la única madre. Fue cuando alguno comentó algo sobre el cuerpo de una chica tan joven que me vino a la cabeza mi propia hija y lo poco que le quedaba para llegar ahí. Les pregunté si toda esa mierda la pensaban de verdad o solo se estaban midiendo los penes. Se hizo un incómodo silencio y a partir de ahí se cortaron un poco. Al menos delante de mí. Porque una vez en la sala, durante las pruebas de sonido, me acerqué hacia algunos de ellos que estaban en corrillo y oí a uno (de los instigadores) decir "que viene", y se quedaron calladitos. Como críos que esconden sus travesuras a mamá. Me podía haber dado rabia, pero la vergüencica ajena la eclipsó rápidamente y me reí.


Y ahora pienso en ese día y en ese grupo y lo veo muy claro. La manadas empiezan ahí. En aplaudir y jalear chascarrillos machistas y que nadie los calle. En conversaciones entre risitas y gestitos en las que aparecen términos como gang bang, o MILF, y todo ese léxico aprendido en el porno mainstream, en el que las mujeres somos cosas y el sexo es violencia. En que si sales de caza después del bolo follas fijo, porque ser músico es guay, por la alegría del momento y porque si hay alcohol y drogas, mejor. Las manadas nacen en conversaciones en bares, en furgonetas, en grupos de whatsapp... entre hombres que no siempre tienen claros los límites, y que nunca sabes hasta dónde pueden llegar.

Creía que era fácil educar hijas en el feminismo y que hacerlo con un hijo iba a ser un reto. Cuando tuve a mi hijo supe que tenía que hacerlo, costara lo que costara, porque era tanto o más importante enseñar a mi hijo a respetar que enseñar a mi hija que no tenía por qué ser una damisela en apuros, que podía ser lo que ella quisiera. Pero, ¿sabes qué? Mi hijo está a un mes de cumplir los dos años. A veces jugamos y a veces no controla. Es solo un bebé y es muy bruto. Se monta encima de mí, nos placamos, nos hacemos cosquillas y nos reímos, pero a veces se sienta en mi cara, o me araña o salta sobre mi vientre. Y me hace daño. Y cuando me hace daño le digo: ¡Para! Con voz enérgica y gesto serio, y le hago el gesto en lenguaje de signos de estar enfadada y el de sentir dolor. Entonces para, baja la cabeza y pone carita triste. Durante unos segundos se queda así. Sabe que así no. Luego lo abrazo, le doy mil besitos y hacemos las paces. Él es un bebé y ya lo ha entendido. Solo necesita seguir así conmigo, con su hermana y con todas las personas, y ya me encargaré de que jamás se le olvide.

Ahora veo que lo chungo es enseñar a mi hija a protegerse de bestias que nada tienen que ver con lobos, a estar alerta, pero a la vez ser valiente. A ser prudente pero no vivir con miedo. Ahora a veces me da por pensar en todas las agresiones sexuales que he vivido a lo largo de mi vida. Organizarlas en mi mente, cronológicamente, por tipo, por gravedad... A veces pienso en de cuántas me he librado por suerte o qué sé yo por qué. A veces salen historias que he leído en blogs, o en facebook, o me han contado mis amigas, por que no era solo yo, somos tantas y nos han pasado tantas cosas... ¡a todas! Y ahora me pregunto cómo voy a criar a una hija valiente cuando me mata de miedo no llegar a tiempo de hablarle de violencia machista y agresiones sexuales antes de que las viva. 

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20 dic. 2017

Lo que cuesta hablar de racismo

Hace unos días hice un pequeño experimento: subir esta imagen a mi cuenta de Instagram, con el título: ¿Por qué los reyes blancos pueden ser de los colores divertidos que quieran pero el rey negro solo puede ser negro? Solo obtuvo un corazoncito y nadie dijo nada. Nadie contestó mi pregunta ni entró en el debate. Porque hablar de racismo incomoda. Porque crees que es una chorrada y me ofendo porque quiero y no te atreves a decírmelo. O porque ese tema no va contigo porque tú no eres racista ni vivimos en una sociedad racista, para qué vamos a darle vueltas. Y no es que tenga yo miles de seguidores y corazoncitos, pero curiosamente es la única publicación con un solo corazoncito. Que igual la foto es una chusta, pero te aseguro que las hay peores porque yo no tengo ni idea de fotografía, y subo fotos que no siempre son bonitas, pero con ellas trato de decir cosas.

Clan TV
Esto es algo que solo se le puede ocurrir a una persona no blanca, y las blancas pensarán que nos ofendemos a la mínima, que vemos racismo en todo, o que acabamos siendo nosotras las que vemos colores porque ellas solo ven personas, (o algo así como cacahuetes en este caso).

En cambio, yo cuando vi esta imagen sí que vi los colores y sí que me asaltó esa pregunta. Los reyes blancos pueden elegir hasta sus colores, pero el rey negro siempre tiene que ser negro. Y esto que te parecerá una chorrada me hizo pensar en un artículo que leí hace años sobre Disney, que mientras se sentía orgulloso de haber creado al fin una princesa negra, la realidad de las niñas de verdad era que en sus juegos, las niñas blancas podían elegir princesa, pero la niña negra del grupo solo podía ser Tiana.

La gente no habla de racismo y cuando una saca el tema es una negra rabiosa que se queja por vicio y que debería dejar de dar por saco, vivir su vida y dejar en paz a los demás. Los demás son las personas blancas y españolas que dicen que no son racistas porque tienen amigos negros, y no te insultan mientras seas una negra modélica, sumisa y sacrificada, porque eso es lo que debemos ser. Pero cuando nos da por reivindicar algo pasamos a ser la puta negra rabiosa que ve racismo por todas partes y molesta a la santísima sociedad blanca "que la ha acogido".

Y en estas estamos con la Cabalgata de los Reyes Magos de Alcoy. Resulta que Afroféminas lanza una llamada de atención respecto al blackface de cientos de pajes. ¡Cientos! Más de mil, incluso. Así, en plan manifestación. Pero claro, eso no es racismo. Y aquí Afroféminas y todas las que las defendemos volvemos a ser putas negras rabiosas que se quieren cargar una tradición mágica y preciosa, y romperle la ilusión a los niños. Porque la magia es que vayan pintados de negro, no lo es la cantidad de gente que se junta para desfilar, subirse por las paredes y repartir regalos. Si le quitamos el blackface, no nos queda nada, ¿verdad? Pobres niños, no tenemos corazón. Que no entendemos la magia, que vayamos a verlo y cambiaremos de opinión. Superlógico: me molesta algo de lejos y de cerca no solo no va a molestarme, sino que lo voy a adorar. Ya me molesta cuando pintan a un solo rey Baltasar de negro, como para verme rodeada de blackfaces como si viviera una pesadilla. Es tan lógico como decir que soy antitaurina porque no he visto una corrida en directo. Que si voy y lo veo y lo sufro en primera fila se me pasarán las hostias. Pues no, me molesta el blackface, en directo y en diferido. Pero ellos no defienden una tradición racista, es más, para demostrar que no son racistas nos insultan, nos dicen que estamos enfermas, que no tenemos vida, que somos unas ignorantes, que cuántas ganas de joder, y el ya clásico que nos volvamos a nuestros países.



Los mitos y leyendas pueden mutar, pero es muy difícil cambiar una tradición. Las personas convierten una costumbre en tradición y las tradiciones se refuerzan siempre en el olvido de lo que las ha originado. De hecho, los Reyes Magos al principio de los tiempos ni si quiera eran reyes, ni magos. No fue hasta la Edad Media que recibieron el título, y hacia el siglo XV se atribuyó un origen etíope/yemení a Baltasar y se le empezó a pintar con piel oscura. Y cuando digo pintar, me refiero a cuadros y esas cosas, no a pintarle la cara a un señor. En un atlas catalán de 1375 los pintan a todos blancos. Filippo Lippi los pintaba a todos rubios y brillantes. El Greco, hacia 1550,  y Murillo, hacia el 1600, ya pinta la imagen tradicional del viejo blanco, el maduro castaño y el joven negro, lo que me lleva a pensar que se trata de una tradición castellana. Lo de las cabalgatas es un invento moderno, del siglo XIX, y con ellas llegó el blackface

Y no es solo cosa de Alcoy. En Alcoy es más bestia porque hay cientos de ellos, pero Baltasares de betún hay por toda España, y también nos hemos quejado antes y ni caso. Que el blackface no es racismo, que no tienen intención de herir a nadie. Supongo que no saben que puedes no pretender algo y hacerlo igualmente, o que las tradiciones, para que se sigan manteniendo, se adaptan poco a poco a la sociedad. Pero las tradiciones son muy fuertes, se basan en un sentimiento compartido por un grupo que considera que sus tradiciones lo definen: la razón no puede luchar contra la tradición. El apoyo es mínimo y nos quedamos prácticamente solas frente a los insultos y las burlas porque, recuerda: no mola hablar de racismo. El racismo no existe. Lo creamos nosotras con la confrontación.

