22 jul. 2016

En culos y a lo loco II

¿Por qué II? Si te apetece, lee aquí En culos y a lo loco, primera versión de hace 6 años.

Conan cumple hoy dos meses. ¡¡¡¡Felicidades!!!!

Hace unas semanas, adelanté en Facebook que estábamos probando el método sin pañal, o dicho de otra forma, la higiene natural del bebé, o dicho de otra forma, la comunicación para la eliminación (maldita sea, ahora me viene a la cabeza la canción tiene nombres mil... a ver ahora cómo me la saco) y pasado un mes de aventuras aproximadamente, os voy a contar un poco.

Hoy en su cumplemes, como a modo de celebración, no solo ha hecho caca en el lavabo cuando se lo he sugerido, sino que cuando lo he levantado de ahí se ha retorcido y gruñido a modo de protesta, por lo que lo he vuelto a suspender sobre el lavabo, y ¡hala! ¡Otro petardito! Me ha avisado de que quería hacer más.

¿Y ya está? ¿Al niño le dices "caca" y lo aguantas suspendido sobre el váter, lavabo, orinal, bidé... y hace caca, y nunca más se caga encima, ni en el suelo, ni encima de ti, así de sencillo? Pues molaría, pero no. Durante estas semanas, cada día ha habido pasitos hacia delante y pasitos hacia atrás. Es como la primera vez que Niobe durmió toda la noche seguida, o cuando se durmió por primera vez sola. La inexperiencia nos hizo tirar cohetes y descorchar champanes, pero ahora ya sabemos que en lo que respecta a bebés en crecimiento, no existe lo de sentar precedentes. 

Al principio me puse a observar, como decían los artículos que había leído anteriormente. No se trata de entrenar, ni de enseñar, ni de que el bebé te avise. Se trata de que una tiene que estar atenta a los gestos, sonidos o cualquier pista que dé el bebé a la hora de hacer caca o pipí. Entonces, cuando ya los tienes claros, reaccionar rápidamente y ponerle en el orinal o el recipiente oportuno y decirle "pipi" o "caca" o hacer un sonido que relacione siempre con esa acción. Pues nada. Yo no sé cómo lo harán en las sociedades sin pañales, donde lo hacen así siempre y con todos los niños y niñas, ni cómo lo harán las madres modernas que lo hacen hoy en día, pero yo, lo que es un gesto claro... pues no lo he pillado aún, oiga. Lo mío es más bien comprobar. Como cuando llora un bebé y lo primero que se hace es ofrecer una teta, cuando gruñe le ofrezco un orinal. Porque a veces llora y a veces gruñe, y eso sí que suelo diferenciarlo. Aunque no siempre que gruñe tiene ganas de hacer nada, ni siempre que hace algo gruñe. Así que a veces tengo que pasar la fregona o lavar la funda del sofá el mejor de los casos, o lavarme yo en el peor. Claro que siempre pongo una toalla y un absorbente de los que van insertados en los pañales entre su culo y el sofá, o la hamaca o yo misma, pero el absorbente no siempre se queda en su sitio y la toalla a veces cala. Aunque casi siempre es culpa mía por ponerme a jugar hacer cosas superútiles e imprescindibles en lugar de estar atenta.

Así que a estas alturas no puedo afirmar que sea un éxito. Además, no siempre las cagadas son claramente cagadas. Lo que hace mucho son "pintaditas", como yo lo llamo. No es que haga un esfuerzo y cague y salga todo, sino que a veces y de forma totalmente inconsciente e involuntaria, le van saliendo gotitas y va pintando el mundo de marrón claro. Pero supongo que eso acabará cuando empiece a comer y cagar sólidos.

Lo que sí que es casi infalible es la cagada de madrugada. A eso de las 6 de la mañana se inquieta y gruñe. Entonces me levanto corriendo, le quito el pañal y le digo "caca"... ¡y caga! Al principio le ponía a él, pero luego me entraba pis a mí y me ponía a bailar y el bebé se despistaba y no sabía muy bien el objetivo del juego. Si meaba yo antes, él se cagaba en el cambiador antes de que yo terminara. Así que ahora nos sentamos juntos en el váter y cada uno hace lo suyo. ¿Friki? Sí, pero práctico. También es infalible el pipí después de la siesta. Bueno, siestas, que a estas edades son varias.

Y bueno, el balance hasta ahora es que lo de las señales, si es que las emite, todavía no las pillo, y que básicamente me guío por los horarios. Hay ciertas horas de cagada bombardera, y los pipís van siempre después de la siesta y a intervalos regulares dependiendo del momento del día. Lo que sí que puedo asegurar es que ya tiene claro qué es lo que tiene que hacer cuando lo suspendo sobre un orinal, lavabo o similar, porque aunque no le salga nada, el esfuerzo se nota que lo hace. Y cuando salimos, o tengo cosas que hacer y no puedo estar por él, o cuando me agobio, le pongo un pañal y listos.

Pero esto es a los dos meses. Así que para quien lo haya probado después de leer definiciones y blogs y se sienta una pringada porque no le sale igual de fácil y de bien, ánimo, que no eres la única. Para quien lo ha probado y le va estupendo, felicidades. ¡Qué suerte, oiga! ¿Algún consejillo? Yo por mi parte no me doy por vencida. Porque hace calor, porque prefiero pasar fregonas que poner lavadoras y porque en esta casa somos muy de ir en pelotas. Hasta aquí llega esta historia en estos dos meses, pero como mola como trabajo de investigación, seguiremos informando. Y ya mejoraremos con el tiempo. Si a los seis meses escribo que se baja los pantalones y coge un periódico, lo peto.



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21 jul. 2016

La teta de Jenny

Ayer tuvimos visitas en casa y Conan no durmió todo lo que le gusta dormir, así que por la noche estaba agotado y durmió casi del tirón. Qué bien, ¿no? Sí, ya, el problema es que si duerme no mama, y si no mama me despierto con las tetas a punto de explotar. Me he sacado un vasito para Niobe, que acaba de estar pachucha de la barriga, y me he acordado de una escena de Outlander. Y como en su momento ya hablé de La teta de Lysa en Juego de tronos, estaba ya tardando en hablar de la teta de Jenny.

Me encanta esta serie, entre otras cosas porque los personajes femeninos tienen mucha fuerza, y no son las damiselas de diadema floja a las que nos tienen acostumbradas la mayoría de historias. En esta ocasión, Jamie es arrestado y Claire, su mujer y Jenny, su hermana recién parida son las que van a su rescate. Y claro, las horas pasan, las tetas se llenan y hay que parar a vaciarlas. Y a hacer pis, que también me he preguntado varias veces al ver series y pelis cuándo demonios mea la gente. 


Y por supuesto no se hicieron esperar las críticas y las quejas sobre la escandalosa escena, innecesaria y obscena, en una serie en la que son frecuentes los desnudos en escenas de sexo, con consentimiento y sin él, y no pasa nada. La misma vieja historia.

En cambio a mí y a otros cuantos miles de personas, aunque fuéramos menos, nos encantó la escena. Porque estos pequeños detalles son los los que dan una enorme dosis de realidad a las historias. Porque sientes, y te identificas. Recuerdo cuando estaba actuando en Madrid los fines de semana y tenía que sacarme leche en el camerino. Como yo me extraigo a mano, algunos compañeros sentían curiosidad y preguntaban, aunque algunos, a pesar de las explicaciones, en el fondo seguían juzgándome por exhibicionismo. Y es que como con todo, es fácil hablar y juzgar desde fuera, pero si uno no lo vive, no se imagina lo incómodo y hasta doloroso que puede resultar andar por ahí con las tetas repletas.


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22 jun. 2016

El parto

Esta es la historia de un PVDC, el fin de un caminito interior que comienza aquí, y la cura de la herida profunda que deja una cesárea.

¿Por qué en casa? Recuerdo mi paso por el hospital: la cantidad de gente, la cantidad de luz, el frío, la falta de intimidad y confianza, el no saber qué está pasando... imagino que todas esas cosas no son muy propicias para un parto, y pensé que lo serían mucho menos para mí, que no  me gusta la gente así en general, que me da mal rollo que me toquen extraños por muy médicos que estos sean, que me cuesta intimar, que me cuesta confiar... Pensé que aunque diera con un hospital medianamente respetuoso, todos esos factores me bloquearían, me impedirían avanzar y acabarían teniendo la excusa para practicarme todas las rutinas posibles, hasta probablemente acabar en otra cesárea. Así que no le tuve que dar muchas vueltas, lo vi siempre bastante claro.

