28 dic. 2019

Racismo, pedagogía y la racistada del día

Hace un par de días, una empleada de Pans & Company se negó a servir a unos jóvenes marroquíes "porque su jefe no la dejaba" y les invitó a salir del local porque su mera presencia tampoco estaba permitida. Todas hemos visto el vídeo. Yo además, me he tomado la molestia de buscar la noticia en google, y en todos los titulares aparece la palabra "racismo" entre comillas (cuando aparece porque algunos ni se atreven a mencionarlo). Se acusa al establecimiento de racismo, pero porque lo dicen por ahí, ¿eh? Los medios que lo cuentan no lo creen así. Eso es lo que me dicen esas comillas.

Además, al final de la noticia en El País, la fe de erratas dice que "en la primera edición de la noticia se afirmaba por error que los jóvenes discriminados eran negros en lugar de marroquíes."  Por si se les ha escapado algo, una persona puede ser negra y marroquí, de la misma forma que puede ser negra y española, no son excluyentes. Es como si ser negra te convirtiera en otra especie o algo así.

Vivimos en una sociedad sistémica e institucionalmente racista, que para colmo ha convertido esa palabra en una suerte de insulto, por lo que para llamar a alguien racista hay que andarse con mucho ojo porque, al parecer, nadie es racista a menos que lleve una esvástica tatuada en el pecho. Pero no, lo que es racista es racista, y si no quieres que te consideren racista, no hagas ni defiendas racistadas. Yo lo veo muy simple, oiga.

Hoy os voy a contar una racistada de un día cualquiera. Seguramente pensarás que me subo por las paredes, que es lo que se acostumbra a pensar cuando una señala racistadas tontas como esta. Para empezar, vamos a imaginar que "chocolate" es un sustantivo femenino, porque esta conversación la tuve en catalán, y en este caso, "xocalata" sí es un sustantivo femenino, por lo que decimos "la xocolata".

Tres compañeras charlan en un descanso (o dos compañera y una negra, al parecer), y una dice que tiene hambre. Otra dice que siempre tiene por ahí guardados frutos secos y chocolate negra, y que coja quien quiera, siempre que no sea el último trozo de chocolate, claro, porque en ese caso mataría. La otra compañera le dice que la negra no le gusta, y la primera responde que cómo es posible, si está buenísima, a lo que la otra insiste en que no, que la negra no le gusta.





"Pero esta negra sí, jajaja, esta sí que me gusta", y feliz y risueña me pone las manos encima abrazando sin abrazar, como la gente que da dos besos sin rozarse la cara. Yo me la miro con cara de "no entiendo a qué viene eso" y la dueña del chocolate se queda callada, incómoda como si se estuviera aguantando un pedo. Ante el percal, se apresura a rectificar negra por mulata, cagándola todavía más. En ese momento me toca explicar que la palabra mulata es colonialista y ofensiva porque su etimología es mula, y se nos denominó así comparándonos con un animal cruzado creado a propósito para trabajar.

Y claro, las dos patidifusas porque no tenían ni idea, que jamás había usado esa palabra con mala intención, que por el contrario, ella con mulata se refería a una mujer exótica y guapa. Y agotada de la pedagogía gratuita, me callé para que se acabara de una vez la conversación, porque ahora me estaba estereotipando y cada vez que intentaba arreglarlo, el jardín de la racistada se volvía más frondoso.

También se me pasó la ocasión de contarle todas las razones por las que su primer comentario había sido racista, así que como me he pasado la noche dándole vueltas bailando en la cama con las palabras que no dejé salir, aquí las suelto:

Yo no me levanto por las mañanas pensando que soy negra. Me aseo, desayuno y me preparo para mis actividades diarias pensando en mis cosas, no pensando en que soy negra. No voy a trabajar y paso mi jornada pensando que soy negra. Así que los comentarios de este tipo son dolorosos porque te dan una hostia de realidad, dejándote bien claro que quien te mira te ve negra a todas horas, y es por eso por lo que siempre se te cuestiona (hablas muy bien mi idioma), o tus errores o simples opiniones discrepantes son criticadas con más dureza (vete a tu puto país).

También te deja bien claro que eres la negra del trabajo, y que nunca serás otra cosas porque también fuiste la negra de la clase y nada de eso ha cambiado. Eres la negra de cualquier grupo al que pertenezcas. Cuando iba al cole, todos los niños se giraban a mirarme cada vez que se mencionaba África, o cosas negras, o incluso monos. En una redada de piojos, una profesora me soltó las trenzas y al descubrir la magnitud de mi melena, exclamó a modo del comediante del club que "aquí no vamos a encontrar piojos, sino búfalos", arrancando la carcajada de la muchachada. Y si crees que son cosas de críos o de antaño, ahora también me pasa. Hace poco estuve en un grupo de música en el que el jefe era un funcionario cooperante de algo y cada vez que contaba anécdotas de, por ejemplo senegaleses, se dirigía a mí. Como si yo tuviera que ver mucho más que él o cualquiera de los presentes con esa peña a la que no conocía. A eso se le llama deshumanizar. Cuando eres el negro o la negra de donde sea, dejas de ser persona y pierdes puntos de empatía (hacia ti, claro). Cualquier cosa que te pase parecerá menos grave y recibirás menos apoyo.

Por intentar explicar cómo me siento cuando vivo una racistada de estas me imagino que es como cuando te insultan. Siento una especie de calor que va de dentro a fuera, me sonrojo (¡o sí, me sonrojo!) y siento que mi corazón va más deprisa. Pero ahora que lo pienso, es aún peor, porque si alguien te llama idiota y tú dices "¡uy, lo que me ha dicho!", nadie pondrá en duda que te han insultado; pero las racistadas siempre se cuestionan. A veces contesto, a veces no, y a veces contesto a medias, dependiendo del momento, el lugar y la energía con la que me pille. Y a veces le doy tantas vueltas que, como hoy, no puedo dormir.

En cambio mi compañera habrá olvidado por completo esta situación, que desde su punto de mira no será ni anécdota. Eso hace el privilegio: permitirte dormir a pierna suelta cuando has ofendido a alguien porque tu conciencia vive tranquila amparada en la ignorancia y la buena intención. Tu privilegio hará que me veas siempre con el puño en alto pensando que vivo en lucha contra todo, sin plantearte que a lo mejor lo que de verdad me gustaría es poder bajar la guardia.

Pero como consuelo, hoy me ha enviado orgullosa una foto de los pajes reales sin betún de su pueblo, recordando lo que hablamos sobre el blackface de los Reyes Magos y los pajes, y demostrándome que se preocupa por lo que digo. "Lo he visto y me he acordado de tu causa", me dice. Porque al parecer, realmente no tenía ni idea de ciertas cuestiones y soy su único referente al respecto. Yo le he mandado un fuerte aplauso por la gente que demuestra que si se quiere, se pueden hacer bien las cosas, aunque rectificando que no es mi causa, sino la de Casa nostra, casa vostra, Tinta Negra y todas las entidades y personas que luchan contra el racismo sistémico.

Así que la próxima vez que se te ocurra una racistada como estas, igual puedes morderte un poco la lengua para que tu interlocutora no tenga que verse en la disyuntiva entre morderse la suya o crear una situación incómoda para todas las presentes. Porque a todas las personas racializadas nos salen cientos de amigos imaginarios cada vez que alguien dice "yo no soy racista porque..." o "yo no soy racista pero...". Nadie es racista porque todo el mundo tiene amigas negras. Y si aun así, se te escapa una racistada delante de una persona racializada y esta te la señala, en vez de ponerte a la defensiva y mandarla a su puto país, escúchala.

Recuerda tu privilegio y no te ofendas. Solo tú decides si quieres o no ser racista.

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11 nov. 2019

"Hostia, Lucía" y el peligroso discurso del respeto

No, yo no respeto todas las ideologías.
No, yo no tengo amigas que votan a la ultraderecha.
Porque al menor indicio de racismo, machismo, LGTBfobia, etc., suelo eliminar a esa persona de mis redes y de mi vida, si es que lo estaba. Llámame intolerante si quieres, pero es que no, no tolero el odio y lo digo sin despeinarme. Ellos pueden decir que inmigrantes y racializadas somos escoria, que las homosexuales están enfermas, que las personas pobres o desplazadas merecen su suerte, pero la intolerante soy yo. Así está el patio.

Estos días se han hecho virales dos amigas porque, en una entrevista callejera, una dice que va a votar a VOX y la otra lo flipa muchísimo. No se lo esperaba. Sabía que era de derechas, pero tía, es que votar a VOX... Pero tan amiguis, oiga. Y se viraliza el momento como para darnos a todas una lección de humanidad, sororidad y respeto. Claro que sí, podemos pensar diferente, pero no por eso vamos a enemistarnos.

Pues mira, no. Que una sea de derechas y otra de izquierdas es pensar diferente. Si una fuera independentista y la otra no, sería pensar diferente. Pero resulta que apoyar el odio o no condenarlo, no es una diferencia de opinión. Y ahí entran de nuevo nuestros amigos los privilegios. Estas buenas chicas blancas pueden seguir siendo tan amiguis y no pasa nada porque no es nada personal. Para mí sí que lo es. Si votas a la extrema derecha estás contra mí, y si estás contra mí, seguir siendo tu amiga como si nada me convierte por lo menos en idiota.

No es por lo que tú te piensas, dice Lucía. Nunca supimos qué es lo que se piensa y cuál es el motivo real del voto. Pero sabemos que se ha leído el programa y, aunque no está de acuerdo con todo, pues oye, le parece la mejor opción. Una niña de 8 años le dijo ayer a mi hija que ella votaría a VOX porque no le gusta hablar catalán. Y aún habrá gente adulta con los mismos argumentos. Ese es el nivel.