Lo mismo siempre que nos quejamos de algún producto que lanza una campaña publicitaria que nos ofende, como Cola Cao, o que tiene un producto ofensivo en sí mismo, como los Conguitos. Nos quedamos prácticamente solas en nuestras reivindicaciones y, aunque sí que es verdad que hay gente que nos apoya, la mayor parte de los comentarios recibidos son más insultos y reproches de piel fina, tiempo libre y venir a cargarnos cosas. Por suerte, algunos saben reflexionar y cambiar, como es el caso de los Conguitos, cuya imagen principal ha variado con los años. Cierto es que mantienen su nombre, aunque, a decir verdad, Mr. Propper pasó a ser Don Limpio y no pasó nada. De hecho, diría que toda la gente de mi quinta sigue diciendo Mr. Propper, y yo misma llamo Conguito a todo cacahuete chocolateado, cualquiera que sea la marca. Pero vamos, que un fuerte aplauso igualmente para ellos. Pasito a pasito.

No se habla de racismo cuando en una publicación en Facebook, una amiga habla de lo bueno que está cierto mulato, yo la corrijo diciendo que será un hombre mulato en todo caso, no un mulato a secas, y no dice nada al respecto ni se disculpa hasta que otra amiga blanca me agradece la aportación. Porque somos todas muy feministas y los comentarios machistas hay que señalarlos y despreciarlos, pero las aportaciones sobre racismo ya incomodan más. Porque sé que no hay mala intención, pero hay que crear conciencia, de la misma forma que se está haciendo frente al machismo. Porque no hace mucho era lo más normal que los tíos nos echaran piropos agredieran verbalmente por la calle y nadie lo cuestionaba, y nosotras a tragar y callar. Es necesario hablar de racismo, para detectarlo, para comprenderlo, para modificar lenguajes y actitudes.

Tampoco se habla de racismo cuando en un grupo de whatsapp de varias madres y padres, una pasa un mensaje en cadena larguísimo que en resumidas cuentas decía que los moros nos invaden y que si el terrorismo y que si hay que estar alerta... y nadie dijo nada. Que bien es cierto que un tiempo después se abrió un grupo alternativo en el que esta persona ya no está, que no sé yo si aquello tendrá algo que ver pero vamos, que si no se hablan las cosas, también es bien difícil que las personas se den cuenta de sus errores. 

Pero aunque no se hable de racismo, sí que se lleva mucho ponerse una etiqueta antirracista. Y cuando lo hacen partidos políticos, pues me crispa bastante más. Ayer recibí un enlace para las próximas elecciones que explicaba cómo no votar racismo. Aquí un esquema de la situación:

S.O.S. Racisme


Y ahora me preguntarás qué tiene de malo que los partidos políticos se preocupen por incluir políticas antirracistas en sus programas, cosa que, a priori suena muy bien. 

Pues para empezar, basan sus políticas antirracistas en cosas que tienen que ver con los extranjeros, no de las personas racializadas. También hay extranjeros rubios con ojos azules, así que no estaríamos hablando de racismo exactamente. Y el hecho de considerar extranjeras a todas las personas racializadas, ya es en sí mismo algo racista, ¿no?

Luego está derogar la ley de extranjería. Vamos a ver. Yo pienso que es injusta y cruel, y que hay que revisarla y reformarla. ¿Cómo? Pues no tengo ni idea porque ese no es mi trabajo. Me parece estupendo que haya partidos que contemplen una reforma que respete los derechos fundamentales de las personas (JxC), pero no me gusta que para ponerse medallas nos prometan entrada y papeles para todos porque eso es insostenible a todos los niveles. Y lo sabemos todos por muchas caretas que nos pongamos. Arcoiris y unicornios, los justos.

Que todo el mundo tenga derecho a voto tampoco lo veo muy allá. Porque vamos a ver, cuando emigramos al extranjero, nos permiten votar desde fuera, por lo que cada individuo vota por su país, y no por el país en el que reside. Si juntamos votos de los autóctonos que se han ido con los autóctonos que se han quedado, con los extranjeros que no sabemos qué intenciones tienen... me parece un poco caótico. Como mínimo exigiría garantías de permanencia, que si te lo piden para comprar un teléfono, que menos que para decidir el futuro de tu país, que igual el extranjero vota y se pira al año siguiente y luego es una la que se come toda la legislatura.

Al derecho a la sanidad pública estamos todos de acuerdo menos la derecha casposa. A simple vista es algo que le parece bien a cualquiera con una pizca de humanidad, pero tiene sus matices. Yo creo que siempre hay que defender la sanidad pública para todas las personas residentes, tengan o no un trabajo o papeles en regla. Pero quiero recalcar la palabra residentes y me gustaría que existiera una buena forma de asegurarse de ello. Llámame racista, pero el turismo sanitario existe y lo sé de primera mano. Llámame negra rabiosa, pero como ya conté hace tres años, he vivido cómo un pariente guineano, nacido en Guinea Ecuatorial y con residencia en Guinea Ecuatorial pero que va y viene cuando quiere, vino a España a operarse de un transplante de riñón y luego se volvió a su casa a vivir la vida. ¿Pero es que allí no hay hospitales? Pues claro que sí, pero allí la vida y la muerte dependen del dinero que tengas. Y desde luego, si tienes dinero para viajar a Madrid cuando te place, lo tienes para pagarte un hospital privado. Pero operarse en España es mucho más glamuroso. ¡Y gratis! El dinero mejor me lo gasto en el viaje y así además me divierto. Poco después, mi madre se jubila después de cotizar en España toda su vida, se va a Guinea de visita por segunda vez en más de cuarenta años, y se muere de una cagalera porque el hospital público la manda a casa. ¿Ya me habías llamado negra rabiosa? Pues oiga, un poco de rabia igual sí que da.

Ahora vamos al último punto, al que también se suma toda la izquierda: Políticas públicas contra el racismo. Vale. Es tan amplio y tan ambiguo que cualquiera puede decir que las aplica.
Pero cuando las personas racializadas, extranjeras o no, denunciamos microrracismos como los de las cabalgatas, ningún partido se pronuncia. Vale que la de Alcoy es la más bestia, como decía antes, pero hay blackfaces en casi todas las cabalgatas españolas, y en Catalunya también, senyors i senyores d'esquerres. Incluso blackfaces masivos como el de la capital de mi comarca. Y nadie nos escucha. 

Igualada - Cavalcada de Reis (Foto: Ajuntament d’Igualada)
Pero sí, son cosas que si te quedas en el título sin profundizar, quedan muy bonitas. Somos antirracistas para prometer imposibles y mientras nadie venga a denunciar algún tipo de racismo, porque entonces el racismo simplemente no existe. Y oye, que esta es mi opinión y sé que puede resultar polémica. Será más o menos acertada, pero para empezar, estoy hablando de ello, con sinceridad y sin maquillaje.

El racismo no es solo que te peguen una paliza en el metro o que no te den un trabajo por tu raza, igual que el machismo no es solo que te violen en un portal o que no te den un trabajo por estar en edad fértil. Está enquistado en la sociedad y hay que identificarlo para poder construir una sociedad más plural, tolerante y respetuosa. ¿Cómo lo hacemos? Hablando de racismo. 






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4 abr. 2017

Habichuelas feministas

Cada vez que una mujer dice "yo no soy feminista":

  • Una mujer muere asesinada por el hecho de ser mujer
  • Una mujer es violada
  • Una mujer es vendida o alquilada
  • Una mujer sufre mutilación genital en el parto (episiotomía)
  • Una niña se casa con un señor
  • Una niña no puede ir al colegio
  • Una niña sufre mutilación total del clítoris (ablación)
  • Una niña es vendida o alquilada
  • Una niña es violada
  • Una niña muere asesinada por el hecho de nacer niña

Y lo de cada vez que una mujer dice es una licencia literaria que me acabo de tomar. Pero resulta que esto pasa en cada momento, a miles de mujeres, ahora mismo, cuando acabe de escribir este post y cuando me vaya a la cama esta noche. 

Lo siento, pero me parece una aberración que con este panorama haya mujeres que digan que no son feministas. A veces incluso así, por las buenas, sin que les preguntes. Aparece el feminismo remotamente nombrado en una frase y se apresuran a aclarar: Yo no soy feminista. Casi con aspavientos, caminando hacia atrás, como si tener algo que ver con el feminismo fuera lo peor que pudieran pensar de una, como si el feminismo fuera algo así como adorar a Satán. 

No, yo no soy feminista, no soy una feminazi, no soy una marimacho, no soy una bruja.

feminismo

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna 'mujer' e -isme '-ismo'.
1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

¿Crees en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres? Pues entonces eres feminista. Todo lo demás es feminismo mal entendido y feminismo desprestigiado. Te diré más: Ni siquiera hay que ser una mujer para ser feminista, y sí, también hay hombres feministas. 