Elegir una comadrona también fue fácil. Para empezar, escribí unos cuantos e-mails y me dieron unas cuantas puertas en las narices en plan: "enhorabuena, bonita decisión, no atiendo cesáreas previas, es que vives muy lejos y yo de la ciudad no salgo, pero oye, suerte y buen rollo". La primera que me contesta sin negativas es Imma Sàrries. A los pocos días la llamé y quedé con ella y me gustó mucho. Aún me quedaban algunas visitas que hacer, pero después de visitar al día siguiente una casa de partos de mi zona y sentir que la comadrona quería venderme de todo pero ganas de atender mi parto tenía cero, decidí que para qué perder más tiempo, que con Imma ya lo había visto claro y que a tope con ella. Y desde la primera a la última visita fue como ir a charlar con una amiga. Siempre pensaba que la siguiente visita sería más corta, pero no. Siempre había cosas que contar, siempre había más información, y nunca había prisa. Acabé tan bien informada que no quedaba sitio para ningún miedo. A lo largo del embarazo aprendí todas las cosas que podían pasar y cómo actuar. En mi última visita estaba enorme en tamaño, en felicidad y empoderamiento. Y me sentaba tan bien que estaba radiante y monísima de la muerte. Pasaban cuatro días de la semana 39.

Me desperté a las 3 de la madrugada siguiente con ganas de cagar. Me fui al lavabo y empecé a empujar, pero nada. Tenía unos retortijones como de diarrea, de los de o corres o te manchas. Pero nada. Volví a la cama hasta el siguiente retortijón. "Mierda, esta vez sí que me cago", y corrí al lavabo de nuevo. Pero nada. A la siguiente ya me cogí la tablet y me eché unas partidas de frozen free fall para distraer la mente a ver si salía algo, pero nada. Desvelada me fui al salón, puse música e intenté relajarme. La tarde anterior me dijo Imma que el bebé estaba en posición occipito posterior (cabaza abajo pero mirando al frente), cosa que no era favorable para el parto, y me recomendó pasar tiempo a cuatro patas, que fregara el suelo a la antigua usanza, por ejemplo. A las horas que eran no me apetecía mucho ponerme a limpiar, así que simplemente me puse a gatas en la alfombra apoyada en mi pelota gigante. Así me pasé horas, cantando y meneando el culo, rotando suavemente sobre la pelota, hasta que se levantó mi Lord. Eran sobre las 7.

—¿No has dormido nada, no?
—Pues no. Creí que tenía ganas de cagar, pero como esas ganas vienen y van de forma repetida y constante, empiezo a pensar que igual son contracciones. Como nunca las he tenido, no las identifico, yo qué sé. Tampoco duelen tanto como pensaba.
—Pues llama a Imma.

Emoción...

La llamo y le cuento lo que siento. Me dice que sí, que pueden ser contracciones, pero que si no son largas y constantes no son de parto. La verdad es que eran bastante largas. Algunas llegaban al minuto, pero los intervalos no eran siempre los mismos. Me apetecía mucho meterme en la ducha, y ella me dijo que lo hiciera, que eso me aliviaría. Que si no eran "las de verdad", se pararían y ya volverían cuando estuviera de parto. En la ducha me sentí  muy bien, pero no pararon. Así que, aunque ninguna de las dos lo tenía del todo claro, Imma se decidió a venir, para que me sintiera segura y porque a veces la cosa se acelera cuando una ve a la comadrona. Es como que se retiene y cuando ya está todo en su sitio por fin se deja llevar. Hay que decir que vivo en un monte a 70 km. de la ciudad, y tampoco era cuestión de esperar al último momento. 

Llegó y se fue. En efecto, no eran las contracciones de verdad. Ya me parecía a mí...  lo estaba llevando demasiado bien, todo el rato pensaba: pues no duele tanto. Y eso no podía ser, porque yo soy muy pupas. Pero la visita sirvió para que me diera una buena noticia. Debido a la lejanía de mi casa, me pidió permiso para hacer un tacto y poder valorar si valía la pena quedarse o mejor se iba y me dejaba a lo mío. Así que accedí.
—Bueno, no estás de parto, pero durante la noche habéis estado trabajando. El cuello del útero se ha borrado y has dilatado un centímetro. Además, el bebé ya se ha colocado bien. 

¡Bien! ¡Hemos estado trabajando! Y mi bebé ya está en occipito anterior (cabeza abajo y mirando hacia atrás). Ha servido pasarme la noche a cuatro patas. Sea como sea, parece que estamos en marcha. Es lo más emocionante que me ha pasado nunca. La emoción me borra el miedo al dolor que siempre creí que tendría. Y hasta ahora lo llevo muy bien. Imma me dice que aunque tenga contracciones, debería intentar dormir entre ellas, y le hago caso. Es difícil, pero comemos temprano, y después de comer, nos metemos las tres en la cama, y volvemos a dormir. Estoy tan cansada que lo consigo. Despertándome a cada contracción, sí, pero los ratitos descansados son muy reparadores. 

Por la tarde los intervalos entre contracciones son muy cortos, pero aún no son regulares. tan pronto los tengo de 3 minutos, como vuelven a 10. Es muy desconcertante porque no sé a qué atenerme. Hablo con Imma varias veces. Me pregunta si quiero que vaya y yo prefiero esperar. No quisiera que volviera a subir para nada, o que su presencia me bloqueara y se me volvieran a espaciar los intervalos. Llega a eso de las 8. Va pasando el tiempo y las contracciones, cenamos, metemos a Niobe en la cama, la luz está baja, todo está tranquilo y las contracciones no duelen mucho, aunque ya tan seguidas cansan. Pasadas las 12 de la noche, pregunto cómo vamos porque empiezo a estar bastante cansada y aburrida. Solicito un tacto y me llega el sopapo: Estoy igual que por la mañana. Todo iba muy bien hasta ese momento, me siento fatal, siento que no avanzo, que no soy capaz, que no voy a soportar pasarme otras 20 horas así, que tengo sueño, que me lleven al hospital a que me droguen. Ambos me dicen que no quiero eso, que vale que la cosa está algo incierta, pero que en el hospital sí que sabemos lo que hay... Sí, lo sé. No les hace falta mucho para convencerme. En realidad todas sabemos que no quiero ir, solo descansar.

Para acelerar el proceso, Imma me propone una maniobra Hamilton y la acepto. Ese fue el primer dolor real. Hasta entonces, las contracciones eran llevaderas, Imma me ponía las manos en la espalda cada vez que venían, y los tactos eran tan suaves que ni me enteraba. Pero la maniobra, una vez empezada había que terminarla, y si pillaban contracciones había que aguantar y seguir. Contamos juntas hasta diez las vueltas que dieron sus dedos en mi cuello del útero, tratando de despegar la bolsa. Ahí sí que grité como una posesa y creo que fue cuando Niobe se despertó. Al acabar la maniobra volvimos a lo de antes: yo iba teniendo contracciones, a veces en la pelota, a veces de pie, a veces a gatas en la alfombra... Imma me hizo un masaje muy reconfortante con unos aceites que olían muy bien. Niobe se acurrucó con su padre en el sofá y se volvió a dormir. Carlos e Imma también echaron alguna cabezada, incluso yo, entre contracciones, haciendo el menor ruido posible para que todos descansáramos como pudiéramos, hasta que el dolor de las contracciones empezó a parecerse a lo que imaginaba y mis quejidos se volvieron más fuertes. Eran sobre las 4 de la madrugada y estaba dilatada unos 4 cm. No era suficiente y yo me volví a desesperar. La siguiente propuesta fue romper la bolsa. Accedí. Me senté en la silla de partos con bastante miedo, recordando el dolor de la maniobra anterior, pero esta fue más rápida y menos dolorosa. En seguida sentí el calorcito de las aguas al romper. Y volvimos a esperar. Aquí ya no sé cuánto tiempo pasó. Las contracciones empezaron a ser fuertes y en el siguiente tacto ya estaba de 7 cm. Entonces llegó el momento de preparar la piscina. ¡Por fin! Eso me animó mucho. Les veía inflando y llenando y yo empecé a pensar que en el agua dolería menos y me relajaría y acabaría en seguida... Empezaba a salir el sol. Eran sobre las 6.

Y tan en seguida. Aquí llega la escena "montaña rusa". Las contracciones son tan fuertes que me tiembla el cuerpo. En una de ellas, estando a gatas sobre el sofá, veo que me sale un chorro de sangre. Al contrario que Carlos, que se preocupó (sintió "curiosidad científica" es su versión), yo vi la sangre como una esperanza, como que la cosa ya iba en serio, como que ya estaba bien de contracciones de pacotilla y habíamos pasado a la acción. Sentía a mi bebé descender. Ahora sí sentía que estaba de parto. Pero entonces, después de uno de los controles de latido que iba haciendo Imma, dijo que había que ir al hospital. ¡No jodas! ¿Qué? Yo no sabía nada ni entendía nada, pero cuando estás en medio de algo así y te dicen que al hospital, pues nada, asumes que al hospital. Estaba claro que algo iba mal, pero yo no quería saber el qué, ni tenía fuerzas para preguntar. Sólo me sentí fatal. Se me había pasado por la cabeza ir al hospital cuando veía que estaba todo parado, pero tener que salir al hospital cuando ya me veía pariendo me desmontó el mundo. Carlos y Niobe se vistieron en seguida. Yo me abroché la bata y me dispuse a dejarme llevar. La piscina se quedó a medio llenar y con esa imagen se me rompió el sueño. No podía hacer más. Pensaba en cómo iba a meterme en el coche con las contracciones bestiales que tenía y sin apenas poder cerrar las piernas. Lo sentía allí mismo. pero no pudo ser... No tenía fuerzas ni para echarme a llorar.