No voy a cargar contra ninguna de ellas, como para bien o para mal han hecho por ahí, porque para mí son solo niñas y mi madurez las pone en desventaja. Yo ni siquiera sé si voté cuando tenía 18. Las cosas estaban más o menos bien y no había una amenaza inminente. Para mí eso eran cosas de mayores, y ¿para qué iba a votar, si no tenía ni idea de política ni el más mínimo interés? Así que, partiendo de esa base, no las juzgo a ellas, que ya bastante hacen con leerse los programas y formarse una opinión, supongamos que propia.

Voy a pensar que son jóvenes criadas entre algodones, que no saben cuántas mujeres mueren o son agredidas al día, o que piensan que eso no les puede pasar a ellas. Son listas, y nunca entrarán en una relación tóxica o las violarán porque sí, porque a un hombre se le antoja, y la ley las dejará desprotegidas porque a ver si va a ser una denuncia falsa o a ver cómo ibais vestidas o cuánto habíais bebido. Voy a pensar que Lucía es rica y por eso le parece bien que los ricos paguen proporcionalmente menos y los pobres más, voy a pensar que le beneficia que se elimine el salario mínimo para que los empresarios puedan ir echando migajas a los trabajadores harapientos en vez de pagarles. Voy a pensar que ninguna de las dos tiene ni idea de lo que es la desigualdad, ni ha vivido de cerca un desahucio ni conoce ninguna familia al borde de la pobreza. Y voy a dar por sentado que ninguna tiene una amiga inmigrante o descendiente de inmigrantes. Amiga de verdad, no de las ficticias o de lejos que se usan para decir que no eres racista. Amiga que les cuente cómo se sufre día a día el racismo. Y por supuesto ninguna de las dos tiene ningún respeto por los animales. Porque si alguna de ellas fuera lo contrario a todo esto, no, no podrían seguir siendo amigas.

Lo que me causa repugnancia es cómo los medios de comunicación validan a la ultraderecha como ideología a la que hay que respetar, como todas. Y así nos cubrimos todas de gloria y amén. Lo que me pregunto yo es quién asumirá la culpa cuando entren en todas las instituciones y lo tiñan todo de odio, cuando sin estar todavía ya vemos el auge de los neonazis, paseando por ahí su ideología "respetable" sin ningún tipo de pudor ni miedo a las consecuencias, dando palizas a menores inmigrantes sin familia, saludando a los antidisturbios en plan coleguitas, etc. Aparece en las noticias, pero como son personas contra menas (lo de inventarse palabros para deshumanizar también es muy de nazis), pues no pasa nada. De nuevo legitimando la violencia cuando va a hacia el otro, mientras no salpique, no es condenable. La prensa seria es imparcial.

Y ese programa de entretenimiento para las masas, en horario de máxima audiencia, jugando y divirtiéndose con el líder del odio, humanizando al monstruo. Tampoco tiene nada que perder, ahora que es rico y defenderá bien sus intereses. A menudo recuerdo a aquella hormiguita que se levantaba todas las mañanas muy tempranito, muy tempranito y que reconocía incluyéndose a sí misma que no somos nadie. Yo me despertaba cada día con esa hormiguita y no sé quién es ahora. La televisión mató a la estrella de la radio.

Y los políticos de izquierdas. Esos que ves en los debates y te da la impresión de que todo esto no está pasando. Ni una condena, ni un reproche, cada uno a soltar lo que le han escrito y pa'lante. Nadie recuerda que Hitler fue elegido democráticamente, que su partido era una opción ideológica respetable.

Me levanto de resaca electoral y compruebo que la cosa no ha dado un vuelco desde donde lo dejé anoche. Cuando no pudimos más y nos pusimos una peli y nos fuimos a la cama. Ya ha pasado. Y no pasa nada. Los medios de comunicación no se echan las manos a la cabeza como se las echaban cuando la ultraderecha invadía Europa. Eso no va a pasar aquí. La población española es campechana y buenrollera porque tiene buen vino y buen clima, no como los europeos, que están amargados. Pero ya están aquí, y les hemos dejado pasar con el respeto a todas las ideologías, la imparcialidad y toda esa mierda. Criticamos la superioridad moral de la izquierda, como si la supremacía blanca y masculina no se sintiera superior a nadie. Y a las mujeres y personas racializadas es para darles un fuerte aplauso. Vi en otra de esas entrevistas callejeras a una mujer sudamericana y orgullosa votante de VOX para que echaran a los inmigrantes, pero a ella no, porque había venido en un avión a hacer un máster que le habían pagado sus padres, y entonces ella sí que tenía derechos porque tenía dinero. Sin una pizca de vergüenza lo decía, oiga. Me pregunto si cuando el odio crezca y se extienda hasta el punto de organizar partidas de caza a los inmigrantes, nos van a pedir la documentación y los títulos antes de dar la primera patada. Ni siquiera los negros de VOX van a salvarse. Para los blancos todos los negros se parecen, ¿sabéis? Todos somos la misma escoria y el hecho de ser los negros de VOX ya es bastante significativo, porque yo, piense como piense, no soy la negra de nadie, ni permanecería al lado de quien me viera de esa manera.

En serio, esos que defienden la libertad de opinión y el respeto por todas las ideologías deberían deconstruirse y reeducarse un poquito empezando por los vídeos de Coco de Barrio Sésamo para distinguir el bien y mal. Y si de verdad piensan que el problema es que somos muchos, que se hagan un guantelete dorado y busquen las gemas del infinito para cargarse a la mitad del mundo con un chasquido*. Así, sin odios ni resquemores, la mitad y fuera. Al menos de esta manera nadie se cree superior. Lo otro es supremacía blanca masculina y hay que empezar a llamarlo por su nombre, que la historia ya nos ha contado lo chungo que es meterse ahí. Y luego dirán que Thanos era el malo. Un filántropo al lado de lo que se nos viene encima. A por ellos, cantaban victoriosos en su sede. Ellos somos nosotras.



*Vengadores, Infinity War. Spoiler. 

El malo gana. Los Vengadores pierden. Medio mundo desaparece.

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2 nov. 2019

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Reto: observa esta imagen y dime si crees que corresponde a un niño o a una niña.


Una opción de razonamiento deductivo podría ser: lleva un clip con un ratoncito en el pelo, lo que me lleva a pensar que es una niña, aunque no lleva pendientes, lo que me lleva a pensar que no lo es. La ropa no me dice nada; cualquiera puede llevar una camiseta roja y unos tejanos. Empieza a ser común que a las niñas no las vistan como a muñecas de porcelana ni las hagan pasar por el mal rato de agujerearlas, pero lo que no se ve mucho por ahí es un niño con accesorios monos en el pelo...

La respuesta es ¿a ti qué te importa? O sea, no quiero ser borde, pero piénsalo. Si es alguien que te encuentras en el parque, en la compra, en el autobús... y no vas a volver a ver nunca, en serio, ¿qué más da lo que sea? Te llama la atención porque es muy mono/mona, simpático/simpática, y ya está. No necesitas ponerle género, no necesita llevar una etiqueta.

Si por el contrario es alguien que va a entrar en tu vida, pronto sabrás su nombre y seguramente (no siempre) te aclarará bastante las cosas.

La cuestión es que el cachorro se dio un golpe muy fuerte en la frente con la esquina de un mueble y se abrió una brechita. Y como tiene el flequillo bastante largo y la herida supuraba, le puse un clip para que el pelo no se la infectara. Para mí no es gran cosa, pero me viene a la mente cuando estuve de Au-pair en Inglaterra a finales de los 90. El mediano de tres niños varones tenía siete años y una energía algo "femenina" (y lo entrecomillo a propósito). Un día estábamos jugando en el sofá y me pidió que le hiciera moñitos como los míos, así que me quité mis gomitas y se los hice. Cuando llegó su madre se escandalizó muchísimo y me preguntó por qué le ponía gomitas de colores en el pelo, que si no sabía que era un chico y tal y cual. Yo me quedé un poco a cuadros. Tenía bastante claro cómo era el chaval y solo estaba jugando a algo que parecía hacerle feliz, pero la señora creía que lo que le pasaba a su hijo era algo que se podía frenar, o que en ningún caso no había que potenciar. Como si fuera algo opcional o contagioso, o qué sé yo.

Con la cachorra me pasaba que la gente me decía mucho que qué niño tan bonito. Al principio les corregía. Es una niña, les decía. Tampoco era yo muy de ponerla de merenguito rosa, así que me respondían: Ah, como no lleva pendientes..., como si esa fuera la clave del asunto. Y así me di cuenta de que eso de ponerles pendientes a las niñas era solo cuestión de etiquetar, para que las señoras desconocidas que no te importan pudieran hacer comentarios sobre los bebés ajenos sin miedo a equivocarse con el género. Así que dejé de corregir. ¿Hasta qué punto me importa que esa señora se vuelva a su casa pensando que mi bebé monísimo es un niño? Cero.

Nos quejamos del sexismo de la sociedad pero empezamos a etiquetar a nuestros bebés lo antes posible. Niñas: sed bonitas, adornadas y obedientes. Niños: sed tipos duros y no mostréis nunca sensibilidad o gusto por las cosas monas. Yo no creo que ponerle a mi hijo accesorios en el pelo vaya a afectar a su sexualidad en el futuro, partiendo de la base de que a mí eso no me importa y que haga lo que haga, él hará lo que sienta. Lo mismo pienso de mi hija, que solo viste pantalones y botas de montaña, una camiseta, y un polar si hace frío. Y lleva el pelo más bien corto porque es más cómodo y estar mona no es práctico. No le gusta ir de compras porque le indigna que en la sección de niñas de las tiendas solo hay Elsas y Anas y se tiene que ir a la de niños para encontrar camisetas de superhéroes. Y pantalones normales. Porque resulta que las niñas ahora tienen que llevar siempre pantalones excesivamente apretados o excesivamente cortos. Y para muestra, esta foto que hice un día que estaba tendiendo ropa y me di cuenta de hasta qué punto estamos hipersexualizando cada vez más a las niñas:

A la izquierda, pantalón corto de niña, talla 10. A la derecha, pantalón corto de niño, talla 2, notablemente más largo. ¿Por qué?
Así que por mucho que nos empeñemos, el mundo del consumo que en realidad nos gobierna va a seguir en sus trece. Por eso es tan importante lo que decidimos comprar o no, porque los consumidores tenemos más poder del que creemos y no debemos darles la razón, no debemos demostrarles que ya nos está bien así.