¿Sigues sin convencerte? Vuelve a leer la definición. Es tan simple que da risa que alguna vez hayas defendido lo contrario. Solo leyendo la definición te darás cuenta de lo ridículos que son los peros, las afirmaciones del tipo ni machismo ni feminismo: igualdad. Porque el feminismo es igualdad, señoras, y ya basta de esconderse de él como si hubiera hecho algo malo. Al contrario. El feminismo ha conseguido que podamos desde estudiar hasta votar en unas elecciones. Y puede que algún día el feminismo consiga equiparar sueldos y una mayor representación de mujeres en puestos de poder.

¿Qué por qué hay que luchar por los derechos de las mujeres y no de los hombres? Pues porque los hombres ya los tienen. Es que también es tan simple que da risa, y hasta vergüencica ajena tener que dar explicaciones a eso. 

Las feministas no pretendemos exprimir el esperma de los hombres y extinguirlos, inseminándonos artificialmente y abortando a los fetos varones. El feminismo ni siquiera es darle la vuelta a la tortilla, y que los hombres pasen al rango inferior y las mujeres dominen el mundo. Es más, si tanto miedo hay de que así fuera, es porque en realidad sabemos que hay una parte privilegiada y otra oprimida, y a esa parte privilegiada le da pavor pasar al otro lado. No hablo con esa parte. No discuto con trolls que mienten y ofenden desde su privilegio y que nunca van a querer admitir lo que es el feminismo, que les conviene tener y difundir la imagen distorsionada de él. Hablo con mujeres equivocadas, porque yo también estuve equivocada. Incluso en este blog, recuerdo haber dicho no ser feminista cuando estaba desinformada. Pero en cuanto leí un par de blogs, y sobre todo la definición (que no tiene discusión posible) en lugar de discutir me puse del lado que me tocaba. Y eliminé esa frase del post que la contenía, porque fuera ya de mi ignorancia, la frase "no me considero feminista" sí me da vergüenza.

http://haikita.blogspot.com.es

Dale la vuelta a esta locura y tendrás el mundo en el que vivimos. 
Que ser feminista no es necesariamente ser activista, igual que no todos los creyentes van a misa. Que hay feministas que enseñan las tetas y feministas que no desean cosificarse a sí mismas. Que hay feministas mujeres y hay feministas hombres. Y que el feminismo es avance y progreso, para las mujeres y para la población mundial.

Yo digo y me gusta decir que soy feminista, que en mi casa no hay estereotipos de género de ningún tipo, que educo a mi hija en conceptos de igualdad, desde ponerse la ropa que quiera a que cuando sea mayor podrá ser lo que quiera ser. Y lo más importante, educaré a mi hijo en los mismos términos de igualdad, y además en el respeto a las mujeres desde su pivilegio de hombre blanco. Porque esa también es otra: educar a un hombre blanco en una sociedad blanca para que defienda y respete sus raíces afro, también tiene que ser un reto.

Pero eso ya es otra historia...



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26 dic. 2016

6 meses de higiene natural

Hace unos meses escribí sobre la higiene natural o la comunicación de la eliminación. Aquí dejo el post, pero resumiendo, se trata de darle al bebé la oportunidad de hacer pipí o caca en un recipiente, váter, campo... lo que sea que no sea enguarrarse el pañal*, la ropa o a sí mismo. Empezamos con un mes y después de seis meses de práctica, este es el balance:


Siempre que se despierta hace pis.
Siempre que se mete en el coche hace pis.
Siempre que sale del coche hace pis.
Ya no hace caca todos los días, y cuando la hace suele ser a las 9 de la mañana. 
Prefiere mear y cagar en espacios abiertos, no me preguntes por qué. Cuando estamos por los exteriores de nuestra casa suele mear donde los gatos. Y también le molan las rejillas de desagüe de los parkings de supermercado. Ya me sé de memoria donde están todas las de los súpers de la zona. En cambio en el orinal, a veces se resiste, aunque realmente tenga pis. Que da mucha rabia cuando se mea encima habiéndole  preguntado hace cinco minutos, pero aunque por dentro te enfades, el bebé te mira y te sonríe y sabes que en su mente dice ¿y a mí qué me cuentas?, así que es inútil pedir explicaciones.



Con la introducción de los sólidos, la caca también se volvió más fácil. Se acabaron las pintaditas de las que hablaba en el post anterior. Además de hacer menos y a horas determinadas, ahora aprieta, y aunque lo haga a una hora inesperada, es fácil pillarlo con el ojete abierto o con la puntita fuera, y entonces solo es cuestión de correr.

Y básicamente es ir observando y preguntando. En general funciona y pasamos varios días con el pañal seco, pero veces se escapa, claro. No he llegado a tener esa conexión mística que aseguran tener algunas madres que presienten el momento o que hasta llegan a notar olor a pis justo cuando el bebé tiene ganas. Así que si no eres de esas, no te frustres, no eres la única. Yo también tuve mis momentos de ¿pero por qué no soy infalible al 100%? ¿Qué estoy haciendo mal?, pero ya he dejado de agobiarme.

El cambio de tiempo empeoró bastante las cosas. En verano, cuando lo tenía todo el día en pelotillas era todo mucho más fácil. Con el frío se complicó el asunto, pero fui adaptando el vestuario para no andar quitando y poniendo pantalones y ganar tiempo. Mi tía, que sabe tejer, me hizo unos calentadores con una especie de liguero la mar de apañaos, y los pijamas de una pieza los tengo rajados por la entrepierna y le pongo el pañal por fuera a lo Superman. 

A los tres o cuatro meses me atreví con las noches. Y sí, es un peñazo despertarse constantemente, pero da sus frutos. Además es mucho más fácil identificar la señal porque está medio dormido y ni se entera, hace como un gruñidito, muy distinto al llanto de hambre, que cuando está despierto y distraído no suele hacer. Con el tiempo se fue espaciando la cosa y ahora solo pide pis a las 3 AM y a las 7 AM. Incluso llegué a quitarle el pañal por las noches cuando vi que ya lo tenía controlado y que andar quitando y poniendo pañal dificultaba la tarea, pero tuve que volver a ponerlo porque, como siempre mea por la mañana al despertarse, no puedo salir de la cama y dejarlo dormido; en cuanto me entero de que está despierto ya se ha hecho pis. Porque este no es como su hermana, que en cuanto abría el ojo y se veía sola se enfadaba mucho y lloraba, este se queda en la cama jugando tan pancho.

Lo que mola es salir por ahí. La gente se queda picueta cuando ve a un bebé de meses mear como un niño. Le quito el pañal, lo sostengo en vilo y digo "pipi", y va y mea. A quien no lo ha visto nunca le parece muy gracioso. Y también hay quien lo flipa cuando lo ve sentado a la trona comiendo con la familia pero independientemente, con sus manos y con toda su cara.

Pero eso ya es otra historia...


*Siempre que digo pañal me refiero a pañales de tela, que son los que usamos. No es recomendable lanzarse al reto de la higiene natural usando pañales desechables, el pipí desaparece y nunca sabes cuánto ni cuándo. 

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3 oct. 2016

Cómo conocí a ese empresario del porno

Bueno, pues ya he visto el famoso vídeo promocional del Salón Erótico de Barcelona. El año pasado también lo petó con un actor porno muy conocido diciendo algo así como que hay que follar más y matar menos, como si hubiera inventado el queso fundido. Y el vídeo ese era muy bonito y muy bien hecho y el mensaje (aunque ya viejo) muy cierto y muy compartido por todos, así que venga, vídeo en todas las redes, en plan: mira este follador profesional, cuánto sabe y qué bien habla.

Y este año hacen otro anuncio que también lo peta y se viraliza y todo el mundo aplaude y olé el vídeo. Yo no quería verlo porque cuando recuerdo ese sitio me dan ganas de llorar, y me dan más ganas de llorar cuando abro Facebook y veo que varios de mis amigos y familiares comparten y aplauden. Y al final lo veo porque también acabo leyendo críticas y tengo que saber de qué va todo eso, y bravo, muy bien, desde luego estoy de acuerdo con todo eso que dice el vídeo, pero lo que tiene guasa es que el salón del porno guarreras se haga llamar Salón Erótico y tengan los santos cojones de llamar hipócritas a los demás.

Tiene guasa que una mujer culta que hace porno porque quiere se niegue a admitir que en el porno y en la prostitución hay esclavitud y trata de personas, porque total, no le ha pasado a ella... Y que además es feminista pero defiende el porno casposo porque es lo que a ella le pone. Y los hipócritas son los demás. 

Y ojocuidao, que el evento lo patrocina una empresa de prostitución, y que la prostitución no es legal en este país, pero puede patrocinar cosas y puede poner vallas publicitarias de la hostia en la entrada de ciudades como Barcelona para asegurarse de ser lo primero que ves cuando llegas. Y eso: que me aprovecho de las incongruencias legales que mi patria me brinda, pero hipócritas los demás.