La siguiente vez que Imma puso el doppler en mi vientre se canceló el viaje. En el último tacto, la dilatación era completa y la cabeza del bebé estaba allí mismo. Lo que fuera que iba mal, al parecer ya iba bien. Yo seguía medio ida y sin saber muy bien qué pasaba. De repente pasamos del chill out a la pelea con el malo malísimo del final de la partida. 
—¡Este bebé tiene que salir ya! ¡Empuja!
Y empecé a empujar sobre la silla de partos, que es un taburete en el que estás como de cuclillas pero cómodamente sentada. Un inventazo. 
—¡Arriba! Respira hondo, envíale aire al bebé. —Imma me ayudaba a levantarme y respiraba. 
Y otra vez sentada. 
—¡Empuja! —Y otra vez... Y así, bajando y empujando, levantándome y respirando, no recuerdo cuántas veces hasta que me sugirió irme al sofá para no desgarrarme. Reptando hacia allí, me pillaron a gatas las últimas contracciones y allí me quedé. Empujando y sintiendo la cabeza salir. Luego me di la vuelta para cogerle. Toqué su cabecita y en el último empujón, salió hacia mis propias manos. 

Y ya. Mi bebé en mi pecho y el mundo parado de golpe.  



En cuanto pude, bajé a la Tierra y miré la carita de Niobe. Tenía esa expresión de no saber si reír o llorar, tenía una emoción extraña, nueva, inmensa. Carlos había aguantado como un campeón sin desmayarse. No os equivoquéis, no es un blandengue. Es un tipo tan duro que puede ir a urgencias con un cólico nefrítico y entrar caminando tranquilamente mientras yo busco aparcamiento y los médicos flipan, pero no le enseñes una aguja que se pone tenso. En fin, que a pesar de la cantidad de sangre espurreada por el salón, estaba entero y emocionado. Imma también estaba emocionada. Una pensaría que no, que eso forma parte de su vida y como lo ve todos los días ya no le afecta, pero no es así. Supongo que cada nacimiento es maravilloso a su manera. Y yo volví a envidiar y admirar su profesión. Sobre mi pecho, lo secó con una toalla, le dio calor, contó los deditos de sus manos y sus pies, y comprobó que todo funcionara bien en su cuerpecito diminuto. Todo el resto transcurrió con mucha calma, muy despacito. Alumbré la placenta, me cosió un desgarrillo, pinzó el cordón, Carlos lo cortó, nos enseñó la placenta y cómo funcionaba, me hizo un batido... Yo estaba cansada, pero menos de lo que esperaba. Pasé todo el embarazo baja de ferritina y aun tomando suplementos no logré llegar a los niveles normales. Pensé que estaría hecha una braga pero no. Al acabar la sutura, Imma me ayudó a entrar y salir de la ducha. Y muy bien. No me mareé, ni me caí, ni nada. Podía caminar, estar de pie, ducharme... me parecía un milagro, teniendo en cuenta que después de la cesárea estuve totalmente inútil. El batido me sentó muy bien y en mi caso creo que era necesario. Tengo que reconocer que aunque la idea de ingerir mi placenta fue mía, al principio me daba cierto repelús, me imaginaba como Daenerys Targaryen comiendo corazón de caballo a bocados. Pero no. Estaba mezclada con fruta y verdura y sabía bien, me lo fui tomando a poquitos con una pajita como quien se toma un coco bongo en la playa, y no fue nada desagradable.

Se marchó a media mañana, habiéndose asegurado de dejarlo todo en su sitio. Yo estaba estupenda, el niño estaba estupendo, sangre bien, lactancia bien, familia bien... Comimos temprano y nos fuimos a echar una siesta. Nos metimos los cuatro en la cama y dormimos horas. Nuestra primera siesta a cuatro. El final de mi aventura de parto con el buen sabor que deja haberlo conseguido, con una nueva sensación de fuerza y poder que me ha cambiado un poco por dentro, y el principio de una nueva aventura con un nuevo personaje al que llamaremos Conan, "pequeño lobo" en gaélico. 
A mí podéis llamarme mamá loba a partir de ahora. Gracias. 😜

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14 may. 2016

El día que tuve la sífilis

Un día acudo a una consulta de rutina de embarazo al ginecólogo, en consultas externas del Hospital de Igualada. Que aún no entiendo el objeto de aquella visita, porque la verdad es que solo era para darme los resultados de la analítica del primer trimestre, y como consulta no hicieron nada más que pesar y medir, que ya me lo hace la matrona en el CAP, al ladico de casa. Pues bueno, el objeto fue decirme que tenía la sífilis delante de mi familia. Así, sin más. Con el hermoso letrero que tienen en la sala de espera, en el que dice que respetan la confidencialidad del paciente porque es su derecho y tal y cual (justo al lado de otro que dice que niños no permitidos en las ecografías, que de eso ya hablaré también en en otro post, porque no veas la que nos liaron por a la niña, que al parecer los cartelitos los cuelgan para pasárselos ellos por el forro, pero a ti ni se te ocurra). Ganas de hacerla a una dar viajes, oiga.




La cosa fue así:
Llego sola porque mi señor y la cachorra se van a buscar aparcamiento. Espero un rato y la enfermera de la consulta me llama, y cuando creo que voy a pasar, me dejan en la puerta como si se hubiera generado un campo de fuerza repentino, la ginecóloga y la enfermera cuchichean entre ellas y finalmente me dicen que los resultados del análisis no han llegado, y que me espere un rato. Yo digo que cuánto es un rato, si es un rato de esperar un poco o de irme a hacer la compra o algo útil. Y me dicen que no tanto, que me muera un poco de asco en la sala de espera y que me llaman en seguida. Vienen los que faltan y a la media hora o así, cuando sale me levanto y pregunto. Entonces ya sí que me dicen que me de un paseo si quiero.
Nos paseamos durante más de dos horas. Volvemos y ya en la sala de espera, cuando vuelve a salir la enfermera a hacer la llamada, nos mira incómoda, entre a cuchichear con la ginecóloga y nos hace pasar. Y ahí empieza todo.

Tiene los papeles encima de la mesa y nos mira raro, habla titubeando y con poca seguridad, dice cosas como que no acaba de saber interpretarlo y tal y cual, aunque su tono es como el de quien está hablando directamente con un cadáver. Y me dice que es que tengo sífilis. Ella no entiende los resultados, dice que por una parte dice sí y por otra dice no, que está esperando al doctor de al lado que sabe más que se lo confirme, pero aun así, no habla de posibles falsos positivos, no da esperanzas, ni mucho menos información, porque no tiene ni idea. No piensa que es poco probable, que se dan poquísimos casos y suelen ser en condiciones sanitarias deplorables, que yo vivo en un lugar civilizado, limpio y con acceso a la sanidad, que estoy casada, que tengo un aspecto limpio y saludable, que no tengo llagas... Y no dice nada más. Mi marido y yo nos quedamos flipando, y con cierta incomodidad, porque claro, estamos hablando de una enfermedad de transmisión sexual. Silencio. La doctora nos mira fijamente uno al otro deseando tener unas palomitas o algo para picar, esperando el momento en el que nos gritamos o nos matamos o algo así. Pero eso no pasa. Pasado el momento de incredulidad empezamos a hacer preguntas: Que qué síntomas tiene, que si a mí me suena que eso da llagas y yo no he tenido nunca, que si cómo voy a tener sífilis sin darme cuenta...
Dice que la enfermedad igual la he tenido hace tiempo y por eso salen anticuerpos en los análisis, que las llagas las puedo haber tenido dentro de la vagina o de la boca y no enterarme por no verlas...
Pero se las habría contagiado a mi marido, ¿no? Y a él sí que se le verían porque lo suyo va por fuera... Y vuelve con que bueno, que alomejor la tuve hace tiempo.
¿Pero cómo voy a tener y superar una sífilis sin enterarme? Que no es que sepa yo mucho del tema, pero la palabra sífilis me suena a:

  1. Enfermedad chunga que te puede matar (y que evidentemente hay que tratar, no es que se vaya sola sin enterarte).
  2. Llagas, pústulas y cosas poco bonicas de ver.
  3. Prostitutas del siglo XV.

Ella apenas sabe qué contestar. Te da el diagnóstico, sin contrastar, sin validar, dándolo por bueno por confuso y raro que sea (quiero pensar que no es porque soy negra y mi marido lleva chupa de cuero y pelo largo, pero vete tú a saber) y no te dice qué hacer o cómo llevar tu vida después de soltar la bomba. Y lo mejor de todo, sin respetar mi derecho a la privacidad, sin sacar a mi marido de la consulta, y creando sospechas muy gordas de infidelidad, que porque somos civilizados, pero esto le pasa a otra pareja y se puede liar parda, que cada día hay mujeres que se llevan una paliza o una cosida a puñaladas por mucho menos.

