28 dic. 2009

Bamfá: los niños echados a perder

Si hay algo que me gusta de la Navidad, es cuando después de cenar, la familia se reune cómodamente en el sofá, copa de cava en mano, y le da por hablar, hablar y hablar de tiempos pasados y antiguas tradiciones, de los antes y después del rincón africano de donde provengo y que nunca he conocido.
Y como últimamente mi interés se centra en todo lo que tiene que ver con los bebés, surgió la espeluznante historia de "los niños que se echan a perder". Los llaman Bamfá.

Se suele creer que la lactancia es un baratísimo y eficaz anticonceptivo, puesto que mientras una mujer está produciendo leche, puede pasar varios meses sin ovular, por lo tanto sin riesgo de embarazo. Pero no todas las mujeres en período de lactancia tardan lo mismo en volver a ovular. Según testimonios de mujeres que participan en el foro de redcanguro.org, la cosa puede variar bastante: la mayoría iba de 8 a 20 meses, aunque había algunos casos de 3-4 meses y otros de 33-34. Así que utilizar la lactancia como método anticonceptivo puede convertirse un arma de doble filo.

Así, cuando una mujer bubi está dando de mamar a su hijo, piensa que está protegida contra el embarazo. Pero puede darse el caso de que a los 4 meses empiece a ovular. Como este óvulo se fecunda enseguida, no llega a tener la regla, por lo tanto esta mujer puede pasar meses sin darse cuenta de que está embarazada. ¿Cómo lo descubre al fin? Cuando su hijo que estaba sano, regordete y hermoso, empieza a mostrarse flacucho, cabezón y tripón: desnutrido. El bebé todavía no recibe ningún tipo de alimentación complementaria, y el cuerpo de la madre tiene que repartir los nutrientes entre tres: ella, la lecha que da a su bebé, y el feto que lleva dentro. Es entonces cuando las arpías señalan al niño al grito de bamfá, que como todo el mundo sabe, significa que esta mujer ha echado a su hijo a perder embarazándose de nuevo tan pronto.

Aunque todo evoluciona y estas culturas no viven para siempre en la ignorancia. Hoy en día, para que esto no suceda, el hombre procura no dejar su semilla cuando tiene relaciones con su esposa. "Menos mal" pensamos. Pero al no ser éste un anticonceptivo 100% eficaz, se da por sentado que el hombre ha hecho su trabajo como debía, y si el destino es puñetero y la mujer se ha embarazado, ha tenido que ser fuera de casa. Imagínate hasta dónde podrían llegar las malas lenguas de los vecinos y las manos enfurecida del marido. La desesperación de una mujer en estas circunstancias puede llevarla hasta el punto de esconder al niño bamfá y practicarse un aborto carnicero para evitar la vergüenza.

Esto todavía existe, en diciembre de 2009, en un país en el que en su día se impuso la religión católica, y que se lo creen cuando les predican que usar anticonceptivos es pecado.

1 comentarios :

Yadil dijo...

En el pueblo de mi madre los llaman "encanijados" y no veas las discusiones que hemos tenido al respecto porque yo he seguido dando pecho a Iker estando embarazada...

29 de diciembre de 2009, 0:59
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