A la prota del vídeo le crispa que la llamen puta los que se pajean con sus vídeos, pero no sé si se ha planteado si la llaman puta por eso, o por estar buena, o por ser mujer. Porque resulta que a las mujeres nos llaman putas por ser mujeres, así como género. Si follas porque follas, si no follas porque no, si haces algo que no le gusta a un hombre, puta, si te levantas cruzada y no saludas a tu vecino... también puta. Eso es ley de vida y las feministas luchan por cambiar eso, no se ponen a hacer vídeos que salen en páginas que llevan palabras como putas, guarras, zorras, etc. en su propio nombre de dominio.

A lo que iba. Que me da mucha rabia y me deprime a partes iguales el salón ese. Yo estuve allí y de erótico nada. Eso es porno, e independientemente de estar a favor o en contra del porno, Salón del Porno es como debería llamarse. Eran principios de los 2000 y en esos tiempos trabajaba de maquetadora de páginas web. En septiembre entré a trabajar en un curro nuevo porque el anterior me aburría y lo dejé. Y resultó que la web que llevaba esa empresa, era porno. En las oficinas, había unas salitas cuadradas minúsculas con un colchón en el suelo, una cámara y un teclado... y una chica desnuda dispuesta a hacer todo lo que le pidiera el usuario en línea de turno. "La mayoría me piden que me meta un dedo (u otras cosas) por el culo", me dijo una de ellas una vez que cruzamos cuatro palabras. Daba la impresión de estar ahí porque quería y tener la intención de hacer dinero rápido mientras pudiera y alejarse de esa mierda para siempre. No parecía ser una esclava sexual ni nada de eso, y por aquel entonces tampoco me cuestionaba tanto las cosas. Pero de lo que de verdad no daba la impresión era de ser feliz haciendo lo que hacía.

En la entrevista para ese trabajo, me comentaron que el mes siguiente se celebraba el Salón Erótico de Barcelona, y que molaría que, además de ser maquetadora, que era para lo que en teoría me contrataban, pasara los días del salón allí, en el stand. Y a mí me pareció bien, entre otras cosas porque no sabía lo que me iba a encontrar ahí, y porque en mi mente la palabra erótico sonaba de otra manera. También me dijeron que en enero se celebraba algo parecido en Las Vegas, y que también solían participar, y que si en enero seguía allí, pues que también iría yo. Y yo que no me lo podía creer, vamos. Eso de trabajar en un sitio y que te paguen viajes molones era como un sueño dorado. 

Y llegó el Salón. Llegué y al primer vistazo ya me dio como un repelús. Los carteles, los vídeos, toda imagen gráfica con la que me encontraba era de sexo explícito y la cosificación de las mujeres me llegó a molestar de una forma en la que nunca me había planteado siquiera. En algún descanso o parada para ir al lavabo, recuerdo haber pasado por un stand en el que se hacía algún espectáculo en vivo. Lejos de hacer lo suyo, terminar, recibir su aplauso y marcharse (que es como me pensaba yo que iba esto de los espectáculos) la mujer tenía que dejarse tocar, ¡hasta lamer! por un montón de tipos, en su mayoría desagradables. Y a mí que me digan lo que quieran, pero cuando vi a esa mujer bajar del escenario, ponerse y restregarse el albornoz como si quisiera arrancarse la piel, quitarse su cara de show y mostrar su verdadera persona, la que se debatía entre llorar y echar la pota, no me dio la impresión de que se estuviera divirtiendo, haciendo realidad sus fantasías o lo que quieran vender algunas. Sólo ella sabrá su historia y yo al mirarla solo pude pensar que ojalá no estuviera ahí. En algunos shows, un voluntario del público podía hasta follarse a la mujer en directo, allí mismo, ante los ojos y los vítores de todos, pero eso ya no lo vi.

El resto del tiempo, yo estaba en mi stand, sentada en un taburete con mi teclado delante y una pantalla detrás en la que se exhibía un loop de imágenes de nuestra web. Llevaba una camiseta negra de cuello redondo con el nombre de la web impreso en letras doradas, y una falda negra a la altura de las rodillas. Nada que sugiriera que yo también era un objeto del salón. MEEEEEEC. Error. Yo era una mujer joven, guapa y exótica que estaba en un salón de porno y los hombre solo se dirigían a mí para preguntarme a qué hora me desnudaba. "No, es que yo soy maquetadora, no soy actriz". "Pues deberías, porque eres muy guapa, tienes muy buen cuerpo, estás muy buena, que si no te lo has planteado nunca, que si qué haces cuando salgas, que si me das tu teléfono..." Y así todo el día, intentando no perder la sonrisa aunque me muriera del asco y "que, vale que sí, toma tarjetita y visita nuestra web".

Y entonces conocí a Ese empresario del porno. Ese que sale en los periódicos porque está en la cárcel por trata de personas y por drogar a menores para sus vídeos, entre otras cosas. El tipo era un veterano. Ya había estado ahí otras veces y supongo que sabía que no todo el mundo es parte del show por el hecho de estar en un stand, así que fue el primero en hablarme como una persona. Y me cayó muy bien, y le conté cómo me sentía y pareció comprenderme, y que él sabía de qué iba todo eso y que los tíos son despreciables y que ya me echaría un ojo. Y lo hizo. Siempre que estaba disponible se pasaba a charlar conmigo y cuando veía a algún plasta me lo quitaba de encima y se quedaba unos minutos conmigo charlando hasta que el pesao se cansaba y se iba. Era un tipo inteligente y divertido y de repente se convirtió en el príncipe que venía a salvarme de la marabunta fálica. El tiempo pasó más deprisa desde que él entró en escena y terminó el salón. La última noche me acompañó hasta mi casa. Había unas cuatro paradas de metro con transbordo, pero como a mí los transbordos no me gustan y prefiero caminar, el último tramo lo hicimos de paseo. Paramos a tomar una cerveza en una terraza que aún estaba abierta y charlando charlando, me dijo que tendría que montar mi propia web. Yo le decía que yo no iba hacer porno, pero él pareció obviar eso, y seguía como si no fuera necesario el porno en sí. Además cometí el error de contarle que estaba en una escuela de teatro y que una vez me hice una sesión de fotos desnuda. Yo no he sido nunca muy pudorosa y la sesión era totalmente artística y nada erótica, pero Ese empresario del porno era de esas personas que se montan una idea en la cabeza y se convencen tanto que creen que tarde o temprano te convencerán a ti, y que por más que digas que no, pues que no te escuchan, oiga. Así que la cosa quedó así, cada uno en su mundo pensando que entre los dos íbamos a montar una web que lo petaría, yo pensando en mis opiniones y mis frikadas, y él pensando en que acabaría follando ante las cámaras, y que, como no, el primero iba a ser él.

En el puente de octubre me fui a Bilbao para ponernos con ello. Me pagué yo el viaje porque no me gusta deberle nada a nadie, aunque tampoco se ofreció a hacerlo él, a pesar de ser el dueño de una web que según decía le daba unos 2 millones de pesetas al mes, y por si fuera poco cobraba nosequé ayuda del estado por nosequé minusvalía que decía que tenía. Me vino a buscar al aeropuerto con un colega suyo y nos fuimos directamente a su casa porque era de noche y yo quería descansar y dejar la maleta. Cenamos, charlamos, reímos y nos enrollamos. Sí. Me enrollé con Ese empresario del porno porque era un tío divertido con el que me gustaba conversar y porque hasta me gustaba él. Pero ya está. No follamos ni nada. Y el tipo se puso un poco tenso porque parece que algunos tipos no pueden entender que una no folle con todo el que se besuquea y que lo uno no siempre lleva a lo otro y que una quiera conocer bien a la persona antes de pasar a mayores. Y claro, Ese empresario del porno empezó a mostrar cierta tensión y cierta agresividad, que obviamente en lugar de acercarme a él, me alejaba. 