Y después de un montón de preguntas sin respuesta, y de esperar a lo tonto al médico sabio que iba a despejar las dudas de todos, (que al parecer tampoco era tan sabio porque se había escaqueado por ahí y nadie lo encontraba), nos mandan a casa con un "ya te llamaremos luego y te contamos". Y vivir en el infierno un día entero sin noticias de nadie hasta que tú misma llamas al día siguiente para preguntar qué pasa, pero tampoco parecen encontrar al "doctor escurridizo" (que yo preferiría al "doctor macizo", pero mira, me tocó este).

Total, tarde perdida investigando en Internet, llegando a las siguientes conclusiones:

  1. Que en algunos análisis pueden darse falsos positivos, y una de las causas entre otras, es el embarazo.
  2. Que aunque hay cierto rebrote, sigue siendo una enfermedad poco extendida. 
  3. Que uno puede contagiarse sin darse cuenta por llagas internas ocultas, como en boca o vagina, o por alguien que está en una fase de la enfermedad que no ha desarrollado llagas visibles aún. Pero en cualquier caso, practicando sexo seguro es tan difícil como que le toquen a una los euromillones. 
Cuando logramos hablar con el "doctor que sabía de qué iba la cosa" (que suponemos que hizo lo mismo que nosotros, buscar la información porque no tenía ni pajolera idea), nos dijo que seguramente era un falso positivo y que repetiríamos los análisis para estar todos más tranquilos. 
Al parecer, hay dos pruebas que van juntas. La que se hace primero es como de criba, y si esta da positiva, se hace una segunda para confirmar el diagnóstico. Y resulta que antes se hacía al revés. Primero se hacía la segunda, y si esta daba negativo ya no había lugar a dudas. Pero al parecer debe ser más cara, así que han cambiado el procedimiento. Y si tienes suerte y te sale negativa la primera, no te dan el susto, pero si resulta que la primera sale positiva, aunque la segunda salga negativa ya te comes el mal rollo, porque encima has tenido la suerte de ser la primera y nadie se ha enterado de que ha cambiado el procedimiento. A mí euromillones no, pero marrones los que quieras.

Y finalmente, vamos a nuestro CAP. Mi marido solicita unas pruebas para él, para descartar del todo, y de paso un chequeo completo porque somos tan sanos que al médico de cabecera ni lo conocemos aún. Y este nada más explicarle la historia le dice, casi partiéndose de risa, que le hace los análisis para ver qué tal todo pero que fijo que es un falso positivo, que en embarazos suele darse. Y cuando voy a mi comadrona, lo mismo. Ah, eso es un falso positivo por el embarazo. La mar de tranquila. 

Así que: un fuerte aplauso por el personal del Hospital de Igualada, que parecen ser los únicos empanaos que no saben interpretar un análisis, o que se aburren mucho y la lían para ver qué pasa.



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11 may. 2016

Forever young

Sí, es una canción de Alphaville que no te sonará mucho si no creciste en los 80. Pero además, es una especie de calificativo despectivo que han inventado unos amigos para referirse a una compañera, por ser una mujer de más de 40 que aunque sigue siendo guapa y esbelta (cosa que para mí no es relevante), tiene la osadía de llevar camisetas de tirantes, pantalones tejanos y una coleta alta. Y claro, a mí me indigna bastante.

Cuando era joven, (y digo joven como cuando pensaba que las señoras de 40 ya eran viejas), pensaba que era triste que las señoras, cuando llegaban a cierta edad, todas llevaban los mismos trajes y los mismos peinados. "Yo no seré así", pensaba. "Yo cuando sea vieja seguiré llevando lo que me gusta, no ropa de vieja". Y ese es uno de los pocos pensamientos que tenía de joven que no ha cambiado radicalmente con la madurez. Puede que mis gustos al vestir hayan cambiado, pero no visto de vieja. Y me da rabia ese pensamiento generalizado que dicta que a según qué edades no te puedes poner según qué cosas "porque no te queda bien", "porque quieres aparentar lo que ya no eres", etc.

Pues yo soy la misma persona. Y en muchas cosas sigo teniendo los mismos gustos. No me visto siempre igual porque no tengo siempre el mismo estado de ánimo. A veces soy hippie, a veces soy heavy, a veces soy pin up, y a veces llevo camisetas de teleñecos o de superhéroes de cómic. A veces llevo ropa vieja. Pero muy vieja. Ropa que me ponía a los 20 años, y que aún dura porque antes la ropa se hacía de otra forma, y sí, ya sé que es una típica frase de vieja, ¡pero es que es verdad, oiga! Y a veces me pongo una camiseta y un pantalón de chándal porque no me apetece nada.

A veces me dejo el pelo largo, y a veces me lo corto porque se me ha enredado mucho y me da pereza peinarme. A veces llevo dos trenzas porque el pelo recogido se me reseca menos y ahora que lo llevo corto no me llega para hacerme una sola. A veces llevaba dos trenzas con el pelo largo. Y a veces me hago dos coletas altas que quedan como dos pompones con mi pelo corto y rizado.

Y siempre, siempre, hago top less en la playa, aun con mis pellejillos de cuarentona que ha amamantado 4 años y ha quemado el sujetador, porque no me gustan las marcas y porque el color del sol me coge rápido. Y me gusta dorarme uniformemente por gustarme yo, y no para enseñar las tetas a los demás.

Así que supongo que yo también soy una forever young de esas. Pues vale. Me alegro de seguir siendo yo misma y de sentirme bien pese a lo que piensen o lo que parezca. Y que nos dejen en paz ya. A las personas corrientes y a las famosas. Que nos dejen los medios y que nos dejen los vecinos, los compañeros, los twiteros y toda esa gente que critica más y más alto detrás de un teclado. Que nos dejen envejecer como queramos o como podamos, pero que nos dejen.

Hacía tiempo que me rondaba este post por la cabeza, cuando descubrí lo del "insulto" este. Pero volvió ayer, escuchando la radio, cuando un lelo que cobra por hablar hizo un chiste mutonto relacionando el nombre y la talla de uno de los mejores cantantes y compositores de rock de mi época, que ha vuelto a los escenarios después de un largo retiro, pero sólo se habla de su físico. A los hombres también les pasa. XXL Rose, dijo el pollo. ¡Grrrrrr!

Y bueno, para acabar la reflexión, te dejo con el vídeo de esta canción. Da un poco de cosica, sí, pero los 80 daban bastante cosica en general.





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27 ago. 2015

De la literatura romántica a la bazofia nociva

... hay una línea muy fina, pero un abismo significativo.

Hace cosa de un año que cambié radicalmente de tercio (otra vez) y di el salto al mundo editorial. Y hace un par de días mantenía con mi jefe una de esas acaloradas conversaciones que cuando terminan (o no terminan, simplemente se cortan porque cada uno va a seguir con lo suyo y ya da igual) tienes la sensación de que te has explicado con el culo o que el otro no ha entendido una mierda. Y como me quedé con un regustillo amargo he decidido explayarme por aquí. La cuestión es que el superventas de la editorial es una novela romántica. ¿Algo en contra de la novela romántica, así, en general? Pues no. Ahora bien:

Yo puedo leer una novela, romántica o no, cerrar el libro y pensar en si me ha gustado mucho, poco o nada, y seguir con mi vida. O puedo leer una novela y pensar que es lo mejor de lo mejor, y quedarme como obsesionada con ella y entrar en el fenómeno fan, junto a otros miles de lectores. Hasta aquí bien. Hay miles de fans de Harry Potter, de Juego de Tronos o de 50 sombras de Grey, que son géneros muy distintos y que demuestra que cualquiera es susceptible de convertirse en un groupi literario.

Pero resulta que el ladrillo literario que lo está petando (ladrillo, sí, un tocho de casi 700 paginacas) es la típica historia de amor adolescente, donde la chica sosa se enamora del chico malo, que deja de ser malo porque él también se enamora de ella, pero no deja de ser celoso, posesivo y acosador porque está muy enamorado, y a ella le parece bien porque así demuestra lo mucho que la quiere. Y resulta también que van muriendo mujeres, pero ahora digo en el mundo real, mujeres de verdad, maduras y jóvenes, algunas mueren con sus hijos y otras solo pierden a sus hijos (que no sé qué es peor), y nos preguntamos qué está fallando.

Y la discusión a la que me refería venía a ser que, desde mi punto de vista, nos llenamos la boca diciendo que falta educación. Pero la educación uno se la imagina siempre en un aula, con unas señoras o señores que te dicen lo que está bien y lo que no, y ya está. Sales de esa aula y ya te dan por educada o educado y a seguir con las matemáticas y el inglés, que eso es lo que importa. Y no. La educación no va de charlas ni de materias, la educación se inculca a diario, en lo que ves, en lo que percibes, en cómo te trata el mundo y cómo le tratas a él, y se introduce en tu cerebro aunque no quieras. Y si yo leo novelas, y no solo las leo, sino que me enamoro del protagonista y pienso que es un amor perfecto y que es normal que un chico que te quiere controle tu vida y tenga celos por todo, me estoy educando con una idea equivocada del amor. Cosa que empeora al suceder a edades muy tempranas.

Su punto de vista es que también hay gente que critica Dragon Ball por ser violento, y que es una tontería, que los niños no van a salir a pegar ostias por ahí por ver una serie de dibujos. Que el fenómenos fan es de toda la vida, que ahora son novelas románticas como en mi tiempo podía ser la Superpop, y que es lo mismo y que lo saco de madre.