Dejemos de agujerear a las niñas sin su permiso. Hay mucho tiempo para que tanto chicas como chicos se agujereen cuando quieran, en serio. A mí me colaron los dos agujeros de rigor, y con el tiempo acabé haciéndome cinco más. Dejemos que los niños se pongan clips o diademas en el pelo si les molesta en los ojos y no quieren cortárselo. Tampoco pasa nada. Dejemos que niñas y niños se vistan como quieran y se adornen solo si quieren. Salgamos a la calle con pantalones las mujeres (que es super normal) y con faldas los hombres (eso sí que es transgresor, aunque solo lo será hasta que deje de serlo). Dejemos de pensar que una mujer puede ponerse pantalones porque asemejarse a lo masculino empodera, pero un hombre con falda es ridículo porque asemejarse a lo femenino debilita. Borremos las imágenes que nos vende la moda de las mujeres lánguidas y enfermizas y los hombres triunfadores y poderosos. Dejemos de caer en contradicciones entre feminismo y acciones cotidianas. Seamos cada día un poquito más libres de prejuicios antes de quejarnos de que quien nos esclaviza es la sociedad.

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1 nov. 2019

Under Pressure

Sí, ahora mismo, en la banda sonora de mi película, mientras aporreo estas letras y fuera llueve, suena de fondo la línea de bajo de la canción de Queen y Bowie. Probablemente ahora te acompaña a ti también durante la lectura. Advierto que hoy estoy algo autobiográfica, y aunque creas que no soy nadie y a quién le importa, a mí me apetece. Siempre puedes cerrar la ventana.

Bajo presión es un máxima que entró en mi vida a partir de La Charla. Apareció una vez como tal, pero se quedó en un transfondo cotidiano, en cada aprobado por los pelos, en cada fracaso, en cada error. Hablando con otras personas afrodescendientes descubrí que todas habíamos escuchado la charla, e incluso algunas la habían trasladado a sus hijas. No voy a darte la charla, pero como en este punto puede que te haya entrado curiosidad, te la voy a resumir: Eres negra. Y como tal, tienes que ser la mejor en todo lo que hagas. Porque siempre que haya una persona blanca que lo haga igual que tú, que tenga las mismas notas, el mismo currículum y la misma aprobación de gente irrelevante, elegirán a la blanca. No puedes ser mediocre, y ni siquiera basta con ser buena, debes ser la mejor.

Y oye, a algunas personas les ha funcionado, se han puesto las pilas y han llegado a ser la hostia en lo suyo, pero a mí durante un tiempo me amargó la vida. A estas alturas miro atrás y el discurso me parece tan retorcido como el de los que defienden los métodos de adiestramiento para dormir bebés, que algunas aseguran que les ha ido de maravilla y no dudo que funcionar, funcione, pero de las secuelas ya hablamos luego, si eso.

Porque no todo el mundo es igual, ni quiere las mismas cosas, ni le afectan los hechos de la misma forma. A algunas personas no nos gusta destacar. Yo nunca he sido competitiva y tal vez por eso los deportes siempre se me han dado fatal. Al entrar en el instituto, el profesor de educación física insistió en inscribirme en una maratón de la zona. El tipo debió dar por sentado que al ser negra me colocaría en el primer puesto despeinando al resto de participantes a mi paso, y que llevaría el honor y la gloria a la institución, que dicho sea de paso como dato curioso, tenía esculpida una antorcha llameante en el dintel de la puerta. Lejos de ganar, quedé en lo que para mí fue un dignísimo puesto 15 de aproximadamente unos 50, mientras el profe se fue a casa llorando metafóricamente (porque era muy musculoso para llorar de verdad) por quedarse sin trofeo.

Ilustración inspirada en Glee, una serie donde los marginadillos de un instituto cantan y bailan a coro que lo flipas sin ensayar ni nada y lo petan en todos los bailes de fin de curso, pero aun así les tiran granizados a la cara por los pasillos.

Y a pesar de querer ser cantante de pequeñita, siempre he sido introvertida. Hasta ahora me cuesta un montón moverme en fiestas o grupos de gente. Yo soy la que se queda en un rinconcito observando al resto y esperando que nadie note su presencia. Así que lo de los focos y los aplausos no iba a ser para mí. Se te dan bien los idiomas, deberías estudiar turismo, me decían. Tampoco reparó nadie en que lo que no me gustaba era la gente. No fui a la Universidad porque lo de hacer una carrera siempre me ha sonado mal. Desde que pones el pie por primera vez en el cole te marcan la competición como objetivo, y a mí no me gusta corren si no es que voy a perder el tren. Y odiaba la perspectiva de pasarme toda la vida haciendo lo mismo. Aun así estudié y conseguí un trabajo en un hotel a pesar de no ser la mejor y tener un título mediocre y todo eso, y cuando me aburrí porque no me gustaba, lo dejé y me fui a Inglaterra.

Vivía en una pequeña ciudad pesquera que tenía varios pubs, pero solo uno cerraba a las 11 P.M. entre semana y a la 1 A.M. los viernes y sábados (y eso allí ya era tarde que te cagas) y había música en vivo todos los fines de semana. Allí conocí al batería de Iron Maiden, una noche que fue a tocar con otra banda más de estar por casa y cuyo nombre ni recuerdo, pobres, pero fue un gusto ver que a pesar de la fama mundial, siempre podía ir a tocar a un pub chiquitico con sus colegas si le daba la gana. Cuando volví a casa me puse a estudiar otra cosa y busqué una banda de rock con quien cantar, porque a pesar de los mensajes disuasorios del tipo es muy difícil llegar, había comprendido que no es necesario llegar a ningún sitio mientras haces lo que te gusta, y aunque en España no hay tanta cultura de música en vivo en los bares, nuestros bolos hicimos y me lo pasé genial.

Más tarde, ya con otro trabajo que conseguí fácilmente con mi nuevo título mediocre de algo que no tenía nada que ver, y ya con mi independencia y mi propio dinero, me puse a estudiar en serio canto y teatro musical, y hasta me dediqué a ello un tiempo. Hice algunas obras infantiles-juveniles en las que el reparto era coral y nadie era la estrella. Finalmente me llegó un papel protagonista en una obra en la que interpretaba a una niña "mulata" que sufría acoso racista en el cole. Ni blanca ni negra, puaj, me decían mis compañeros interpretando sus papeles. Un sueño dorado que consistía en interpretar mi peor pesadilla. La obra tuvo un éxito aceptable y buenas críticas, pero ya está. Para vender giras y eso, mejor cosas alegres con canciones sobre animalitos de granja y cuentos de toda la vida, que hablar de bulling y racismo es deprimente. Me quedé un tiempo en esa compañía porque decían estar muy contentos conmigo y que lo hacía muy bien. Aunque cuando terminó mi función como "la niña mulata" a la que nadie quiere, en tres años no volvieron a contar conmigo en las nuevas producciones, sino que solo me metían en obras de las que otras se habían cansado ya, o de comodín para salvar el bolo en sustituciones, una vez hasta de un día para el otro. El día que me negué, dejaron de llamarme y di esa etapa por terminada.

Y luego ya con la maternidad, el vivir fuera de la ciudad y menos tiempo para aficiones, descubrí el maravilloso mundo de los coros, cosa que me permite subirme a los escenarios y pasármelo teta sin estar bajo el foco y sin llevar el peso de la actuación. Y súper feliz, oiga. Es algo que sentí muy profundamente cuando vi la película Sucker Punch*: —¿Y si esta no es mi película? ¿Y si yo no soy la protagonista de esta historia, y simplemente soy algún personaje más o menos relevante en la historia de alguien?—  Creo que el mundo sería un lugar mejor si todas nos hiciéramos esta pregunta de vez en cuando. Si dejáramos de mirarnos el ombligo para mirar alrededor y ver qué puedes aportar en otras vidas. Si dejáramos de competir y empezáramos a colaborar.

Tal vez aquí pensarás que eso es muy bonito, pero soy negra, y eso de colaborar siendo negra en un mundo de blancos es muy happy flower. Totalmente. Pero esta es una reflexión muy profunda y resulta que yo cuando pienso en mí y en mis cosas, no estoy pensando constantemente como mujer negra, sino como persona y punto. Los que me ennegrecen son los demás. Sí, se han dado mogollón de situaciones en mi vida del tipo "palabra de blanco" vs. "palabra de negra" en las que la que ha salido mal parada he sido yo, pero eso es otra historia y ya la contaré otro día.

Ser mediocre está infravalorado porque nadie cuenta esa historia. A nadie le interesa. Todo el mundo quiere aplaudir al ganador y soñar que todo es posible. Will Smith buscando la felicidad**. O por el contrario y menos frecuente, la historia del perdedor, quien no supera el drama y se hunde en las drogas o en la misera y muere solo. Esas historias que son menos pero también venden porque piensas que tampoco estás tan mal. Pero no te dejes engañar, eso que algunos llaman mediocridad es la zona de confort. Y aunque algunos vendan libros y se hagan ricos a costa de decirte que salgas de ahí aun a riesgo de hostia fina, es cómoda, calentita y te llena la barriga. Si no, no se llamaría zona de confort. Igual se llamaría limbo o purgatorio o algo así.