El día siguiente hicimos algo de turismo por el centro Bilbao. Pareció obsesionarse con eso de conocerle mejor para abrirme de piernas y todo lo que hacía parecía tener ese objetivo. La cosa se volvió extraña y forzada, muy lejos de la relación que teníamos al principio. También hicimos algunas visitas de trabajo a contactos suyos, en ocasiones me agobiaba un poco y me sentía un florero, pero intentaba focalizar en el motivo de mi estancia allí y aguantaba el tipo e intentaba ser simpática. Por la tarde fuimos a su casa otra vez, yo pensando que para empezar con la web pero él siguiendo con su idea obsesiva de que necesitaba conocerle mejor, y pasamos un rato mirando y ordenando sus cómics y sus cosas. Y entre esas cosas suyas apareció una libreta en la que apuntaba sus pensamientos y sus conquistas desde que era adolescente. La leí un poco por encima y en uno de los nombres de la lista me paré y me quedé con una frase que hasta ahora recuerdo literalmente: "Ella no quería, pero, mañoso que es uno". Eso era un gran logro para él: concentrarse en una chica "difícil" y no parar hasta conseguirla. Y luego mandarla a tomar por culo rápido para que la sensación de triunfo sea aún mayor. Ese era el verdadero Empresario del porno, y sí, le estaba conociendo, pero no me molaba nada.  Cada vez más lejos uno del otro, por la noche me preguntó si quería ir al cine y qué quería ver, que él tenía pase de prensa gratuito por la web (cágate lorito, ¿así de fácil le dan a uno un pase de prensa, aunque su web no tenga nada que ver con informar, ni siquiera con opinar de nada?). Elegí Amelie. A los 10 minutos se quedó dormido y se pasó toda la peli sobando y roncando como un maleducado. No me podía creer que fuera el mismo tío que había conocido en el salón. Al final, me puse un poco borde y le dije que de la web qué, que no habíamos hecho nada y que ya solo nos quedaban dos días. Me dijo que él lo que quería era grabarme follando con tíos, que tenía la esperanza de que uno fuera él, que me podía disfrazar si quería, como si el hecho de ser reconocible o no fuera el único problema, y que las frikadas que yo proponía no le interesaban a nadie, así que o eso o nada. Y ya está. Me fui a la cama con ganas de llorar y él se quedó al ordenador, escribiendo cosas en su web. De madrugada y sin poder dormir, me dio por mirar qué había escrito. Y sí, me había dedicado un post enterito contando lo calientapollas que era y hablando así en general de qué coño les pasaba a las putas calientapollas que se dejaban besuquear y magrear lo justo, pero que no se dejaban follar. Los comentarios que fueron llegando durante semanas ni os los podéis imaginar.

Y a la mañana siguiente estábamos allí, en una casa enorme sin hablarnos, él a sus cosas de su web y yo leyendo sus cómics, hasta que me dijo que por qué no me iba a dar una vuelta o algo. Y yo le dije que quién me aseguraba que me iba a volver a dejar entrar y recuperar mi maleta. Él me dijo que me daba 5.000 pesetas como garantía y yo le dije que si me daba ese dinero me iba a una pensión y me pasaba lo que me quedaba de estancia a mi rollo por ahí. Y me las dio. Las acepté porque me había costado 30.000 el avión y me había quedado en la ruina (hablo de un tiempo en que el dinero se contaba en pesetas y no existían los vuelos low cost), cogí mi maleta y me largué de allí tan rápido que ni me quité las legañas. Busqué un sitio para dormir y dejar la maleta y me puse a vagar por Bilbao hasta la hora de coger mi avión de vuelta.

Volví a casa, dejé el trabajo y me centré en mi escuela de teatro musical, cambiándome el turno de noche por el de tarde y pillando un trabajo de teleoperadora a media jornada por las mañanas. No quería volver a tener nada que ver con el porno nunca más. 

Ahora pienso en Ese empresario del porno, que esclaviza mujeres de Europa del Este y droga a menores y que me dejó ir, sin violarme ni drogarme ni nada. Y me convenzo más aún de que el porno envilece. Que un día Ese empresario del porno era solo un tipo cabezón, caprichoso y mañoso al que le gustaba jugar a conquistar y ganar, pero con el tiempo, ese mal perdedor también perdió su juventud y su gracia, y las derrotas pudieron con él y tuvo que recurrir a las malas artes. Y en lugar de defenderlo y decir: "eh, gente, yo lo conocí, él no es así, pudo hacerlo conmigo y no lo hizo..." me lo creo. Porque cuando descubrí su verdadero ego reconocí a un misógino para el que las mujeres eran solo carne. Todas. Y que el porno era la liberación de un tipo acomplejado cuya idea del sexo era someter, vejar, insultar, porque no lo olvidemos, puta es un género, y no existen hombres y mujeres sino hombres y putas, y las putas están para eso.

Para acabar, recomiendo una película que define bastante cómo veo yo el porno. Se llama "Don Jon" y va de un tipo que ve tanto porno y se ha creído tanto esa mierda, que no sabe disfrutar del sexo real, ni con tipas de una noche, ni siquiera cuando se echa una novia estable y formal. Porque el sexo que le venden en el porno no trata sobre compartir, sino de usar. Rápido, sin implicación ni complicación, por delante, por detrás, corriéndote en su cara como si fuera un orinal, sin preocuparte de si disfruta o no. Incluso después de tener una relación sexual real con una mujer, necesita ir a escondidas a su ordenador y volver a tener otra relación sexual consigo mismo y su porno. Y no sabe que tiene un problema. Como no saben (o no quieren reconocer), esos que defienden el porno y la prostitución, que graban una imagen y unos mensajes en el imaginario colectivo realmente dañinos.

Supongo que si has visto los vídeos promocionales o has leído algunas noticias últimamente, sabes bien de quienes hablo. Pero no salen nombres en este post, porque no quisiera que alguien que busque a alguno de esos personajes en google acabe aquí, en un blog que en principio habla de maternidad y de algunas reflexiones feministas o sobre el simple hecho de ser mujer. A esas personas no les gustaría lo que encontrarían, y a mí no me gustaría tener a esas personas por aquí. Y me alegro de que Ese empresario del porno esté en la cárcel, porque después de aquella experiencia estuve mucho tiempo pensando en cómo podía vengarme, como podía desenmascararlo, que todo el mundo viera lo sucio y despreciable que era... pero al final se me pasó, como todo pasa. Y después de más de una década, me gusta pensar que, aunque solo sea a veces, los hados acaban poniendo a cada uno en su lugar, y que todo el mundo del porno y la prostitución caerá por su propio peso... algún día.

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22 jul. 2016

En culos y a lo loco II

¿Por qué II? Si te apetece, lee aquí En culos y a lo loco, primera versión de hace 6 años.

Conan cumple hoy dos meses. ¡¡¡¡Felicidades!!!!

Hace unas semanas, adelanté en Facebook que estábamos probando el método sin pañal, o dicho de otra forma, la higiene natural del bebé, o dicho de otra forma, la comunicación para la eliminación (maldita sea, ahora me viene a la cabeza la canción tiene nombres mil... a ver ahora cómo me la saco) y pasado un mes de aventuras aproximadamente, os voy a contar un poco.

Hoy en su cumplemes, como a modo de celebración, no solo ha hecho caca en el lavabo cuando se lo he sugerido, sino que cuando lo he levantado de ahí se ha retorcido y gruñido a modo de protesta, por lo que lo he vuelto a suspender sobre el lavabo, y ¡hala! ¡Otro petardito! Me ha avisado de que quería hacer más.

¿Y ya está? ¿Al niño le dices "caca" y lo aguantas suspendido sobre el váter, lavabo, orinal, bidé... y hace caca, y nunca más se caga encima, ni en el suelo, ni encima de ti, así de sencillo? Pues molaría, pero no. Durante estas semanas, cada día ha habido pasitos hacia delante y pasitos hacia atrás. Es como la primera vez que Niobe durmió toda la noche seguida, o cuando se durmió por primera vez sola. La inexperiencia nos hizo tirar cohetes y descorchar champanes, pero ahora ya sabemos que en lo que respecta a bebés en crecimiento, no existe lo de sentar precedentes. 

Al principio me puse a observar, como decían los artículos que había leído anteriormente. No se trata de entrenar, ni de enseñar, ni de que el bebé te avise. Se trata de que una tiene que estar atenta a los gestos, sonidos o cualquier pista que dé el bebé a la hora de hacer caca o pipí. Entonces, cuando ya los tienes claros, reaccionar rápidamente y ponerle en el orinal o el recipiente oportuno y decirle "pipi" o "caca" o hacer un sonido que relacione siempre con esa acción. Pues nada. Yo no sé cómo lo harán en las sociedades sin pañales, donde lo hacen así siempre y con todos los niños y niñas, ni cómo lo harán las madres modernas que lo hacen hoy en día, pero yo, lo que es un gesto claro... pues no lo he pillado aún, oiga. Lo mío es más bien comprobar. Como cuando llora un bebé y lo primero que se hace es ofrecer una teta, cuando gruñe le ofrezco un orinal. Porque a veces llora y a veces gruñe, y eso sí que suelo diferenciarlo. Aunque no siempre que gruñe tiene ganas de hacer nada, ni siempre que hace algo gruñe. Así que a veces tengo que pasar la fregona o lavar la funda del sofá el mejor de los casos, o lavarme yo en el peor. Claro que siempre pongo una toalla y un absorbente de los que van insertados en los pañales entre su culo y el sofá, o la hamaca o yo misma, pero el absorbente no siempre se queda en su sitio y la toalla a veces cala. Aunque casi siempre es culpa mía por ponerme a jugar hacer cosas superútiles e imprescindibles en lugar de estar atenta.