Vamos a ver. Los dibujos son dibujos, y son fantasía. No hay nada más fantástico que los dibujos animados, porque no son reales, no son personas, ni animales, ni nada, sólo son dibujos. Hasta mi hija de 6 años lo dice. Se puso a llorar desconsolada cuando mataron a una mamá ballena en una peli de piratas, pero en los dibujos puede pasar cualquier cosa, por muy bestia que sea, que nada le espanta. En los dibujos te puede explotar una bomba en la boca y lo más que te pasa es que te pongas negra y te despeines. Es que la simple mención de unos dibujos animados a modo comparativo me pone de los nervios. Y luego la Superpop. ¿En serio? El fenómeno fan en la Superpop o en cualquier revista (yo es que era más de Metal Hammer) está relacionado con la música. Bueno, vale, también con lo guapo que pueda ser el cantante de turno. Pero ya está. Eso no iba de amor, ni de romanticismo, ni de relaciones ni de ideas erróneas acerca del tema. ¿Qué comparación es esa? ¡Por favor!

¿Y 50 sombras de Grey? Pues sí, un fenómeno, no lo vamos a negar. Pero tampoco vamos a negar que también es nociva. Ahora bien, la principal diferencia entre esta novela y la novela a la que nos referimos, es que el público objetivo es adulto. Obviamente la leen también adolescentes, no lo puedes evitar. En cualquier caso, el plato fuerte en este caso son las relaciones sexuales explícitas. Y estas, al suceder en un entorno BDSM, han atraído tanto la atención por otro problema de educación de base: la falta de libertad de la mujer frente al sexo. Esto lo leí hace días en un artículo que me gustaría enlazar, pero no soy capaz de encontrar. Una psicóloga explicaba que, aunque nos creamos muy modernos, el sexo violento o no consentido puede excitar a muchas mujeres de forma consciente o subconsciente, por no disponer de completa libertad sexual y estar aún socialmente mal visto que una mujer pueda disfrutar del sexo libre y a voluntad. Creo que el éxito de 50 sombras radica en el sexo y en el tipo de sexo, y no en la relación en sí. Y lo dicho, en una mujer adulta, lo más que puede despertar es la curiosidad hacia cierto tipo de prácticas sexuales, incluso fantasear con tener un rollete con un tipo rico que te lleve en helicóptero a donde te plazca con solo chasquear los dedos. Pero una mujer adulta sabe o debería saber que un hombre no puede decidir por ti asuntos que van desde qué te pones y con quién sales hasta cómo, cuándo y con quién debes parir a tus hijos.

¿Y entonces qué hacemos? ¿Prohibir las novelas románticas?

Yo creo que prohibir tampoco es educar. Pero sí creo que es un problema grave que este tipo de literatura tenga tantas fans, y que no podemos cerrar los ojos y decir que no pasa nada, solo porque sea un negocio y haya que defenderlo. Y el problema no es que exista esta literatura, sino que lleve la etiqueta de Infantil/Juvenil, que mueva a tantas chicas jóvenes, que consuman este tipo de literatura y nada más, que asuman el control, los celos y la violencia como algo cotidiano y que las propias autoras, siempre femeninas, describan este tipo de relaciones porque son las que conocen y consideran ideales. Que se reúnan real y virtualmente para fantasear sobre estas obras, para hablar de amor verdadero en los términos de las novelas que les apasionan. Así que no me vengas con que es ficción, porque no. Hay novelas en las que se distingue la ficción perfectamente, y hay novelas de hechos cotidianos y vidas que transcurren entre el instituto o el trabajo, en las que puedas pensar que todo lo que pasa te puede pasar a ti. Y lo nocivo es desearlo. Es querer encontrar a ese chico ideal, que ya no es un príncipe, y aunque al príncipe también últimamente lo pintan muy chungo, eso también es fantasía clara y al lado de este fenómeno emergente, se queda muy corto. Ahora es un chico malo que, como te quiere mucho y es guapísimo, da igual. En realidad, es tan guapo que el mero hecho de que te haya elegido a ti, lo vale todo. Pero ya veremos cuando la cosa se tuerza. Cuando llegue la parte de la novela que no publicamos.



La conclusión fue que nadie tiene la culpa, que violencia machista ha habido siempre, lo que pasa es que ahora se ve más en los medios porque también hay más medios. Con un par. Asumimos el machismo y la violencia y aceptamos que esto es así de toda la vida. Así lo arreglamos todo y a otra cosa mariposa. Y así nos va con todo.

Y como con esto no quiero demonizar la novela romántica en general, aquí os dejo un comentario que hizo mi lord (que es corrector entre otras cosas) a la autora de la última novela corregida:

Me ha gustado mucho. He corregido más novelas románticas de las que me gustaría (no es mi rollo, para qué mentir), y esta es la primera en la que los personajes funcionan como personas de verdad, y no como estereotipos sexistas. En las dos novelas que corregí antes de la tuya, las chicas no demuestran, pobres, ninguna virtud real. Dependen en todo de su enamorado, que siempre es el chico malo (y guapo a más no poder, popular, deportista, superseguro de todo), que, al conocerlas, se vuelve bueno de golpe, está por ellas como si el mundo a su alrededor no existiese y está siempre ahí, como un acosador: no las deja ni un segundo, ni a sol ni a sombra, y lo suyo es fantástico y único. Lo único que importa es el amor enfermizo entre el chico y la chica y no, como en tu caso, la verdadera vida emocional de los personajes (amistades, familia, novios/as y la propia realidad interna de la persona en sí, muchísimo más rica, compleja e interconectada que una relación macizorro/chica).  Yo creo que toda escritora y todo escritor tiene una responsabilidad, y estos personajes que te he descrito promueven, en realidad una idea muy nociva de las relaciones entre personas.
Me han gustado Lucrecia y Pancracia (aunque necesitan, ambas, un par de collejas de vez en cuando) y, aunque siguen siendo protagonistas y les pasan cosas de protagonistas, son muy reales, están muy vivas y dan una buena idea de lo que una mujer puede decidir para no ser una muñeca de plástico. La memoria me dice, de todas maneras, que los Raimundos del mundo nos solíamos quedar sin amiga y sin novia, y los Ambrosios resultaban ser unos mierdas el 90% de las ocasiones.
Me gusta que publiques con nosotros. Espero que tengas mucha gente que te lea y que vuelvas a publicar más.*
*Los nombres me los he inventado yo.

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16 ago. 2015

#HastaElCoñoYa #NiUnaMenos

Y no me curro nada el título a propósito. Alto y claro. Nos están matando y nadie hace nada.

Me estoy acordando de cuando se aprobó el matrimonio homosexual en la totalidad de E.E.U.U. y me quejé por Facebook de las campanas que echaba al vuelo la mayoría de la gente. Todo era alegría y alboroto y cambios de foto de perfil por una con fondo multicolor. Porque así es la bandera gay, colorida y alegre como su nombre indica. Y, ¡ojo! No me molestaba la nueva ley, ni que hiciera feliz a la gente. Lo que me molestaba, (a parte de no entender a qué venía tanto follón, cuando ya había unos cuantos países que habían llegado antes), era el bombo que se le da sistemáticamente a algunas cosas, y lo mucho que pasan desapercibidas otras. Es como dejarse llevar por una marea, que percibo como algo parecido al fútbol: no es que a todo el mundo de verdad le importe, pero siempre mola subirse a la ola y sentirse parte de algo muy gordo.
Y resulta que unas pocas semanas antes de eso, se aprobaba una ley que criminaliza la mutilación genital femenina en Nigeria, que no es el mundo entero, pero es un gran paso y un precedente. ¿No es esa un gran avance para los derechos humanos? Pues no vi el artículo compartido por la mitad de mi lista de amigos, no vi cambios de perfil, no percibí el júbilo. Porque todo el mundo tiene un "amigo gay", pero casi nadie tiene una amiga nigeriana mutilada.

Y de nuevo, en estos días de dolor, rabia y protesta siento algo parecido. Un sector de las redes sociales se revoluciona. #BastaYa #HastaElCoñoYa #NiUnaMenos #MachismoMata... Pero me doy cuenta de que somos siempre las mismas. Solía pensar que las redes abrían puertas y mentes, y ahora veo que a cada uno le importa lo que le importa, que lo que sea, si no va conmigo, no merece un me gusta, un compartir, ni mucho menos una lectura, porque el tiempo escasea y no podemos leerlo todo. Hasta tengo seguidores en Instagram a los que no les gusta nada que no tenga una figura de playmobil. Que vale que tengo lo mío de friki, pero también sé implicarme en las cosas importantes, joder. Y sigue cada loco con su tema.

Y tampoco hay una marea de cambios de imagen de perfil, ni de compartir las noticias ni los artículos al respecto, no hay una unión ni unas ganas de sentirse parte de algo gordo. Porque no hay júbilo, ni banderas de colores ni camisetas con números en la espalda. Y como nadie quiere vestir el luto, nos conformamos con decir "qué pena" y seguir con lo nuestro.
Por mi parte, entrar en mi videojuego favorito y suicidarme para cambiar mi foto de perfil por esta.