Y todo eso viene a que yo me revelé contra la idea de ser la mejor y destacar en todo porque no iba conmigo y me llevó a una depresión adolescente que me hizo ver que era cambiar el chip o morir. Y luego me ha ido bastante bien a pesar de todo. No digo que le vaya a funcionar a todo el mundo porque como dije antes, no todo el mundo funciona igual. Soy consciente de mis privilegios: soy negra solo a medias, y aunque esté feo decirlo soy bonica de ver. Y nunca he tenido demasiados problemas para conseguir trabajos, algunos de lo que quería y algunos de mierda, supongo que como todo el mundo, por muy preparado que esté. Reconozco que igual que el color te puede perjudicar en un sitio, te puede beneficiar en otro, ya que también hay gente a la que le parece super cool tener una plantilla diversa. Además, en una entrevista de trabajo no es solo tu curriculum lo que manda, también está lo que transmitas como persona y el feeling que tengas con quien está delante. Y créeme que si esa persona es racista, va a dar igual todo lo que digas, lo que hagas y lo preparada que estés.

Lo que quiero decir con todo esto es que nunca sabes lo que va a pasar en el futuro, y nada que te amargue la vida hoy te va a preparar para todas las mierdas que tengas que afrontar mañana. Si realmente te gusta estar en la cima, estupendo, ve a por ello y te deseo toda la suerte. Pero de ahí a estar en el fondo de un agujero hay un espacio muy grande donde cabemos mucha gente sin necesidad de pisotearnos. Y que conste que este no es un discurso de infravaloración o conformismo. Al contrario, puedes debes disfrutar de ser quien eres, quererte como eres, sin necesidad de competir con nadie por la aprobación de nadie. Como dice Noa en una canción que llevo cantando a mi hija desde que la llevaba dentro: la vida es un acto de equilibrio.

Por último quiero dejar claro que no pretendo dar consejos ni lecciones. Simplemente comparto mis experiencias, como llevo haciendo desde que empecé a escribir como válvula de escape. Pero sería bonito que mis reflexiones de majara te tocasen de alguna manera, y que mi pequeño papel en tu historia fuera fructífero.


* Sucker Punch. A una chica monísima la internan por matar a su familia (aunque es inocente, claro),  y se le va la olla más todavía. Tiene unas compañeras que también son muy monas y se visten de cabareteras para ir a luchar. Dicen que es una película pero es un video clip de dos horas muy bonito de ver si te gustan los video juegos de pegar tiros. Algo así como Moulin Rouge, pero cambiando amor por violencia a cascoporro.

**En busca de la felicidad. Un señor que lo pierde todo excepto a su hijo, al que va arrastrando de punta a punta de la ciudad esquivando a los servicios sociales, decide trabajar seis meses gratis para que a lo mejor le den un trabajo. Es listo y buena persona, así que al final gana y se hace rico, como tiene que ser. Es muy emotiva e ilusionante aunque oculte que en la vida real quienes ganan son Amancio Ortega y el Señor de Nestlé.




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10 jun. 2019

¿El color hace la raza?

Antecedentes
Mi madre y mi padre eran de nacionalidad española, por mucho que a la mayoría de la gente le cueste creerlo por ignorancia histórica. Mis abueles también lo eran.
Mi padre era lo que se llama blanco y mi madre era lo que se llama negra. Y yo soy lo que se llama mulata, aunque si te declaras antirracista deberías eliminar esa palabra de tu vocabulario porque la RAE no está muy por la labor. (La etimología es "mula" y no surgió como un piropo precisamente. Añado que "negro" tampoco.)
Me he criado en una familia negra y he vivido en un mundo blanco.
Me casé con un hombre lo que se podría llamar "blanco vikingo", y mis hijes son lo que se podría llamar "blanco español estándar"

Anécdotas
Una de las primeras veces que fui a buscar a mi hija al cau (es como los boy-scouts en Catalunya, perdonad pero no tengo ni idea de cómo se llama eso en el resto de España), ella me saludó al verme y una niña le preguntó quién era.
—Es mi madre —respondió mi hija.
—Anda ya. ¿Cómo va a ser tu madre si tú eres blanca y ella es negra?
Mi hija, que es muy suya y que probablemente jamás se había planteado nada parecido, simplemente pasó de responder y siguió con su vida.

Curiosamente también en el cau, lo que se considera un espacio abierto y respetuoso, en una excursión de madres y padres nos hicieron hacer una dinámica de grupo (las odio), en la que teníamos que representar los valores que nos gustaría que se inculcasen a la muchachada. Había una madre que iba con una niña pequeña, que decía "tolerancia" muchas veces. Era como que le daba mucha importancia y como si quisiera recalcar lo importante que era precisamente por estar delante de mí: una persona de una "raza" diferente a la que había que tolerar. Y precisamente, por tanto reiterar, la niña acabó preguntando. No recuerdo bien la pregunta, ni siquiera recuerdo bien la respuesta. Algo así como que la gente tiene diferentes colores de piel pero que no hay que despreciar a nadie por ello. Lo que sí recuerdo bien fue la respuesta de la niña. Mirándome y señalándome con el dedo y con un tono muy grosero le dijo a su madre:
—Ella tiene la piel negra.
—Ninguna persona tiene la piel totalmente negra ni totalmente blanca. —Contesté. —Eso son etiquetas para separar. 
Que ya ves tú lo que entendería la cría de todo eso, pero yo me quedé a gusto, porque oye, me había ofendido la niña. La madre se apresuró a disculparla y a decirme que no lo había dicho con mala intención, y yo asentí con la cabeza pero de morros, en plan "claro, claro, si nunca es con mala intención." Lo que yo me pregunto es qué le había hecho a esa niña (criada en ese hogar tan respetuoso y "tolerante") pensar y decir con tal seguridad que yo soy negra, cuando entre su piel y la mía probablemente haya medio tono de color de lápiz de Ubuntuland.

Una tarde, entro en el parque con mi hijo pequeño y, como siempre, él corre a jugar mientras yo me entretengo en cerrar la puerta. Había otras dos madres con sus hijes. Una le dice a la otra que qué niño más guapo. La otra le da la razón. La primera insiste. La segunda dice además que qué espabilado, y que tan chiquitito se sube a todo sin miedo y bla, bla, bla... (Sí, mi hijo lo peta. Igual es que le dejo jugar y trepar a las cosas y no me paso la tarde gritando "te vas a caer"). Yo observo a una distancia prudencial, como siempre. Socializar no es lo mío. La primera madre indaga, y por fin nota por interacciones del niño conmigo que yo soy su acompañante. Entonces empieza a dirigirse a mí. Que si qué guapo el niño. Y yo, mmpfff. Y finalmente la osadía:
—¿Es tu hijo?
—Sí.
—¿Qué ha salido? Al papá, ¿no?
—Pues la gente me dice que es clavadito a mí, oiga.
—Pues yo no lo veo.
—Pues hay gente que ve más allá del color.
Y luego ya cada una a su hijo, que estamos todas más guapas.

¿Y esto por qué me lo cuentas?
Pues porque veo a muchas personas negras reivindicarse como negras. Y oye, me parece estupendo. Pero me da mucha rabia que luego vayas por ahí diciendo tu opinión sobre las cosas y te digan que bueno, que yo las personas negras que conozco les gusta que las llamen negras y no les gustan los eufemismos. A lo que yo quiero dejar bien claro que

las personas negras no somos un todo. Somos seres independientes con ideas y opiniones propias. De nada.

Dicho esto, yo no me considero negra, ni me gusta que me llamen negra por dos razones muy básicas:

  1. Como dije antes, las personas no son ni blancas ni negras, ni mucho menos amarillas o rojas. ¿Has visto a alguna persona oriental reivindicarse a sí misma como amarilla? ¿Por qué hacemos eso las personas negras? El apelativo de negro nos lo puso el colonialismo al descubrirnos e invadirnos. Antes de que viniera nadie a decirnos: "Yo blanco, tú negro" (cuya connotación oculta es "yo bueno, tú malo"), éramos todas simplemente personas.
  2. Ni siquiera soy 100% negra. ¿Por qué las personas blancas se empeñan en llamar negra a toda aquella que tiene una tonalidad, o simplemente unos rasgos que no les cuadran en el estándar 100% blanco? ¿Y por qué yo me tengo que callar y sentir identificada con eso? Asumir que soy negra es negar al menos media parte de mí. Independientemente de la relación que haya tenido o dejado de tener con mi familia blanca
Yo no nací negra, nací persona. Me convirtieron en negra les primeres niñes que me lo dijeron en el cole. Les que me deshacían las trenzas y se burlaban de mi pelo. Y desde ahí, todas las veces que me han hipersexualizado, tenido seguratas pegados al culo en tiendas, o ignorado en los castings porque "no había papeles para mí"... Y hablando de castings, cuando me dedicaba al show business sí que he resultado ser demasiado blanca cuando se pedían personas negras. Fíjate tú.
Porque resulta que si te olvidas de mis rasgos y simplemente pones tu brazo al lado del mío, no verás tanta diferencia. Mi piel del invierno es la tuya del verano. Entonces, ¿Qué hace la raza? ¿El color, los rasgos, el prejuicio? Porque a ver si va a ser verdad que en humanos eso de la raza no existe, y van a ser etiquetas, sin más.

Razas, la faz cambiante de Estados Unidos
Razas, la faz cambiante de los Estados Unidos.
National Geographic.
Si tienes un rato, dale al enlace de la foto. Es un artículo fotográfico muy interesante que demuestra cómo lo de poner etiquetas de color está empezando a quedar bastante ridículo.

Todo este tema me rondaba mucho en la cabeza hace tiempo, pero ha sido ver este vídeo y pensar: ¡Gracias! Así es justo como lo veo yo. Por fin alguien que lo dice en alto y en vídeo. Otra fotógrafa.