Así que a estas alturas no puedo afirmar que sea un éxito. Además, no siempre las cagadas son claramente cagadas. Lo que hace mucho son "pintaditas", como yo lo llamo. No es que haga un esfuerzo y cague y salga todo, sino que a veces y de forma totalmente inconsciente e involuntaria, le van saliendo gotitas y va pintando el mundo de marrón claro. Pero supongo que eso acabará cuando empiece a comer y cagar sólidos.

Lo que sí que es casi infalible es la cagada de madrugada. A eso de las 6 de la mañana se inquieta y gruñe. Entonces me levanto corriendo, le quito el pañal y le digo "caca"... ¡y caga! Al principio le ponía a él, pero luego me entraba pis a mí y me ponía a bailar y el bebé se despistaba y no sabía muy bien el objetivo del juego. Si meaba yo antes, él se cagaba en el cambiador antes de que yo terminara. Así que ahora nos sentamos juntos en el váter y cada uno hace lo suyo. ¿Friki? Sí, pero práctico. También es infalible el pipí después de la siesta. Bueno, siestas, que a estas edades son varias.

Y bueno, el balance hasta ahora es que lo de las señales, si es que las emite, todavía no las pillo, y que básicamente me guío por los horarios. Hay ciertas horas de cagada bombardera, y los pipís van siempre después de la siesta y a intervalos regulares dependiendo del momento del día. Lo que sí que puedo asegurar es que ya tiene claro qué es lo que tiene que hacer cuando lo suspendo sobre un orinal, lavabo o similar, porque aunque no le salga nada, el esfuerzo se nota que lo hace. Y cuando salimos, o tengo cosas que hacer y no puedo estar por él, o cuando me agobio, le pongo un pañal y listos.

Pero esto es a los dos meses. Así que para quien lo haya probado después de leer definiciones y blogs y se sienta una pringada porque no le sale igual de fácil y de bien, ánimo, que no eres la única. Para quien lo ha probado y le va estupendo, felicidades. ¡Qué suerte, oiga! ¿Algún consejillo? Yo por mi parte no me doy por vencida. Porque hace calor, porque prefiero pasar fregonas que poner lavadoras y porque en esta casa somos muy de ir en pelotas. Hasta aquí llega esta historia en estos dos meses, pero como mola como trabajo de investigación, seguiremos informando. Y ya mejoraremos con el tiempo. Si a los seis meses escribo que se baja los pantalones y coge un periódico, lo peto.



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21 jul. 2016

La teta de Jenny

Ayer tuvimos visitas en casa y Conan no durmió todo lo que le gusta dormir, así que por la noche estaba agotado y durmió casi del tirón. Qué bien, ¿no? Sí, ya, el problema es que si duerme no mama, y si no mama me despierto con las tetas a punto de explotar. Me he sacado un vasito para Niobe, que acaba de estar pachucha de la barriga, y me he acordado de una escena de Outlander. Y como en su momento ya hablé de La teta de Lysa en Juego de tronos, estaba ya tardando en hablar de la teta de Jenny.

Me encanta esta serie, entre otras cosas porque los personajes femeninos tienen mucha fuerza, y no son las damiselas de diadema floja a las que nos tienen acostumbradas la mayoría de historias. En esta ocasión, Jamie es arrestado y Claire, su mujer y Jenny, su hermana recién parida son las que van a su rescate. Y claro, las horas pasan, las tetas se llenan y hay que parar a vaciarlas. Y a hacer pis, que también me he preguntado varias veces al ver series y pelis cuándo demonios mea la gente. 


Y por supuesto no se hicieron esperar las críticas y las quejas sobre la escandalosa escena, innecesaria y obscena, en una serie en la que son frecuentes los desnudos en escenas de sexo, con consentimiento y sin él, y no pasa nada. La misma vieja historia.

En cambio a mí y a otros cuantos miles de personas, aunque fuéramos menos, nos encantó la escena. Porque estos pequeños detalles son los los que dan una enorme dosis de realidad a las historias. Porque sientes, y te identificas. Recuerdo cuando estaba actuando en Madrid los fines de semana y tenía que sacarme leche en el camerino. Como yo me extraigo a mano, algunos compañeros sentían curiosidad y preguntaban, aunque algunos, a pesar de las explicaciones, en el fondo seguían juzgándome por exhibicionismo. Y es que como con todo, es fácil hablar y juzgar desde fuera, pero si uno no lo vive, no se imagina lo incómodo y hasta doloroso que puede resultar andar por ahí con las tetas repletas. Dar visibilidad y normalizar temas que no afectan a todo el mundo o que no todo el mundo se plantea, beneficia a todas las personas y nos hace más empáticas y menos criticonas.


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22 jun. 2016

El parto

Esta es la historia de un PVDC, el fin de un caminito interior que comienza aquí, y la cura de la herida profunda que deja una cesárea.

¿Por qué en casa? Recuerdo mi paso por el hospital: la cantidad de gente, la cantidad de luz, el frío, la falta de intimidad y confianza, el no saber qué está pasando... imagino que todas esas cosas no son muy propicias para un parto, y pensé que lo serían mucho menos para mí, que no  me gusta la gente así en general, que me da mal rollo que me toquen extraños por muy médicos que estos sean, que me cuesta intimar, que me cuesta confiar... Pensé que aunque diera con un hospital medianamente respetuoso, todos esos factores me bloquearían, me impedirían avanzar y acabarían teniendo la excusa para practicarme todas las rutinas posibles, hasta probablemente acabar en otra cesárea. Así que no le tuve que dar muchas vueltas, lo vi siempre bastante claro.

Elegir una comadrona también fue fácil. Para empezar, escribí unos cuantos e-mails y me dieron unas cuantas puertas en las narices en plan: "enhorabuena, bonita decisión, no atiendo cesáreas previas, es que vives muy lejos y yo de la ciudad no salgo, pero oye, suerte y buen rollo". La primera que me contesta sin negativas es Imma Sàrries. A los pocos días la llamé y quedé con ella y me gustó mucho. Aún me quedaban algunas visitas que hacer, pero después de visitar al día siguiente una casa de partos de mi zona y sentir que la comadrona quería venderme de todo pero ganas de atender mi parto tenía cero, decidí que para qué perder más tiempo, que con Imma ya lo había visto claro y que a tope con ella. Y desde la primera a la última visita fue como ir a charlar con una amiga. Siempre pensaba que la siguiente visita sería más corta, pero no. Siempre había cosas que contar, siempre había más información, y nunca había prisa. Acabé tan bien informada que no quedaba sitio para ningún miedo. A lo largo del embarazo aprendí todas las cosas que podían pasar y cómo actuar. En mi última visita estaba enorme en tamaño, en felicidad y empoderamiento. Y me sentaba tan bien que estaba radiante y monísima de la muerte. Pasaban cuatro días de la semana 39.

Me desperté a las 3 de la madrugada siguiente con ganas de cagar. Me fui al lavabo y empecé a empujar, pero nada. Tenía unos retortijones como de diarrea, de los de o corres o te manchas. Pero nada. Volví a la cama hasta el siguiente retortijón. "Mierda, esta vez sí que me cago", y corrí al lavabo de nuevo. Pero nada. A la siguiente ya me cogí la tablet y me eché unas partidas de frozen free fall para distraer la mente a ver si salía algo, pero nada. Desvelada me fui al salón, puse música e intenté relajarme. La tarde anterior me dijo Imma que el bebé estaba en posición occipito posterior (cabaza abajo pero mirando al frente), cosa que no era favorable para el parto, y me recomendó pasar tiempo a cuatro patas, que fregara el suelo a la antigua usanza, por ejemplo. A las horas que eran no me apetecía mucho ponerme a limpiar, así que simplemente me puse a gatas en la alfombra apoyada en mi pelota gigante. Así me pasé horas, cantando y meneando el culo, rotando suavemente sobre la pelota, hasta que se levantó mi Lord. Eran sobre las 7.

—¿No has dormido nada, no?
—Pues no. Creí que tenía ganas de cagar, pero como esas ganas vienen y van de forma repetida y constante, empiezo a pensar que igual son contracciones. Como nunca las he tenido, no las identifico, yo qué sé. Tampoco duelen tanto como pensaba.
—Pues llama a Imma.

Emoción...

La llamo y le cuento lo que siento. Me dice que sí, que pueden ser contracciones, pero que si no son largas y constantes no son de parto. La verdad es que eran bastante largas. Algunas llegaban al minuto, pero los intervalos no eran siempre los mismos. Me apetecía mucho meterme en la ducha, y ella me dijo que lo hiciera, que eso me aliviaría. Que si no eran "las de verdad", se pararían y ya volverían cuando estuviera de parto. En la ducha me sentí  muy bien, pero no pararon. Así que, aunque ninguna de las dos lo tenía del todo claro, Imma se decidió a venir, para que me sintiera segura y porque a veces la cosa se acelera cuando una ve a la comadrona. Es como que se retiene y cuando ya está todo en su sitio por fin se deja llevar. Hay que decir que vivo en un monte a 70 km. de la ciudad, y tampoco era cuestión de esperar al último momento. 