Me gustaría tener un bonito dibujo, como siempre, pero no dispongo de mi lord ilustrador siempre que se me antoja, y este post quema demasiado. Y curiosamente, la imagen es de lo más significativa, porque a las mujeres no se nos mata. Las mujeres somos encontradas muertas. Es algo que nos pasa por ser mujeres, y ya está.

Y es por eso que nada cambia. Porque es normal. Y decía yo que ahora que las víctimas de violencia machista superan a las víctimas de ETA, algo habrá que hacer, los políticos empezarán a poner medidas, lo incluirán en los programas como hasta ahora se ha incluido el terrorismo, ese con el que tanto se llenan la boca, ese que hay que erradicar porque es el mayor mal de la sociedad.
Pero eso no va a pasar, porque el terrorismo está fuera de la sociedad pulida y perfecta. El terrorismo es un enemigo común. En cambio, el machismo está en todas partes, aunque nadie es machista, claro.

Está en los gobiernos que "lamentan la tragedia" como si fuera una catástrofe natural, un accidente o algo inevitable, en los ministerios donde "las leyes son como las mujeres, están para violarlas", en los medios de comunicación, cuando las mujeres son "encontradas muertas" sin apuntar a nadie, pero las madres sí que "matan a sus bebés"... (y podría llenar el post de enlaces, pero no es plan). Está en los hombres que creen que las mujeres son de su propiedad, y en las mujeres que escriben, consumen y creen en historias de amor corrosivo. En los que ven las noticias y miran a otro lado. En los que piensan que que "ella no tenía que haber ido", que "no denunció suficiente", que "mira que no saber con quién te casas", que "no va conmigo", o que "son cosas que pasan".

¿Y qué hago yo? Pues nada. Solo subir una foto a las redes sociales y escribir un post. Y difundir noticias y compartir posts sobre violencia machista. ¿Y para qué sirve eso?  Para visibilizar lo que pasa aunque te de palo verlo, para intentar que se hable de ello y que se haga algo, para que si tengo amigos en facebook con actitudes machistas, se corten un poco y se planteen según qué actitudes al saber que me manifiesto y qué es lo que pienso al respecto. Y créeme que si eres un hombre y haces lo mismo, tendrás mucho, pero que mucho más peso. Porque no va solo con nosotras y porque en esto estás conmigo o contra mí. Porque es lo más parecido a gritar que YA BASTA, porque en mi casa no me oye nadie y en mi calle me oyen cuatro. Porque no es lo normal, porque no está bien, porque no nos lo merecemos y porque no nos morimos solas.



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29 jul. 2015

Que nadie te quite las alas

Este título parece una metáfora, pero no, lo digo literalmente y ahora te lo cuento.

Como ya he comentado alguna vez, a Niobe le gusta ir siempre disfrazada o semidisfrazada. La ropa normal es aburrida. También le gusta crear su propio estilo. Le gusta cortarse su propio flequillo, llevar mallas bajo los vestidos y las faldas, odia cualquier prenda que lleve botones, y se pone calcetines con las sandalias y se los sube bien arriba, por encima de las mallas. ¿Quién dice que no es correcto? ¿Quién soy yo para decirle que es feo o que se considera hortera? Y es más, ¿porqué me creía yo esas tonterías y hasta hace bien poco era incapaz de salir a la calle así? Y mira, lo bueno que tiene educar a otra personita es que, a veces, una se da cuenta de que tiene que eliminar su propio lastre.

También comenté hace poco que una de las cosas buenas de no ir al cole, es precisamente que nadie le puede decir qué puede o no puede ponerse. Una mañana que yo no estaba en casa, insistió en que quería llevar un vestido medieval que le hice. Y su padre, al ver que la cosa se iba a poner difícil y las discusiones si se pueden evitar, mejor evitarlas, pensó: "¿Y por qué no? Realmente, ¿qué mal hay en que una niña se ponga lo que quiera cuando quiera, aunque no sea un día especialmente programado para ponerse lo que quiera? Pues nada, que cuando la niña salió del cole, el padre se llevó una reprimenda. Que al cole se va a trabajar, y que no se puede ir vestida así, porque no es cómodo, dijo la profesora, como intentando que su prohibición tuviera lógica. Visto así, una se imagina a los niños picando en las minas o escalando andamios para poner ladrillos. "A trabajar", dice. En fin.

Y cuando pensábamos que ya éramos libres, un día la dejamos jugando en el Ikea park, que le encanta porque es un bosque. Antes de salir del coche casi olvida sus alas, pero vuelve corriendo a buscarlas, porque eran superimportantes para ir al bosque mágico. Cuando llegamos, hay un chico joven que le da el cajón para los zapatos y la ayuda a quitarse las alas para ponerse el chaleco ese que les ponen, y luego la ayuda a colocárselas otra vez.

Cuando volvimos a buscarla, había una señora mayor. Y al ver a la niña se sorprende de cómo ha entrado con las alas, dice que debería haberlas dejado en la caja, y le echa una semibronca al chico por haberlo permitido. En principio, las alas no son peligrosas. No tienen alambres salientes y están rellenas de guata y forradas de lana suavecita y gustosa. Pero el argumento de la señora era que si algún otro niño se encaprichaba de las alas, podría haber peleas. Y ahí ya lo flipé. O sea, que el día que fue a jugar la superpiscina de Lego en la exposición Lego Star Wars vestida de princesa Elsa, fue un milagro que las niñas no se abalanzaran sobre ella para arrancarle el vestido. Yo es que soy una madre inconsciente que no le quita el vestido entero a su hija y la mete a jugar en bragas para que el resto de las niñas no tengan envidia. Aunque luego resulte que todos los niños y niñas están demasiado ocupados jugando como para fijarse en lo que llevan o no llevan puesto los demás.

De hecho, soy tan inconsciente que tampoco le quito su atrezzo cuando va al parque o a cualquier otro sitio con más niños. Pero ¿sabes qué? Hay madres y padres mucho peores que yo. Los hay que llevan a sus hijos con ropa de marca, o más bonita, o con trenzas con bolitas de colores, o simplemente con el pelo más largo... sólo para que los otros niños y niñas se sientan mal, y tengan envidia.



Pero si esta chorrada me parecía indignante, es porque no tenía ni idea de cómo andaban las cosas por nuestra calle. Yo no soy muy de salir al fresco por las tardes a cotillear con los vecinos, y eso ya me hace carne de despotrique diario. Si a eso le añadimos una niña que no va al cole, la comidilla está asegurada y bien aderezada. Así que, hace un par de días, en una visita de mis suegros que sí que son más de cotillear, nos enteramos de que Niobe era una mala influencia para los niños no solo por no ir al cole (cosa que ya sospechábamos y que hasta cierto punto comprendemos, aunque no compartamos) sino por creerse un animalito. Sí, resulta que mi hija no cae bien a la gentucilla de mi calle porque lleva orejillas y cola y hace sonidos de animales (que por cierto fliparías si la oyeras, los imita a todos como si fuera un bichejo de verdad). Y la señora vecina le contaba a mi suegra que eso no es bueno, que la niña está obsesionada y cosas por el estilo. Como si no supiera que es una persona y que lo demás es un juego.

No, señora, la niña no está loca, la niña sabe que no es un animal, sabe que está jugando, y si le dice a usted lo contrario es precisamente porque usted la pincha, y la niña, como cualquier otra niña y cualquier otro niño, basta que le digas que no es un animalito para que te diga que sí lo es. Señoras, de verdad, dejen de meterse en la vida y la educación de los niños ajenos, dejen que jueguen y sueñen.

Y tú, hija mía, no dejes que nadie te controle, que nadie te corte la imaginación, que nadie te juzgue ni que critique, o al menos que no te afecte. Que nadie te quite tus orejas, ni tu cola, ni tus sonidos, ni siquiera tus calcetines. ¡Que nadie te quite las alas!

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25 jun. 2015

Un año sin cole

¡Pues ya ha terminado el curso! Y yo me entero por casualidad, por comentarios de terceros. Este año sí que ha pasado deprisa. Así que aprovecho las fechas para hacer un pequeño balance.

Al comenzar el otoño tuvimos nuestro primer encuentro con la realidad desde fuera. Un técnico vino a configurarnos el nuevo router después de una tormenta. Estuvo bastante rato, y estuvimos charlando sobre juegos porque vio nuestra estantería. También hablamos sobre lo importante que era para nosotros la conexión porque trabajábamos en casa para una editorial. Y entonces salió el tema de la niña y el cole.

—Pues no, no va al cole. La educamos nosotros mismos. Tenemos tiempo y recursos suficientes, así que, ¿por qué delegar?

Y le pareció estupendo. No pidió más explicaciones, ni puso caras raras, todo lo contrario. Que mejor así, tal como está la educación en este país... Y no es que una necesite aprobación de terceros para hacer lo que crea oportuno, pero que el primer contacto externo con el tema fuera tan positivo fue bastante reconfortante. Con el tiempo ya tuvimos conversaciones menos cortas y menos comprensivas. Siempre te encuentras a quien tiene que darle vueltas a todo.