En fin. He oído y leído a algunas compañeras decir que ser negra no es solo un color. Que no se trata del tono de marrón que tengas. Vale, pues entonces no nos definamos con el color. Ser negra es una forma de vida, una actitud, porque sabes que eres como eres porque te ven negra, y las experiencias que has tenido que vivir por serlo han formado en mayor o menor medida tu carácter. Y si ser negra no se quita quitando el color o el rizo o los vestidos de colores vivos, deberíamos hacerlo real. Yo soy afrodescendiente. Eso sí lo era cuando nací. Eso sí me ha dado ciertas peculiaridades físicas. Eso sí que me conecta con mis raíces. Y esa palabra nunca ha sido utilizada para insultarme. 

Lo otro, amigas mías, se lo han inventado elles. Y a mí no me representa.

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5 may. 2019

Ni corte inglés ni corte inglesa. Mi día de la madre.

Mi hija tiene una habitación espaciosa, con un balcón que da la la calle y con un columpio en el centro. Cosas de la era de Ikea. Aun así hasta los 10 años no ha empezado a dormir en ella, y la usaba solo de trastero. Pero oye, le hemos dado el tiempo que ha necesitado  como con todo lo demás (aunque algún empujoncito ha habido, pero sin dramas).
Cuando yo era pequeña no podía ni imaginar tener un columpio en la habitación. Yo compartí habitación con mi madre hasta los 12 años. Dormía en una cama de muelles con el cabecero azul lleno de pegatinas de Heidi y Marco, al lado de la suya, hasta que me compró un mueble chulo de esos compactos, con una cama de verdad, con un somier de lamas de madera que fue como la revolución de los 80, y un escritorio que se abría y cerraba para ahorrar espacio, y me hizo un hueco a mí y a mi mueble nuevo en el cuarto de la lavadora, una habitación alargada y estrechica, pero solo para mí. Ahí vivía yo super feliz y agradecida, con una cortina verde que me separaba de la lavadora y la cesta de ropa sucia a la vez que de la ventana que daba al patio del ascensor.

Mi hija nos tiene la mayor parte del tiempo. Desde que nació, he trabajado a poquitos y a temporadas, para que nunca se sintiera sola. Y cuando terminó mi embarazo terminó también la primera y última gira como técnico de sonido de mi marido, para trabajar los fines de semana en algo que no es lo suyo y le empieza a quemar las pestañas. 10 años de jornada parcial concentrada en 3 días de tedio absoluto, y perdiendo poco a poco amistades y vida social. Porque resulta que los hombres también pueden renunciar si quieren, aunque no sean la imagen de la abnegación y el sacrificio en los anuncios. Aprendimos a vivir con lo justo pero creemos que tenemos lo más importante.
Cuando yo era pequeña adoraba a mi madre, pero tenía la sensación de que siempre estaba trabajando o demasiado cansada de trabajar para hacer cosas conmigo. Pocas opciones le quedan a una madre soltera que intenta sacarlo todo adelante.

Mi hija no va al colegio porque la estaba traumatizando. Si bien es cierto que ya conocía el homeschooling, quise probar el colegio a ver qué tal iba, pero en cuanto vi que no estaba funcionando no dudé en desescolarizarla.
Cuando yo era pequeña veía el colegio como una condena. Me levantaba muy temprano y cuando mi canguro venía a buscarme me pegaba una caminata hasta su casa para levantar luego a su hija y darnos el desayuno. Y luego nos pegábamos otra caminata hasta el cole. Y me quedaba a comer allí y lo odiaba. Y luego vino el BUP y que "las niñas listas tienen que ir a la universidad" y me veía toda la vida estudiando primero para trabajar después y la expectativa de esclavitud me llevó a una depresión que a los 17 casi me mata.

Vivo esforzándome para que mis hijes no sufran mis traumas y no les falten mis carencias. Y me quejo mucho. Porque me da la sensación de que no lo valora (hablo de la mayor porque es la única consciente de momento), ni lo agradece, ni le importa. Y a veces le meto broncas y le digo cosas muy feas, que por suerte a ella le entran por un oído y le salen por el otro porque ese es su trabajo de niña de 10 años, pero luego cuando me quedo sola soy yo la que se cabrea conmigo. Pues vaya, no soy una madre 100% El Corte Inglés.


Pero mi madre no se quejaba nunca. Al menos en voz alta, claro. Y a lo mejor es que las madres de antes eran así. Y no digo que esté bien, pero era otro tiempo y tal vez quien hizo esta campaña simplemente se estaba acordando de su madre. O tal vez lo hizo una mujer y hasta es madre, y para bien o para mal, es así como se siente. Mi madre me lo dio todo porque era lo que hacían las madres y padres: darnos una vida mejor que la suya. Me dio hasta su pisito recién terminado de pagar para que pudiéramos comprar la casa en la que vivimos, con la que siempre soñamos, en la que pensé que viviría ella también hasta que me tocara a mí cuidarla, en la que crecen mis hijos rodeados de verde. Mi madre me crió sola en los 70/80 y jamás le pidió ayuda ni al Estado ni al tipo del semen, ni sintió necesidad alguna de "encontrar el amor". Mi madre era más feminista que tú y que yo, aunque nunca se colgara esa medalla.

En realidad, es una campaña que si no hubiera sido por el revuelo y los memes de respuesta, me hubiera pasado totalmente desapercibida. Igual habría visto la imagen pero ni me habría parado a leer el texto. Y en caso de leerlo, ¿qué? Pues es una mierda, y ya está. Las posibilidades de que compre algo en dicho establecimiento en el día de la madre, habiendo visto o no el anuncio, son las mismas que las del resto del año: 0%. Lo que ha sido la risa es recibir por whatsapp una petición de firmas en change.org para que retiren el anuncio. ¿En serio estáis pidiendo que se retire un anuncio de una campaña concreta que se va a retirar mañana porque mañana se acaba el día en cuestión? Qué manera de gastar energía a lo tonto, oiga. De verdad, se nos está yendo un poco la pinza.

Y que no digo que el anuncio no sea machista, solo que igual no es para tanto el escándalo. Es un anuncio machista más de tantos. Porque como dije antes, esa imagen de las madres sacrificadas y comprometidas está en todas partes, y luego se le cae la baba a todo el mundo cuando un padre portea o cambia un pañal. Y los escándalos como este pueden hacer que el odio de quien no piensa como nosotras crezca: que si estamos histéricas, que si estamos super sensibles, que si tenemos la regla, que si "feminazis".

Entre tantas personas, asociaciones feministas, etc., Facua también ha denunciado el anuncio de El Corte Inglés por machista. Dice en su web:
En su denuncia, FACUA señala la existencia de un mensaje implícito machista que atenta "contra la igualdad de género en un ámbito tan sensible como las relaciones familiares" el artículo 3 de la Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad contempla que "es ilícita:
a) La publicidad que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores y derechos reconocidos en la Constitución
".
"Se entenderán incluidos" en estos casos, añade la ley,"los anuncios que presenten a las mujeres de forma vejatoria o discriminatoria, bien utilizando particular y directamente su cuerpo o partes del mismo como mero objeto desvinculado del producto que se presente promocionar, bien su imagen asociada a comportamientos estereotipados que vulneren los fundamentos de nuestro ordenamiento coadyuvando a generar violencia a que se refiere la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género". 
Y yo que lo leo y mi mente se vuelve a ir al anuncio de Cola-Cao, que ya fue denunciado por racista en 2017 y, no solo no retiraron la campaña, sino que lo he vuelto a ver precisamente esta semana, (no es el mismo anuncio, pero usa la misma imagen que se criticó: una cabeza flotante de un señor negro con pelo afro saliendo de un vaso). Aquí también se utiliza una parte del cuerpo como mero objeto y se desvincula del producto publicitado en plan: Espumosito como el pelo afro del negro simpático que sonríe y el diente le hace "cling". Y ahí también estábamos exagerando, también teníamos la piel muy fina, y solo era un anuncio. Y no cuenta que Cola-Cao lleve dando por saco desde los 70 con el negrito del África tropical de las narices y que estemos un poco quemadas ya. Ahí no se aplica la misma ley, ni hay tanta gente indignándose, ni por supuesto Facua ni ninguna organización similar dio la cara por la comunidad negra amargada.

Así que a estas alturas me pregunto si en el anuncio de Cola-Cao saliera la cabeza de una mujer negra en lugar de un hombre, nos estaríamos rigiendo por los mismos baremos que con la señora blanca y bien vestida de El Corte Inglés, si las feministas estarían igual de cabreadas o seguirían siendo "cosas de negros". Y esto me cabrea bastante más que si el Corte Inglés dice que las madres no se quejan, porque para muestra un botón: yo me quejo todo el rato.

Pero yo qué sé, estaré yo también sensible y cabreada, porque no tengo la regla pero tengo diarrea y me encuentro fatal, y aunque haya soportado el dolor de una cesárea y el dolor de un parto natural, cuando tengo diarrea siento en cada retortijón que voy a morir, y pienso en dejar a mi camada sola y me entra la llorera, y al infierno con quien me diga que de cagalera no se muere nadie. Y que el día de la madre sigue siendo después de 5 años un día que aborrezco, porque la gente me felicita y me envía mensajes chorras de esos con flores y corazones y yo me cabreo porque ya no tengo madre y se me olvida que la madre soy yo.

Y lo único que me faltaba es El Corte Inglés, su campaña de mierda y toda la jartá de hostias que vino luego.

P.D. Que ahora caigo que 10 años de cachorra mayor son ya 10 añazos de blog, quejándome y despotricando sobre todo de cosas relevantes a ser mujer y ser madre, y que si quieres, después de hacer el hater me puedes felicitar o algo.




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5 jun. 2018

Mi pelo

Hoy va de anécdota rara.

Resulta que al final de un día muy chulo en el que he ido a clase, después me he quedado un rato en el patio a charlar con unas compañeras y después he ido con un amigo a tomarnos unos nachos con cerveza y unas horas de charla filosófica, pongo mi culo en el tren, y como tengo un largo rato, he llevado el pelo suelto todo el día y se me ha enredado un montón, decido sacar mi peine y mi frus frus de agua (solo agua, para hidratar, no te pienses que llevaba nada apestoso o aceitoso o raro) y me peino.