Llegó y se fue. En efecto, no eran las contracciones de verdad. Ya me parecía a mí...  lo estaba llevando demasiado bien, todo el rato pensaba: pues no duele tanto. Y eso no podía ser, porque yo soy muy pupas. Pero la visita sirvió para que me diera una buena noticia. Debido a la lejanía de mi casa, me pidió permiso para hacer un tacto y poder valorar si valía la pena quedarse o mejor se iba y me dejaba a lo mío. Así que accedí.
—Bueno, no estás de parto, pero durante la noche habéis estado trabajando. El cuello del útero se ha borrado y has dilatado un centímetro. Además, el bebé ya se ha colocado bien. 

¡Bien! ¡Hemos estado trabajando! Y mi bebé ya está en occipito anterior (cabeza abajo y mirando hacia atrás). Ha servido pasarme la noche a cuatro patas. Sea como sea, parece que estamos en marcha. Es lo más emocionante que me ha pasado nunca. La emoción me borra el miedo al dolor que siempre creí que tendría. Y hasta ahora lo llevo muy bien. Imma me dice que aunque tenga contracciones, debería intentar dormir entre ellas, y le hago caso. Es difícil, pero comemos temprano, y después de comer, nos metemos las tres en la cama, y volvemos a dormir. Estoy tan cansada que lo consigo. Despertándome a cada contracción, sí, pero los ratitos descansados son muy reparadores. 

Por la tarde los intervalos entre contracciones son muy cortos, pero aún no son regulares. tan pronto los tengo de 3 minutos, como vuelven a 10. Es muy desconcertante porque no sé a qué atenerme. Hablo con Imma varias veces. Me pregunta si quiero que vaya y yo prefiero esperar. No quisiera que volviera a subir para nada, o que su presencia me bloqueara y se me volvieran a espaciar los intervalos. Llega a eso de las 8. Va pasando el tiempo y las contracciones, cenamos, metemos a Niobe en la cama, la luz está baja, todo está tranquilo y las contracciones no duelen mucho, aunque ya tan seguidas cansan. Pasadas las 12 de la noche, pregunto cómo vamos porque empiezo a estar bastante cansada y aburrida. Solicito un tacto y me llega el sopapo: Estoy igual que por la mañana. Todo iba muy bien hasta ese momento, me siento fatal, siento que no avanzo, que no soy capaz, que no voy a soportar pasarme otras 20 horas así, que tengo sueño, que me lleven al hospital a que me droguen. Ambos me dicen que no quiero eso, que vale que la cosa está algo incierta, pero que en el hospital sí que sabemos lo que hay... Sí, lo sé. No les hace falta mucho para convencerme. En realidad todas sabemos que no quiero ir, solo descansar.

Para acelerar el proceso, Imma me propone una maniobra Hamilton y la acepto. Ese fue el primer dolor real. Hasta entonces, las contracciones eran llevaderas, Imma me ponía las manos en la espalda cada vez que venían, y los tactos eran tan suaves que ni me enteraba. Pero la maniobra, una vez empezada había que terminarla, y si pillaban contracciones había que aguantar y seguir. Contamos juntas hasta diez las vueltas que dieron sus dedos en mi cuello del útero, tratando de despegar la bolsa. Ahí sí que grité como una posesa y creo que fue cuando Niobe se despertó. Al acabar la maniobra volvimos a lo de antes: yo iba teniendo contracciones, a veces en la pelota, a veces de pie, a veces a gatas en la alfombra... Imma me hizo un masaje muy reconfortante con unos aceites que olían muy bien. Niobe se acurrucó con su padre en el sofá y se volvió a dormir. Carlos e Imma también echaron alguna cabezada, incluso yo, entre contracciones, haciendo el menor ruido posible para que todos descansáramos como pudiéramos, hasta que el dolor de las contracciones empezó a parecerse a lo que imaginaba y mis quejidos se volvieron más fuertes. Eran sobre las 4 de la madrugada y estaba dilatada unos 4 cm. No era suficiente y yo me volví a desesperar. La siguiente propuesta fue romper la bolsa. Accedí. Me senté en la silla de partos con bastante miedo, recordando el dolor de la maniobra anterior, pero esta fue más rápida y menos dolorosa. En seguida sentí el calorcito de las aguas al romper. Y volvimos a esperar. Aquí ya no sé cuánto tiempo pasó. Las contracciones empezaron a ser fuertes y en el siguiente tacto ya estaba de 7 cm. Entonces llegó el momento de preparar la piscina. ¡Por fin! Eso me animó mucho. Les veía inflando y llenando y yo empecé a pensar que en el agua dolería menos y me relajaría y acabaría en seguida... Empezaba a salir el sol. Eran sobre las 6.

Y tan en seguida. Aquí llega la escena "montaña rusa". Las contracciones son tan fuertes que me tiembla el cuerpo. En una de ellas, estando a gatas sobre el sofá, veo que me sale un chorro de sangre. Al contrario que Carlos, que se preocupó (sintió "curiosidad científica" es su versión), yo vi la sangre como una esperanza, como que la cosa ya iba en serio, como que ya estaba bien de contracciones de pacotilla y habíamos pasado a la acción. Sentía a mi bebé descender. Ahora sí sentía que estaba de parto. Pero entonces, después de uno de los controles de latido que iba haciendo Imma, dijo que había que ir al hospital. ¡No jodas! ¿Qué? Yo no sabía nada ni entendía nada, pero cuando estás en medio de algo así y te dicen que al hospital, pues nada, asumes que al hospital. Estaba claro que algo iba mal, pero yo no quería saber el qué, ni tenía fuerzas para preguntar. Sólo me sentí fatal. Se me había pasado por la cabeza ir al hospital cuando veía que estaba todo parado, pero tener que salir al hospital cuando ya me veía pariendo me desmontó el mundo. Carlos y Niobe se vistieron en seguida. Yo me abroché la bata y me dispuse a dejarme llevar. La piscina se quedó a medio llenar y con esa imagen se me rompió el sueño. No podía hacer más. Pensaba en cómo iba a meterme en el coche con las contracciones bestiales que tenía y sin apenas poder cerrar las piernas. Lo sentía allí mismo. pero no pudo ser... No tenía fuerzas ni para echarme a llorar.

La siguiente vez que Imma puso el doppler en mi vientre se canceló el viaje. En el último tacto, la dilatación era completa y la cabeza del bebé estaba allí mismo. Lo que fuera que iba mal, al parecer ya iba bien. Yo seguía medio ida y sin saber muy bien qué pasaba. De repente pasamos del chill out a la pelea con el malo malísimo del final de la partida. 
—¡Este bebé tiene que salir ya! ¡Empuja!
Y empecé a empujar sobre la silla de partos, que es un taburete en el que estás como de cuclillas pero cómodamente sentada. Un inventazo. 
—¡Arriba! Respira hondo, envíale aire al bebé. —Imma me ayudaba a levantarme y respiraba. 
Y otra vez sentada. 
—¡Empuja! —Y otra vez... Y así, bajando y empujando, levantándome y respirando, no recuerdo cuántas veces hasta que me sugirió irme al sofá para no desgarrarme. Reptando hacia allí, me pillaron a gatas las últimas contracciones y allí me quedé. Empujando y sintiendo la cabeza salir. Luego me di la vuelta para cogerle. Toqué su cabecita y en el último empujón, salió hacia mis propias manos. 

Y ya. Mi bebé en mi pecho y el mundo parado de golpe.  



En cuanto pude, bajé a la Tierra y miré la carita de Niobe. Tenía esa expresión de no saber si reír o llorar, tenía una emoción extraña, nueva, inmensa. Carlos había aguantado como un campeón sin desmayarse. No os equivoquéis, no es un blandengue. Es un tipo tan duro que puede ir a urgencias con un cólico nefrítico y entrar caminando tranquilamente mientras yo busco aparcamiento y los médicos flipan, pero no le enseñes una aguja que se pone tenso. En fin, que a pesar de la cantidad de sangre espurreada por el salón, estaba entero y emocionado. Imma también estaba emocionada. Una pensaría que no, que eso forma parte de su vida y como lo ve todos los días ya no le afecta, pero no es así. Supongo que cada nacimiento es maravilloso a su manera. Y yo volví a envidiar y admirar su profesión. Sobre mi pecho, lo secó con una toalla, le dio calor, contó los deditos de sus manos y sus pies, y comprobó que todo funcionara bien en su cuerpecito diminuto. Todo el resto transcurrió con mucha calma, muy despacito. Alumbré la placenta, me cosió un desgarrillo, pinzó el cordón, Carlos lo cortó, nos enseñó la placenta y cómo funcionaba, me hizo un batido... Yo estaba cansada, pero menos de lo que esperaba. Pasé todo el embarazo baja de ferritina y aun tomando suplementos no logré llegar a los niveles normales. Pensé que estaría hecha una braga pero no. Al acabar la sutura, Imma me ayudó a entrar y salir de la ducha. Y muy bien. No me mareé, ni me caí, ni nada. Podía caminar, estar de pie, ducharme... me parecía un milagro, teniendo en cuenta que después de la cesárea estuve totalmente inútil. El batido me sentó muy bien y en mi caso creo que era necesario. Tengo que reconocer que aunque la idea de ingerir mi placenta fue mía, al principio me daba cierto repelús, me imaginaba como Daenerys Targaryen comiendo corazón de caballo a bocados. Pero no. Estaba mezclada con fruta y verdura y sabía bien, me lo fui tomando a poquitos con una pajita como quien se toma un coco bongo en la playa, y no fue nada desagradable.