La gente se sorprende mucho al ver niños fuera de horario. Por eso siempre preguntan. Porque enferma no parece, y no les cuadra. Niobe siempre va disfrazada o semidisfrazada. Por lo menos unas orejas y un rabo o alguno de los gorros de animalitos que le hago, siempre lleva, aunque el resto sea ropa normal. Es otra de las cosas buenas de no ir al cole. En el cole no te puedes disfrazar. Cuando iba al cole, se ponía las orejitas y el rabo cuando se acordaba, cuando los veía, los fines de semana o por las tardes. Pero fue dejar de ir al cole y llevar algo animal siempre, todos los días, dentro y fuera de casa, como parte de su identidad. Si una niña necesita disfrazarse para ser ella misma, porque un fragmento de su personalidad consiste en tener tanto amor por los animales que a todas horas juega a ser uno de ellos, esa prohibición puede llegar a ser una forma de matar lentamente su creatividad, su imaginación, e incluso un pedazo de sí misma.

Un día, fuimos a pasear por Barcelona, y toda la gente la miraba y sonreía. Iba con el disfraz completo de la pequeña pony Rainbow Dash, a hombros de nuestro amigo Juan.

—¿Porqué la gente me mira y sonríe? —preguntaba.
—Pues porque no está acostumbrada a ver niñas fuera del cole a horas de cole, ni niñas que se disfracen fuera de los días en los que hay que disfrazarse.

Otra cosa curiosa es que los niños no comen. A veces cuando paseas por una zona muy turística, te asaltan en las puertas de los restaurantes, mostrándote la carta e insistiendo para que entres a comer. Pero llevar a Niobe es un escudo. Simplemente pasan de nosotros. Sobretodo por la noche. Parece que es feo tener niños en un restaurante a la hora de cenar.

No ir al cole también da libertad de horario. Que se nos hace tarde, pues oye, mañana dormimos más y no pasa nada. El humor y el cuerpo en general está más contento y fluye mejor cuando se despierta a la hora que necesita, en vez de a toque de trompeta. Una noche, en otoño, quedamos en la playa con nuestra amiga Amanda, que había quedado con un amigo reciente que venía de Canadá. Estuvimos charlando un buen rato en inglés, y luego fuimos a cenar pizza, y Niobe pudo experimentar cómo otras personas que vienen de otros lugares hablan idiomas diferentes. Con el inglés estaba ya familiarizada. Lo mejor fue cuando fuimos de vacaciones a París, en primavera, para celebrar su cumpleaños. Le regalamos su sueño de volar en avión por primera vez y, de paso, salimos del país, que siempre es una nueva experiencia de aprendizaje.

Y bueno, a veces nos rallamos un poco porque también somos personas libres y caóticas, y en ocasiones nos da la impresión de no ponernos lo suficientemente en serio con la educación, porque no pasamos muchos ratos sentadas a una mesa, con libros y lápices y papeles. Nos preguntamos si lo estamos haciendo bien, si no necesita algo más de disciplina, y todo eso.

Pero luego pienso en mí a los 6 años. No sabía que existían otros idiomas, porque en la tele estaba todo doblado ya. No sabía nada de geografía, porque en el cole a esa edad no toca. No había viajado nunca ni sabía que había vida ahí fuera. No sabía la diferencia entre ciudad, país y continente. A esa edad tocaba letras y números y dibujar, como mucho.  No iba a la biblioteca a explorar, no solo cuentos, sino libros de verdad, para descubrir lo que realmente me apasionaba y aprender por voluntad propia. No sabía nada de anatomía, o sabía lo justo (cabeza, tronco, extremidades). No sabía nada sobre animales, sobre partos, sobre mamíferos u ovíparos... No sabía nada de astronomía, porque en la ciudad no se veían las estrellas. Tampoco había tiempo para que me las enseñaran.


No sabía todas esas cosas, y sin embargo, era "una niña muy lista", solo porque aprendí a leer y escribir antes de tiempo y me gustaba memorizar cuentos y poemas. En cambio, Niobe no muestra gran pasión por la lectura, y escribe solo con mayúsculas porque las minúsculas le da palo aprenderlas. Pero te coge con más gusto un libro tocho de animales, plantas, dinosaurios o astronomía de los que pesan más que ella, que un cuento cualquiera. Le gusta salvar bichitos, ayudar a las hormigas que se han quedado sin hormiguero a transportar a las larvas a lugar seguro, le gusta volver a enterrar las lombrices que hemos desenterrado arando por accidente, le gusta salvar a los animales. Para mí cualquier bicho era una amenaza y disfrutaba (sí, disfrutaba) matándolos.

Aun así, seguimos preguntando de vez en cuando si se aburre, si preferiría volver al colegio el año que viene, y de momento, la respuesta siempre es la misma.

—Naaaaa, prefiero estar con vosotros. Y aprendo más que en el cole.

Así que parece que, de momento, no lo estamos haciendo tan mal.




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16 feb. 2015

Hushpuppy

El año pasado vimos una película llamada Bestias del sur salvaje. La protagonista, Hushpuppy, era una niña dura, porque fue criada para ser dura, porque en algunos lugares del mundo, si no eres dura, te mueres. Hushpuppy vivía sola, al lado de la casa de su padre, pero en su propia casa. Ella se lavaba, se vestía y se hacía su comida. Sólo había sido cogida en brazos dos veces en su vida, una de ellas al sacarla del vientre materno, obvio. Y su consigna era "no se llora".

Cuando vi esa película lloré, pero lloré desde dentro, no una lagrimilla que se te escapa. Lloré de verdad, con ahogo y desesperación, como sólo he llorado con otra película: Where the wild things are, traducida malamente por "Donde viven los monstruos", cuando deberían haber dicho Donde viven las cosas salvajes. Curioso que dos películas que lleven la palabra salvaje me hayan hecho reaccionar de la misma forma.

Pensé en Niobe, que es de mantequilla. Y no porque la hayamos enseñado a ser de mantequilla. Hay niños y niñas que son de mantequilla, sin más. Y les tienes que envolver en plástico de burbujas porque no te queda otra, porque no es "si la enseñas a ser dura, será más dura", sino "si la enseñas a ser dura, se muere en el camino".

Niobe es un personaje de la mitología griega que vivió la tragedia más horrible que una madre puede imaginar: ver cómo 12 de sus 14 hijos e hijas morían alcanzados por las flechas de Artemisa y Apolo, uno tras otro, sin poder hacer nada. A veces decimos que es muy dramática. Anda, pues no lo va a ser, ¡con ese nombre! Hay personas que piensan que el nombre determina la personalidad. A mí me parece una chorrada. Pero en cualquier caso, así medio en coña, cuando vimos Bestias del sur salvaje dijimos: "Si tenemos algún día otro bebé, le llamaremos Hushpuppy".

Y finalmente se gestó Hushpuppy, pero murió en mi vientre. Al final era verdad que eso del nombre era una chorrada, y nuestro o nuestra Hushpuppy no resultó ser tan dura.



El aborto sigue siendo un tema tabú. Se sabe que es algo que pasa a menudo, pero se conoce y se sabe tratar la situación bastante poco. Porque no se habla de ello. Porque nos da vergüenza y nos sentimos culpables, como puede pasar con la violación. Por eso aún hay quien recomienda no decirlo antes del primer trimestre, cuando haya pasado el peligro. Pues yo lo dije, y no me arrepiento. Salió de mí compartir lo bueno, sabiendo que tal vez también tendría que compartir lo malo. No me asusta eso. Ya he compartido cosas malas otras veces. Hablar del duelo es bueno y necesario, y darle un nombre al bebé y despedirse adecuadamente de él, también. Negarlo y ocultarlo no sirve de nada, ni para una misma ni para quien pueda estar en la misma situación.

He desarrollado un bebé en mi útero durante unas 7 semanas y luego lo he llevado muerto sin saberlo durante otras 3. Estaba muerto cuando lo anuncié la semana pasada, y está muerto dentro de mí ahora mismo, mientras escribo este post. Y al principio pensaba que de todas las formas que se puede perder un bebé en el embarazo, esta era la más cruel. Pero desde el principio de la maternidad, me gusta leer muchos blogs, porque me interesaban mucho más las vivencias de otras madres que las revistas de bebés. Y leí también testimonios sobre abortos, incluso cuando el tema no iba conmigo. Y sé que hay mujeres que de repente empiezan a sangrar por las buenas o que van al hospital y las ingresan y las raspan, y ya está. Sin tiempo a asimilar lo que les ha pasado, sin tiempo para despedirse. Y eso tampoco es justo. A mí me han mandado a casa porque cuando empecé a manchar era sábado y había muchas urgencias de partos, y les iba mejor que volviera el lunes. Así que he tenido todo el fin de semana para asimilarlo, y esta noche me meteré la medicación que me han dado para que se desprenda de mí, en la intimidad y comodidad de mi casa, y antes de parirlo, me despediré de Hushpuppy. El bebé que no conocí, pero que imaginé, y amé, y fue mío un ratito.

Y ya mañana iré al hospital. Y ya mañana será otro día.

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12 feb. 2015

¿Que pasa con las vitaminas?