El pelo afro, para quien no sienta familiaridad con él, es difícil de desenredar. No se cepilla de arriba a abajo hasta que se resuelve, sino que hay que ir pasando el peine poco a poco, a mechones, desde las puntas hasta la raíz. A veces, los enredos bestias hay que desenredarlos haciendo circulitos con las yemas de los dedos. Si este es muy fino, como en mi caso, y no se desenredan estos nudos, se convierten en rastas.



Era de noche. El tren iba casi vacío. Estaba yo sola en uno de esos espacios de 4 asientos. No había nadie a quien pudiera salpicar o dar codazos. De hecho, un par de grupos de 4 asientos más adelante había un chico joven maquillándose, que fue el que me hizo caer en la cuenta de peinarme. Y reitero, el tren iba casi vacío. Pero por las mañanas, con el tren más concurrido, no son pocas las personas que he visto peinarse y maquillarse. Que algunas tenemos trayectos largos y a todas nos viene bien dormir 10 minutos más.


A lo que iba. Ya había terminado de hacerme las dos trenzas que me suelo hacer cuando ya estoy desenredada y lista para irme a la cama. Cuando faltaban dos paradas para la mía una señora muy amable, muy elegante y muy educada, se me acerca y me dice:

—Hola. No he podido evitar observarte durante un buen rato y tengo que decirte que lo que estabas haciendo es una falta de respeto enorme.

Yo me quedo picueta y ojiplática, intentando hacer una lista mental de todas las cosas irrespetuosas que había hecho. No me costó mucho porque no suelo fumar, ni poner los pies en el asiento, ni poner música en el móvil, ni siquiera hablar por él, como hace mucha gente que aprovecha el viaje para cultivar sus amistades o ponerse al día de los cotilleos del vecindario a voces, y ya querrá una leer o algo. No se me ocurría forma alguna en la que le hubiera podido faltar el respeto a alguien, y no recuerdo si le pregunté de qué iba todo eso o como soy un libro abierto mi cara de "no lo pillo" lo dijo todo, pero continuó:

—Eso de pasarte media hora peinándote y deshaciéndote los enredos. Es una falta de respeto.

Y yo que seguía picueta y trataba de comprender en qué podía haber molestado a la señora contesté:

—Eh... he tirado los pelos a la basura —todavía con cierta incredulidad. De hecho, si de verdad llevaba tanto rato observándome e indignándose, debió haber visto cómo me levantaba en dos ocasiones para tirar las bolitas de pelo resultantes, primero de una mitad de mi cabeza y luego de la otra.

—Ya, bueno, pero aquí hay aire acondicionado, y los pelos sueltan partículas y las respiramos todos. Y te has pasado media hora quitándote los enredos. Eso lo tienes que hacer en tu casa.

Y se abrieron las puertas y se fue. La verdad es que esto pasó en apenas unos segundos, porque la señora educada fue muy valiente y vino a sermonearme justo cuando se tenía que bajar, para comerme el marrón y no tener tiempo de réplica.

Y claro, luego recapitulando me pareció que dio énfasis a lo de deshacerse los enredos. Porque mi pelo es enredado y complejo y eso ofende. Si en lugar de ser yo hubiera sido Rapunzel peinando y peinando y peinando su lacia y rubia melena, no hubiera habido ningún conflicto y hasta puede que le hubiera hecho un bonito comentario acerca del brillo solar de su pelo y habrían acabado cantando. Pero no es así. Mi pelo tiene nubes y nudos. Es horroroso. Debería plancharlo o quemarlo. Debería pedir perdón por existir por tener un pelo como este.

Entonces recordé esa polémica de la búsqueda en Google de "peinados no profesionales para trabajar", en la que prácticamente solo salían imágenes de mujeres afrodescendientes con pelo natural, y si hacías la búsqueda contraria las mujeres salen blancas y los cabellos lisos u ondulados.

The Guardian: Do Google's "unprofessional hair" results show it is racist?
Nótese que el tercer peinado de la primera parte es el mismo que el segundo de la segunda. Solo que el primero es afro y el segundo es liso y rubio. Qué chachi ser blanca y que nadie dude de tu profesionalidad o de tu civismo por tu pelo. Microrracismo lo llaman. Eso lo dirá alguien a quien no le abroncan por peinase.

En cuanto a la señora, me gustaría haber tenido la oportunidad de decirle que a eso se le llama optimizar el tiempo y que debería probarlo. Tal vez así no viviría tan pendiente de los demás y no estaría tan amargada.

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1 may. 2018

¿Dónde nace la manada?

En estos días de indefensión y rabia tras la sentencia de "la manada", me viene continuamente a la cabeza un viaje en furgoneta que hice hace unos meses. Íbamos de Barcelona a Madrid seis músicos y yo para tocar en un concierto. Paramos en un bar a comer, y en la pantalla gigante un canal de música en el que, al parecer, solo existía el reggaetón. No sé mucho de reggaetón (ni ganas), solo sé que en los video clips suelen salir mujeres en bikini o en ropa interior bailando o simplemente paseándose por ahí sin sentido, mientas los hombres las persiguen, babean, se restriegan o lo que les salga.

Y ahí surgió un globo de testosterona que iba creciendo y creciendo por momentos. Me dieron un viaje de lo más placentero, escuchando desde sus fantasías con unas y otras, hasta análisis de lo guarras o lo puritanas que son tales o cuales tipos de mujeres. Distinguí claramente a los instigadores, los que seguían el rollo de buena gana, y los que lo seguían solo un poquito, incluso incómodos. Pero a la hora de decir basta me quedé sola. Curiosamente la única mujer. Penosamente, la única madre. Fue cuando alguno comentó algo sobre el cuerpo de una chica tan joven que me vino a la cabeza mi propia hija y lo poco que le quedaba para llegar ahí. Les pregunté si toda esa mierda la pensaban de verdad o solo se estaban midiendo los penes. Se hizo un incómodo silencio y a partir de ahí se cortaron un poco. Al menos delante de mí. Porque una vez en la sala, durante las pruebas de sonido, me acerqué hacia algunos de ellos que estaban en corrillo y oí a uno (de los instigadores) decir "que viene", y se quedaron calladitos. Como críos que esconden sus travesuras a mamá. Me podía haber dado rabia, pero la vergüencica ajena la eclipsó rápidamente y me reí.


Y ahora pienso en ese día y en ese grupo y lo veo muy claro. La manadas empiezan ahí. En aplaudir y jalear chascarrillos machistas y que nadie los calle. En conversaciones entre risitas y gestitos en las que aparecen términos como gang bang, o MILF, y todo ese léxico aprendido en el porno mainstream, en el que las mujeres somos cosas y el sexo es violencia. En que si sales de caza después del bolo follas fijo, porque ser músico es guay, por la alegría del momento y porque si hay alcohol y drogas, mejor. Las manadas nacen en conversaciones en bares, en furgonetas, en grupos de whatsapp... entre hombres que no siempre tienen claros los límites, y que nunca sabes hasta dónde pueden llegar.

Creía que era fácil educar hijas en el feminismo y que hacerlo con un hijo iba a ser un reto. Cuando tuve a mi hijo supe que tenía que hacerlo, costara lo que costara, porque era tanto o más importante enseñar a mi hijo a respetar que enseñar a mi hija que no tenía por qué ser una damisela en apuros, que podía ser lo que ella quisiera. Pero, ¿sabes qué? Mi hijo está a un mes de cumplir los dos años. A veces jugamos y a veces no controla. Es solo un bebé y es muy bruto. Se monta encima de mí, nos placamos, nos hacemos cosquillas y nos reímos, pero a veces se sienta en mi cara, o me araña o salta sobre mi vientre. Y me hace daño. Y cuando me hace daño le digo: ¡Para! Con voz enérgica y gesto serio, y le hago el gesto en lenguaje de signos de estar enfadada y el de sentir dolor. Entonces para, baja la cabeza y pone carita triste. Durante unos segundos se queda así. Sabe que así no. Luego lo abrazo, le doy mil besitos y hacemos las paces. Él es un bebé y ya lo ha entendido. Solo necesita seguir así conmigo, con su hermana y con todas las personas, y ya me encargaré de que jamás se le olvide.

Ahora veo que lo chungo es enseñar a mi hija a protegerse de bestias que nada tienen que ver con lobos, a estar alerta, pero a la vez ser valiente. A ser prudente pero no vivir con miedo. Ahora a veces me da por pensar en todas las agresiones sexuales que he vivido a lo largo de mi vida. Organizarlas en mi mente, cronológicamente, por tipo, por gravedad... A veces pienso en de cuántas me he librado por suerte o qué sé yo por qué. A veces salen historias que he leído en blogs, o en facebook, o me han contado mis amigas, por que no era solo yo, somos tantas y nos han pasado tantas cosas... ¡a todas! Y ahora me pregunto cómo voy a criar a una hija valiente cuando me mata de miedo no llegar a tiempo de hablarle de violencia machista y agresiones sexuales antes de que las viva. 

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20 dic. 2017

Lo que cuesta hablar de racismo

Hace unos días hice un pequeño experimento: subir esta imagen a mi cuenta de Instagram, con el título: ¿Por qué los reyes blancos pueden ser de los colores divertidos que quieran pero el rey negro solo puede ser negro? Solo obtuvo un corazoncito y nadie dijo nada. Nadie contestó mi pregunta ni entró en el debate. Porque hablar de racismo incomoda. Porque crees que es una chorrada y me ofendo porque quiero y no te atreves a decírmelo. O porque ese tema no va contigo porque tú no eres racista ni vivimos en una sociedad racista, para qué vamos a darle vueltas. Y no es que tenga yo miles de seguidores y corazoncitos, pero curiosamente es la única publicación con un solo corazoncito. Que igual la foto es una chusta, pero te aseguro que las hay peores porque yo no tengo ni idea de fotografía, y subo fotos que no siempre son bonitas, pero con ellas trato de decir cosas.