Se marchó a media mañana, habiéndose asegurado de dejarlo todo en su sitio. Yo estaba estupenda, el niño estaba estupendo, sangre bien, lactancia bien, familia bien... Comimos temprano y nos fuimos a echar una siesta. Nos metimos los cuatro en la cama y dormimos horas. Nuestra primera siesta a cuatro. El final de mi aventura de parto con el buen sabor que deja haberlo conseguido, con una nueva sensación de fuerza y poder que me ha cambiado un poco por dentro, y el principio de una nueva aventura con un nuevo personaje al que llamaremos Conan, "pequeño lobo" en gaélico. 
A mí podéis llamarme mamá loba a partir de ahora. Gracias. 😜

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14 may. 2016

El día que tuve la sífilis

Un día acudo a una consulta de rutina de embarazo al ginecólogo, en consultas externas del Hospital de Igualada. Que aún no entiendo el objeto de aquella visita, porque la verdad es que solo era para darme los resultados de la analítica del primer trimestre, y como consulta no hicieron nada más que pesar y medir, que ya me lo hace la matrona en el CAP, al ladico de casa. Pues bueno, el objeto fue decirme que tenía la sífilis delante de mi familia. Así, sin más. Con el hermoso letrero que tienen en la sala de espera, en el que dice que respetan la confidencialidad del paciente porque es su derecho y tal y cual (justo al lado de otro que dice que niños no permitidos en las ecografías, que de eso ya hablaré también en en otro post, porque no veas la que nos liaron por a la niña, que al parecer los cartelitos los cuelgan para pasárselos ellos por el forro, pero a ti ni se te ocurra). Ganas de hacerla a una dar viajes, oiga.




La cosa fue así:
Llego sola porque mi señor y la cachorra se van a buscar aparcamiento. Espero un rato y la enfermera de la consulta me llama, y cuando creo que voy a pasar, me dejan en la puerta como si se hubiera generado un campo de fuerza repentino, la ginecóloga y la enfermera cuchichean entre ellas y finalmente me dicen que los resultados del análisis no han llegado, y que me espere un rato. Yo digo que cuánto es un rato, si es un rato de esperar un poco o de irme a hacer la compra o algo útil. Y me dicen que no tanto, que me muera un poco de asco en la sala de espera y que me llaman en seguida. Vienen los que faltan y a la media hora o así, cuando sale me levanto y pregunto. Entonces ya sí que me dicen que me de un paseo si quiero.
Nos paseamos durante más de dos horas. Volvemos y ya en la sala de espera, cuando vuelve a salir la enfermera a hacer la llamada, nos mira incómoda, entre a cuchichear con la ginecóloga y nos hace pasar. Y ahí empieza todo.

Tiene los papeles encima de la mesa y nos mira raro, habla titubeando y con poca seguridad, dice cosas como que no acaba de saber interpretarlo y tal y cual, aunque su tono es como el de quien está hablando directamente con un cadáver. Y me dice que es que tengo sífilis. Ella no entiende los resultados, dice que por una parte dice sí y por otra dice no, que está esperando al doctor de al lado que sabe más que se lo confirme, pero aun así, no habla de posibles falsos positivos, no da esperanzas, ni mucho menos información, porque no tiene ni idea. No piensa que es poco probable, que se dan poquísimos casos y suelen ser en condiciones sanitarias deplorables, que yo vivo en un lugar civilizado, limpio y con acceso a la sanidad, que estoy casada, que tengo un aspecto limpio y saludable, que no tengo llagas... Y no dice nada más. Mi marido y yo nos quedamos flipando, y con cierta incomodidad, porque claro, estamos hablando de una enfermedad de transmisión sexual. Silencio. La doctora nos mira fijamente uno al otro deseando tener unas palomitas o algo para picar, esperando el momento en el que nos gritamos o nos matamos o algo así. Pero eso no pasa. Pasado el momento de incredulidad empezamos a hacer preguntas: Que qué síntomas tiene, que si a mí me suena que eso da llagas y yo no he tenido nunca, que si cómo voy a tener sífilis sin darme cuenta...
Dice que la enfermedad igual la he tenido hace tiempo y por eso salen anticuerpos en los análisis, que las llagas las puedo haber tenido dentro de la vagina o de la boca y no enterarme por no verlas...
Pero se las habría contagiado a mi marido, ¿no? Y a él sí que se le verían porque lo suyo va por fuera... Y vuelve con que bueno, que alomejor la tuve hace tiempo.
¿Pero cómo voy a tener y superar una sífilis sin enterarme? Que no es que sepa yo mucho del tema, pero la palabra sífilis me suena a:

  1. Enfermedad chunga que te puede matar (y que evidentemente hay que tratar, no es que se vaya sola sin enterarte).
  2. Llagas, pústulas y cosas poco bonicas de ver.
  3. Prostitutas del siglo XV.

Ella apenas sabe qué contestar. Te da el diagnóstico, sin contrastar, sin validar, dándolo por bueno por confuso y raro que sea (quiero pensar que no es porque soy negra y mi marido lleva chupa de cuero y pelo largo, pero vete tú a saber) y no te dice qué hacer o cómo llevar tu vida después de soltar la bomba. Y lo mejor de todo, sin respetar mi derecho a la privacidad, sin sacar a mi marido de la consulta, y creando sospechas muy gordas de infidelidad, que porque somos civilizados, pero esto le pasa a otra pareja y se puede liar parda, que cada día hay mujeres que se llevan una paliza o una cosida a puñaladas por mucho menos.

Y después de un montón de preguntas sin respuesta, y de esperar a lo tonto al médico sabio que iba a despejar las dudas de todos, (que al parecer tampoco era tan sabio porque se había escaqueado por ahí y nadie lo encontraba), nos mandan a casa con un "ya te llamaremos luego y te contamos". Y vivir en el infierno un día entero sin noticias de nadie hasta que tú misma llamas al día siguiente para preguntar qué pasa, pero tampoco parecen encontrar al "doctor escurridizo" (que yo preferiría al "doctor macizo", pero mira, me tocó este).

Total, tarde perdida investigando en Internet, llegando a las siguientes conclusiones:

  1. Que en algunos análisis pueden darse falsos positivos, y una de las causas entre otras, es el embarazo.
  2. Que aunque hay cierto rebrote, sigue siendo una enfermedad poco extendida. 
  3. Que uno puede contagiarse sin darse cuenta por llagas internas ocultas, como en boca o vagina, o por alguien que está en una fase de la enfermedad que no ha desarrollado llagas visibles aún. Pero en cualquier caso, practicando sexo seguro es tan difícil como que le toquen a una los euromillones. 
Cuando logramos hablar con el "doctor que sabía de qué iba la cosa" (que suponemos que hizo lo mismo que nosotros, buscar la información porque no tenía ni pajolera idea), nos dijo que seguramente era un falso positivo y que repetiríamos los análisis para estar todos más tranquilos. 
Al parecer, hay dos pruebas que van juntas. La que se hace primero es como de criba, y si esta da positiva, se hace una segunda para confirmar el diagnóstico. Y resulta que antes se hacía al revés. Primero se hacía la segunda, y si esta daba negativo ya no había lugar a dudas. Pero al parecer debe ser más cara, así que han cambiado el procedimiento. Y si tienes suerte y te sale negativa la primera, no te dan el susto, pero si resulta que la primera sale positiva, aunque la segunda salga negativa ya te comes el mal rollo, porque encima has tenido la suerte de ser la primera y nadie se ha enterado de que ha cambiado el procedimiento. A mí euromillones no, pero marrones los que quieras.

Y finalmente, vamos a nuestro CAP. Mi marido solicita unas pruebas para él, para descartar del todo, y de paso un chequeo completo porque somos tan sanos que al médico de cabecera ni lo conocemos aún. Y este nada más explicarle la historia le dice, casi partiéndose de risa, que le hace los análisis para ver qué tal todo pero que fijo que es un falso positivo, que en embarazos suele darse. Y cuando voy a mi comadrona, lo mismo. Ah, eso es un falso positivo por el embarazo. La mar de tranquila. 

Así que: un fuerte aplauso por el personal del Hospital de Igualada, que parecen ser los únicos empanaos que no saben interpretar un análisis, o que se aburren mucho y la lían para ver qué pasa.



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