6 años hace de mi primer embarazo. ¡Y allá vamos de nuevo!

Al parecer, muchas cosas han cambiado. Aunque se siguen viendo imágenes por ahí de maniobras kristeller, episiotomías salvajes y mujeres que en vez de estar pariendo parecen estar en una secuencia del BDSM más hardcore, cada vez hay más hospitales con bañeras, telas en el techo para colgarse, protocolos de parto respetado, e incluso sin miedo a recibir a un bebé de nalgas sin cesáreas.
Mucho ruido debemos de estar haciendo gracias a las nuevas tecnologías, los blogs y las redes, y yo que me alegro.

Pero lo que me escama a veces es que la "evidencia científica" cambia demasiado, y no sabe una muy bien si fiarse de lo que digan hoy, no lo vayan a cambiar mañana. Antaño la leche artificial era buenísima, pero siempre sale una fórmula mejor, y al final el pecho de toda la vida resulta ser irreemplazable. Las vacunas son buenas por aquí pero malas por allá. La leche y los lácteos eran superbuenos e imprescindibles para la alimentación de los niños y para prevenir problemas de huesos en los ancianos, y ahora resulta que al revés...

Y en mi primer embarazo me hicieron tomar ácido fólico. Y me lo tomé porque decían que era muy importante para que el bebé no sufriera malformaciones en el tubo neural. Vale. Nadie quiere malformaciones en el tubo neural de su bebé. Aunque luego me informé y en realidad cuando es importante tomarlo es antes de la concepción y como mucho durante el primer trimestre, y no durante todo el embarazo como suelen mandar en las consultas. Y ahora además, me hacen tomar vitaminas prenatales. Y yo al principio flipaba, porque me bajé una de esas aplicaciones tan chorras pero que tanta ilu nos hacen a las mamás de ir controlando día a día el estado de tu embarazo y de tu bebé, aunque ya sepas la mayoría de las cosas que dicen. Y antes de mi primera visita a la comadrona ya me decía: "asegúrate de tomar tus vitaminas prenatales. Tu médico te recetará las vitaminas prenatales que mejor se te ajusten", o algo así. Así que yo me voy tomando mis "ácidos" diarios porque es lo que sé que hay que hacer y, para más cosas, ya me espero.



Llega la hora de mi visita a la comadrona, me hace las 20.000 preguntas pertinentes, me prepara mi libro azul de la embarazada, y me da una carpeta para meter mis papeles, mis análisis y mis cosas del embarazo, que resulta ser de la misma marca que la cajita de muestra de vitaminas que ahora resulta imprescindible que me tome desde ya. O sea: que las vitaminas que mejor se adaptan a mí, según mi comadrona, que no me ha preguntado qué alimentación llevo ni me ha hecho una analítica, son las mismas que patrocinan el consultorio. ¿Sospechoso?

Marcas de vitaminas a parte, lo que tampoco me cuadra es que las vitaminas, en todo caso, deberían ser una ayuda a tu organismo y no una dieta completa, ¿no? Entonces, ¿cómo es posible que en un comprimido de esas vitaminas haya componentes que ya te dan el 100% y hasta el 200% de la cantidad diaria recomendada, como si lo que te aporta lo que ya comes normalmente no sirviera para nada? ¿Pero eso no es un desperdicio brutal de vitaminas?

Yo no lo pillo, y como no lo pillo, no compro. Por el mismo motivo que no entiendo por qué hay que vacunar a un bebé de 2 meses de Hepatitis B. A mí me gusta que me expliquen las cosas y no que me las endiñen porque sí, y menos cuando se ve a la legua el porqué esas vitaminas y no otras, y huele a otra forma de consumo sin sentido (como las farmacéuticas, por ley, ya no pueden regalar muestras de leche, vamos a tirar por las vitaminas). Supongo que habrá gente de todo, pero aquí nos alimentamos de forma sana y equilibrada. Y mira que cuando decía Super Ratón eso de "No olviden supervitaminarse y mineralizarse," me parecía un buen consejo. Sin duda hablaría de comer bien y no de atiborrarse a compuestos químicos.

Además, el desperdicio no mola. Molaría que nos dejaran tirar kame hame has o bolas de fuego de vez en cuando con nuestra energía sobrante. Pero me temo que lo único que conseguiremos con las supervitaminas, va a ser un pipí muy caro. Si alguien encuentra un comprador por ahí, que me lo haga saber.


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5 feb. 2015

Cómo hacer un disfraz de Rainbow Dash

Empezaremos por visualizar el personaje.

Rainbow Dash es la más cañera de las personajes de My Little Pony. Le gusta la velocidad, puede controlar el tiempo y en su versión humana, es la creadora de su grupo de rock, y toca la guitara eléctrica como si le fuera la vida en ello.

Materiales: Para hacer el disfraz, como siempre, me decanto por la opción más sencilla. Así que necesitaremos una base azul, (camiseta y mallas simples) y lo que crearemos será: un gorro, unas alas, una cola, unos calentadores y unos manguitos. Para ello he utilizado tela polar azul, suave y calentita.

Para el resto, cola, crin, ojos y "cutie mark", he utilizado láminas de fieltro. Y por último, necesitaremos guata para darle consistencia a las alas y la crin, y un alambre para dar forma a las alas.

Lo primero es dibujar. Necesitaremos un patrón para el gorro (hay cientos por internet, escoge el que más te guste) y después tendremos que dibujar patrones para el flequillo y la crin, para coserlas al gorro. Cuando tengamos todos los patrones, los pasamos a la tela y recortamos las piezas.

Patrones preparados para pasar a la tela


Cuando esté todo recortado, pasaremos a coser el gorro. Es lo más difícil pero es lo que le va a dar más personalidad al disfraz, así que hay que cuidar bien todos los detalles. Antes de juntar la parte delantera y trasera del gorro, tenemos que hacer las orejas. Cosemos del revés el triángulo grande al pequeño, con un triángulo de guata en una de las partes exteriores, para que quede en el interior al darle la vuelta. Debería quedar más o menos así.



Cuando tengamos las orejas, ya podemos unir las partes delantera y trasera del gorro, colocando primero las orejas en su sitio, un poco dobladas por la base, siempre del revés, cogiéndolas con alfileres primero y asegurándonos de que quedarán en su sitio al darles la vuelta. Es conveniente comprobar la posición las veces que sea necesario para evitar coser y descoser si no quedan bien puestas. También debemos colocar en su sitio el flequillo. Al darle la vuelta al gorro ya cosido, debería quedar más o menos así:

Una vez aquí, ya podemos añadir la crin. cada capa de color será doble y cosidas entre ellas con relleno de guata para darle volumen, y la coseremos por fuera en línea vertical en el centro de la parte de atrás. También le daremos una doble capa al flequillo, pero no la coseremos para que quede más suelto (yo las cosí al principio, pero finalmente las descosí porque no me gustó el resultado).

Ahora pasaremos a los ojos. Como antes, lo primero es dibujar y recortar todas las piezas y pasarlas al fieltro. Luego, los coseremos al gorro en zig zag por el borde.

Para la "cutie mark" haremos lo mismo. Dibujaremos en papel, pasaremos al fieltro, luego lo uniremos todo y finalmente lo coseremos al muslo del pantalón azul.


Para que el gorro sea cómodo y calentito, tendremos que forrarlo, por lo que haremos un gorro igual al anterior y, del revés, lo coseremos por el borde al que ya tenemos. Tendremos que hacerle una raja para darle la vuelta y cuando se la demos, le daremos unas puntadas en la punta para que quede fijo y cerraremos la raja.



Ahora vamos con las alas. Como siempre, dibujamos un patrón y lo pasamos a la tela. En este caso, tendremos que hacer 4 partes grandes y 4 pequeñas, y luego unirlas de dos en dos entre sí, al revés y con una capa de guata en medio. Cuando le demos la vuelta a la parte grande, le daremos forma al alambre y lo meteremos dentro. Luego haremos las costuras para darle la forma a las plumas y para que el alambre quede fijo en sus sitio. Y después coseremos las alas interiores.



Cuando terminemos, cortaremos dos cintas gruesas del doble de la medida del hombro hasta la axila de la niña, coseremos cada una de ellas haciendo un cilindro y pasaremos una goma por dentro. Luego las coseremos a las alas en forma de tiras de mochila.



Con la cola el procedimiento es el mismo. Es fácil, pero laborioso. Al ser de colores, hay que hacer cada mechón por separado y por duplicado. Ambas partes iguales de cada mechón se unen entre sí con una capa de guata y le damos la vuelta. Cuando tenemos todos los mechones, los unimos entre sí por la parte de arriba y le cosemos una tira hecha con el mismo procedimiento de las alas, haciendo de cinturón.


Sólo queda lo más fácil: calentadores y manguitos, que no serán más que dos cilindros de la medida del ancho y largo de las piernas y los brazos de la niña en cuestión.


Y por fin, el resultado:


¿Y sabéis qué es lo mejor de todo? Que cuando no lleva el traje puesto (a la hora de dormir y poco más), tenemos la percha perfecta. Hemos convertido un pony cualquiera en Rainbow Dash!



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