Clan TV
Esto es algo que solo se le puede ocurrir a una persona no blanca, y las blancas pensarán que nos ofendemos a la mínima, que vemos racismo en todo, o que acabamos siendo nosotras las que vemos colores porque ellas solo ven personas, (o algo así como cacahuetes en este caso).

En cambio, yo cuando vi esta imagen sí que vi los colores y sí que me asaltó esa pregunta. Los reyes blancos pueden elegir hasta sus colores, pero el rey negro siempre tiene que ser negro. Y esto que te parecerá una chorrada me hizo pensar en un artículo que leí hace años sobre Disney, que mientras se sentía orgulloso de haber creado al fin una princesa negra, la realidad de las niñas de verdad era que en sus juegos, las niñas blancas podían elegir princesa, pero la niña negra del grupo solo podía ser Tiana.

La gente no habla de racismo y cuando una saca el tema es una negra rabiosa que se queja por vicio y que debería dejar de dar por saco, vivir su vida y dejar en paz a los demás. Los demás son las personas blancas y españolas que dicen que no son racistas porque tienen amigos negros, y no te insultan mientras seas una negra modélica, sumisa y sacrificada, porque eso es lo que debemos ser. Pero cuando nos da por reivindicar algo pasamos a ser la puta negra rabiosa que ve racismo por todas partes y molesta a la santísima sociedad blanca "que la ha acogido".

Y en estas estamos con la Cabalgata de los Reyes Magos de Alcoy. Resulta que Afroféminas lanza una llamada de atención respecto al blackface de cientos de pajes. ¡Cientos! Más de mil, incluso. Así, en plan manifestación. Pero claro, eso no es racismo. Y aquí Afroféminas y todas las que las defendemos volvemos a ser putas negras rabiosas que se quieren cargar una tradición mágica y preciosa, y romperle la ilusión a los niños. Porque la magia es que vayan pintados de negro, no lo es la cantidad de gente que se junta para desfilar, subirse por las paredes y repartir regalos. Si le quitamos el blackface, no nos queda nada, ¿verdad? Pobres niños, no tenemos corazón. Que no entendemos la magia, que vayamos a verlo y cambiaremos de opinión. Superlógico: me molesta algo de lejos y de cerca no solo no va a molestarme, sino que lo voy a adorar. Ya me molesta cuando pintan a un solo rey Baltasar de negro, como para verme rodeada de blackfaces como si viviera una pesadilla. Es tan lógico como decir que soy antitaurina porque no he visto una corrida en directo. Que si voy y lo veo y lo sufro en primera fila se me pasarán las hostias. Pues no, me molesta el blackface, en directo y en diferido. Pero ellos no defienden una tradición racista, es más, para demostrar que no son racistas nos insultan, nos dicen que estamos enfermas, que no tenemos vida, que somos unas ignorantes, que cuántas ganas de joder, y el ya clásico que nos volvamos a nuestros países.



Los mitos y leyendas pueden mutar, pero es muy difícil cambiar una tradición. Las personas convierten una costumbre en tradición y las tradiciones se refuerzan siempre en el olvido de lo que las ha originado. De hecho, los Reyes Magos al principio de los tiempos ni si quiera eran reyes, ni magos. No fue hasta la Edad Media que recibieron el título, y hacia el siglo XV se atribuyó un origen etíope/yemení a Baltasar y se le empezó a pintar con piel oscura. Y cuando digo pintar, me refiero a cuadros y esas cosas, no a pintarle la cara a un señor. En un atlas catalán de 1375 los pintan a todos blancos. Filippo Lippi los pintaba a todos rubios y brillantes. El Greco, hacia 1550,  y Murillo, hacia el 1600, ya pinta la imagen tradicional del viejo blanco, el maduro castaño y el joven negro, lo que me lleva a pensar que se trata de una tradición castellana. Lo de las cabalgatas es un invento moderno, del siglo XIX, y con ellas llegó el blackface

Y no es solo cosa de Alcoy. En Alcoy es más bestia porque hay cientos de ellos, pero Baltasares de betún hay por toda España, y también nos hemos quejado antes y ni caso. Que el blackface no es racismo, que no tienen intención de herir a nadie. Supongo que no saben que puedes no pretender algo y hacerlo igualmente, o que las tradiciones, para que se sigan manteniendo, se adaptan poco a poco a la sociedad. Pero las tradiciones son muy fuertes, se basan en un sentimiento compartido por un grupo que considera que sus tradiciones lo definen: la razón no puede luchar contra la tradición. El apoyo es mínimo y nos quedamos prácticamente solas frente a los insultos y las burlas porque, recuerda: no mola hablar de racismo. El racismo no existe. Lo creamos nosotras con la confrontación.

Lo mismo siempre que nos quejamos de algún producto que lanza una campaña publicitaria que nos ofende, como Cola Cao, o que tiene un producto ofensivo en sí mismo, como los Conguitos. Nos quedamos prácticamente solas en nuestras reivindicaciones y, aunque sí que es verdad que hay gente que nos apoya, la mayor parte de los comentarios recibidos son más insultos y reproches de piel fina, tiempo libre y venir a cargarnos cosas. Por suerte, algunos saben reflexionar y cambiar, como es el caso de los Conguitos, cuya imagen principal ha variado con los años. Cierto es que mantienen su nombre, aunque, a decir verdad, Mr. Propper pasó a ser Don Limpio y no pasó nada. De hecho, diría que toda la gente de mi quinta sigue diciendo Mr. Propper, y yo misma llamo Conguito a todo cacahuete chocolateado, cualquiera que sea la marca. Pero vamos, que un fuerte aplauso igualmente para ellos. Pasito a pasito.

No se habla de racismo cuando en una publicación en Facebook, una amiga habla de lo bueno que está cierto mulato, yo la corrijo diciendo que será un hombre mulato en todo caso, no un mulato a secas, y no dice nada al respecto ni se disculpa hasta que otra amiga blanca me agradece la aportación. Porque somos todas muy feministas y los comentarios machistas hay que señalarlos y despreciarlos, pero las aportaciones sobre racismo ya incomodan más. Porque sé que no hay mala intención, pero hay que crear conciencia, de la misma forma que se está haciendo frente al machismo. Porque no hace mucho era lo más normal que los tíos nos echaran piropos agredieran verbalmente por la calle y nadie lo cuestionaba, y nosotras a tragar y callar. Es necesario hablar de racismo, para detectarlo, para comprenderlo, para modificar lenguajes y actitudes.

Tampoco se habla de racismo cuando en un grupo de whatsapp de varias madres y padres, una pasa un mensaje en cadena larguísimo que en resumidas cuentas decía que los moros nos invaden y que si el terrorismo y que si hay que estar alerta... y nadie dijo nada. Que bien es cierto que un tiempo después se abrió un grupo alternativo en el que esta persona ya no está, que no sé yo si aquello tendrá algo que ver pero vamos, que si no se hablan las cosas, también es bien difícil que las personas se den cuenta de sus errores. 

Pero aunque no se hable de racismo, sí que se lleva mucho ponerse una etiqueta antirracista. Y cuando lo hacen partidos políticos, pues me crispa bastante más. Ayer recibí un enlace para las próximas elecciones que explicaba cómo no votar racismo. Aquí un esquema de la situación:

S.O.S. Racisme


Y ahora me preguntarás qué tiene de malo que los partidos políticos se preocupen por incluir políticas antirracistas en sus programas, cosa que, a priori suena muy bien. 

Pues para empezar, basan sus políticas antirracistas en cosas que tienen que ver con los inmigrantes, no de las personas racializadas. También hay inmigrantes rubios con ojos azules (aunque a estos no les llamamos inmigrantes, sino extranjeros, curioso, ¿no?), así que no estaríamos hablando de racismo exactamente. Y el hecho de considerar inmigrantes a todas las personas racializadas, ya es en sí mismo un acto racista.

Luego está derogar la ley de extranjería. Vamos a ver. Yo pienso que es injusta y cruel, y que hay que revisarla y reformarla. ¿Cómo? Pues no tengo ni idea porque ese no es mi trabajo. Me parece estupendo que haya partidos que contemplen una reforma que respete los derechos fundamentales de las personas (JxC), pero no me gusta que para ponerse medallas nos prometan entrada y papeles para todos porque eso es insostenible a todos los niveles. Y lo sabemos todos por muchas caretas que nos pongamos. Arcoiris y unicornios, los justos.

Que todo el mundo tenga derecho a voto tampoco lo veo. Porque vamos a ver, cuando emigramos al extranjero, nos permiten votar desde fuera, por lo que cada individuo vota por su país, y no por el país en el que reside. Si juntamos votos de los autóctonos que se han ido con los autóctonos que se han quedado, con los extranjeros que no sabemos qué intenciones tienen... me parece un poco caótico. Como mínimo exigiría garantías de permanencia, que si te lo piden para comprar un teléfono, que menos que para decidir el futuro de tu país, que igual el extranjero vota y se pira al año siguiente y luego es una la que se come toda la legislatura.

Al derecho a la sanidad pública estamos todos de acuerdo menos la derecha casposa. A simple vista es algo que le parece bien a cualquiera con una pizca de humanidad, pero tiene sus matices. Yo creo que siempre hay que defender la sanidad pública para todas las personas residentes, tengan o no un trabajo o papeles en regla. Pero quiero recalcar la palabra residentes y lo suyo sería que existiera una buena forma de asegurarse de ello.

Ahora vamos al último punto, al que también se suma toda la izquierda: Políticas públicas contra el racismo. Vale. Es tan amplio y tan ambiguo que cualquiera puede decir que las aplica.
Pero cuando las personas racializadas, extranjeras o no, denunciamos racismos como los de las cabalgatas, ningún partido se pronuncia. Vale que la de Alcoy es la más bestia, como decía antes, pero hay blackfaces en casi todas las cabalgatas españolas, y en Catalunya también, senyors i senyores d'esquerres. Incluso blackfaces masivos como el de la capital de mi comarca. Y nadie nos escucha. 

Igualada - Cavalcada de Reis (Foto: Ajuntament d’Igualada)
Pero sí, son cosas que si te quedas en el título sin profundizar, quedan muy bonitas. Somos antirracistas para prometer imposibles y mientras nadie venga a denunciar algún tipo de racismo, porque entonces el racismo simplemente no existe. Y oye, que esta es mi opinión y sé que puede resultar polémica. Será más o menos acertada, pero para empezar, estoy hablando de ello, con sinceridad y sin maquillaje.

El racismo no es solo que te peguen una paliza en el metro o que no te den un trabajo por tu raza, igual que el machismo no es solo que te violen en un portal o que no te den un trabajo por estar en edad fértil. Está enquistado en la sociedad y hay que identificarlo para poder construir una sociedad más plural, tolerante y respetuosa. ¿Cómo lo hacemos? Hablando de racismo. 






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4 abr. 2017

Habichuelas feministas

Cada vez que una mujer dice "yo no soy feminista":

  • Una mujer muere asesinada por el hecho de ser mujer
  • Una mujer es violada
  • Una mujer es vendida o alquilada
  • Una mujer sufre mutilación genital en el parto (episiotomía)
  • Una niña se casa con un señor
  • Una niña no puede ir al colegio
  • Una niña sufre mutilación total del clítoris (ablación)
  • Una niña es vendida o alquilada
  • Una niña es violada
  • Una niña muere asesinada por el hecho de nacer niña

Y lo de cada vez que una mujer dice es una licencia literaria que me acabo de tomar. Pero resulta que esto pasa en cada momento, a miles de mujeres, ahora mismo, cuando acabe de escribir este post y cuando me vaya a la cama esta noche. 

Lo siento, pero me parece una aberración que con este panorama haya mujeres que digan que no son feministas. A veces incluso así, por las buenas, sin que les preguntes. Aparece el feminismo remotamente nombrado en una frase y se apresuran a aclarar: Yo no soy feminista. Casi con aspavientos, caminando hacia atrás, como si tener algo que ver con el feminismo fuera lo peor que pudieran pensar de una, como si el feminismo fuera algo así como adorar a Satán. 

No, yo no soy feminista, no soy una feminazi, no soy una marimacho, no soy una bruja.

feminismo

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna 'mujer' e -isme '-ismo'.
1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

¿Crees en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres? Pues entonces eres feminista. Todo lo demás es feminismo mal entendido y feminismo desprestigiado. Te diré más: Ni siquiera hay que ser una mujer para ser feminista, y sí, también hay hombres feministas. 

¿Sigues sin convencerte? Vuelve a leer la definición. Es tan simple que da risa que alguna vez hayas defendido lo contrario. Solo leyendo la definición te darás cuenta de lo ridículos que son los peros, las afirmaciones del tipo ni machismo ni feminismo: igualdad. Porque el feminismo es igualdad, señoras, y ya basta de esconderse de él como si hubiera hecho algo malo. Al contrario. El feminismo ha conseguido que podamos desde estudiar hasta votar en unas elecciones. Y puede que algún día el feminismo consiga equiparar sueldos y una mayor representación de mujeres en puestos de poder.

¿Qué por qué hay que luchar por los derechos de las mujeres y no de los hombres? Pues porque los hombres ya los tienen. Es que también es tan simple que da risa, y hasta vergüencica ajena tener que dar explicaciones a eso. 

Las feministas no pretendemos exprimir el esperma de los hombres y extinguirlos, inseminándonos artificialmente y abortando a los fetos varones. El feminismo ni siquiera es darle la vuelta a la tortilla, y que los hombres pasen al rango inferior y las mujeres dominen el mundo. Es más, si tanto miedo hay de que así fuera, es porque en realidad sabemos que hay una parte privilegiada y otra oprimida, y a esa parte privilegiada le da pavor pasar al otro lado. No hablo con esa parte. No discuto con trolls que mienten y ofenden desde su privilegio y que nunca van a querer admitir lo que es el feminismo, que les conviene tener y difundir la imagen distorsionada de él. Hablo con mujeres equivocadas, porque yo también estuve equivocada. Incluso en este blog, recuerdo haber dicho no ser feminista cuando estaba desinformada. Pero en cuanto leí un par de blogs, y sobre todo la definición (que no tiene discusión posible) en lugar de discutir me puse del lado que me tocaba. Y eliminé esa frase del post que la contenía, porque fuera ya de mi ignorancia, la frase "no me considero feminista" sí me da vergüenza.

http://haikita.blogspot.com.es

Dale la vuelta a esta locura y tendrás el mundo en el que vivimos. 
Que ser feminista no es necesariamente ser activista, igual que no todos los creyentes van a misa. Que hay feministas que enseñan las tetas y feministas que no desean cosificarse a sí mismas. Que hay feministas mujeres y hay feministas hombres. Y que el feminismo es avance y progreso, para las mujeres y para la población mundial.

Yo digo y me gusta decir que soy feminista, que en mi casa no hay estereotipos de género de ningún tipo, que educo a mi hija en conceptos de igualdad, desde ponerse la ropa que quiera a que cuando sea mayor podrá ser lo que quiera ser. Y lo más importante, educaré a mi hijo en los mismos términos de igualdad, y además en el respeto a las mujeres desde su pivilegio de hombre blanco. Porque esa también es otra: educar a un hombre blanco en una sociedad blanca para que defienda y respete sus raíces afro, también tiene que ser un reto.

Pero eso ya es otra historia...



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26 dic. 2016

6 meses de higiene natural

Hace unos meses escribí sobre la higiene natural o la comunicación de la eliminación. Aquí dejo el post, pero resumiendo, se trata de darle al bebé la oportunidad de hacer pipí o caca en un recipiente, váter, campo... lo que sea que no sea enguarrarse el pañal*, la ropa o a sí mismo. Empezamos con un mes y después de seis meses de práctica, este es el balance:


Siempre que se despierta hace pis.
Siempre que se mete en el coche hace pis.
Siempre que sale del coche hace pis.
Ya no hace caca todos los días, y cuando la hace suele ser a las 9 de la mañana. 
Prefiere mear y cagar en espacios abiertos, no me preguntes por qué. Cuando estamos por los exteriores de nuestra casa suele mear donde los gatos. Y también le molan las rejillas de desagüe de los parkings de supermercado. Ya me sé de memoria donde están todas las de los súpers de la zona. En cambio en el orinal, a veces se resiste, aunque realmente tenga pis. Que da mucha rabia cuando se mea encima habiéndole  preguntado hace cinco minutos, pero aunque por dentro te enfades, el bebé te mira y te sonríe y sabes que en su mente dice ¿y a mí qué me cuentas?, así que es inútil pedir explicaciones.



Con la introducción de los sólidos, la caca también se volvió más fácil. Se acabaron las pintaditas de las que hablaba en el post anterior. Además de hacer menos y a horas determinadas, ahora aprieta, y aunque lo haga a una hora inesperada, es fácil pillarlo con el ojete abierto o con la puntita fuera, y entonces solo es cuestión de correr.

Y básicamente es ir observando y preguntando. En general funciona y pasamos varios días con el pañal seco, pero veces se escapa, claro. No he llegado a tener esa conexión mística que aseguran tener algunas madres que presienten el momento o que hasta llegan a notar olor a pis justo cuando el bebé tiene ganas. Así que si no eres de esas, no te frustres, no eres la única. Yo también tuve mis momentos de ¿pero por qué no soy infalible al 100%? ¿Qué estoy haciendo mal?, pero ya he dejado de agobiarme.

El cambio de tiempo empeoró bastante las cosas. En verano, cuando lo tenía todo el día en pelotillas era todo mucho más fácil. Con el frío se complicó el asunto, pero fui adaptando el vestuario para no andar quitando y poniendo pantalones y ganar tiempo. Mi tía, que sabe tejer, me hizo unos calentadores con una especie de liguero la mar de apañaos, y los pijamas de una pieza los tengo rajados por la entrepierna y le pongo el pañal por fuera a lo Superman. 

A los tres o cuatro meses me atreví con las noches. Y sí, es un peñazo despertarse constantemente, pero da sus frutos. Además es mucho más fácil identificar la señal porque está medio dormido y ni se entera, hace como un gruñidito, muy distinto al llanto de hambre, que cuando está despierto y distraído no suele hacer. Con el tiempo se fue espaciando la cosa y ahora solo pide pis a las 3 AM y a las 7 AM. Incluso llegué a quitarle el pañal por las noches cuando vi que ya lo tenía controlado y que andar quitando y poniendo pañal dificultaba la tarea, pero tuve que volver a ponerlo porque, como siempre mea por la mañana al despertarse, no puedo salir de la cama y dejarlo dormido; en cuanto me entero de que está despierto ya se ha hecho pis. Porque este no es como su hermana, que en cuanto abría el ojo y se veía sola se enfadaba mucho y lloraba, este se queda en la cama jugando tan pancho.

Lo que mola es salir por ahí. La gente se queda picueta cuando ve a un bebé de meses mear como un niño. Le quito el pañal, lo sostengo en vilo y digo "pipi", y va y mea. A quien no lo ha visto nunca le parece muy gracioso. Y también hay quien lo flipa cuando lo ve sentado a la trona comiendo con la familia pero independientemente, con sus manos y con toda su cara.

Pero eso ya es otra historia...


*Siempre que digo pañal me refiero a pañales de tela, que son los que usamos. No es recomendable lanzarse al reto de la higiene natural usando pañales desechables, el pipí desaparece y nunca sabes cuánto ni cuándo. 

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