5 ene. 2010

El miedo al dolor

Piensa en un parto. Visualízalo. ¿Qué ves? Para empezar, ves un hospital. Médicos, paredes blancas, mucha luz, te ves en una cama con las piernas abiertas, sin libertad, empujando, gritando, con gente desconocida tocándote, que te dice que empujes, gritas, más dolor... esa es la imagen que tenemos todas, lo que nos venden, lo que sale en las películas. Y da miedo.

Y ahora mira este video:



Sí, yo también querría un parto así. Y a poco que una se lo pueda permitir, sin duda es la mejor manera: en una clínica privada de parto humanizado o en casa con una comadrona. Por ideal que sea esta situación, cuesta un dinero que no todas tenemos, pero aunque tengamos que hacerlo en un hospital público, existe un paso medio entre esta perfección, y un parto mecanizado de cadena de montaje.

Para empezar, elige un hospital donde puedas elaborar un plan de parto, exige que no te tengan atada a unas correas de monitorización mientras dilatas, que te dejen pasear, que de dejen llevarte tu pelota o que tengan una allí, y lo más importante: que te dejen elegir una postura para pujar, y no la típica de mujer tumbada bocarriba con las patas abiertas para que el personal sanitario esté bien cómodo. También es importante que respeten los primeros momentos de tu bebé en el mundo: que no os separen, que lo pongan sobre tí, que te ayuden a darle el pecho si no se coge bien y que no le enchufen un biberón.

Esto se puede conseguir hoy en día en un hospital gracias a muchos años de lucha, pero hay algo muy importante: tener muy claro lo que quieres. Y una de las cosas que necesitas es perderle el miedo al dolor. ¿Por qué? Con la idea de que el parto es dolor, las mujeres hoy en día pensamos en la epidural como algo indispensable para parir, y llegamos al hospital ya pidiéndola como si fuera el aperitivo. Pero ahí la has cagado. Si hay epidural hay pocas posibilidades de dilatar, seguramente después viene la oxitocina, y finalmente como no tienes fuerza para empujar, ya estás condenada a espatarrarte en la camilla, luego viene la episiotomía y ya meten las manos para sacarte al bebé, y te quedas con la sensación de que no has participado en nada.

Cuando estaba embarazada empecé a perderle el miedo al dolor del parto de la forma más sencilla: a través del miedo a la episiotomía. En cuanto la matrona me explicó que con una epidural la episiotomía iba a ser un hecho, empecé a plantearme el no pedirla. Cualquier cosa era mejor que un corte en el periné. Mejor iba a ser dilatar de forma natural por doloroso que fuera, y dejar que la cosa siguiera su curso natural. Participar en el nacimiento del bebé y no ser un objeto manipulado por un montón de manos que cortan y cosen.

Empecé con la danza del vientre y luego vino el yoga. Cerraba los ojos, respiraba, escuchaba la voz de la instructora, suave y cálida, mientras decía que las mujeres llevan miles de años dando a luz a sus bebés, mucho antes de que se escribieran libros sobre cómo hacerlo, antes de las anestesias, de los hospitales, hablaba mientras repetíamos una y otra vez un ejercicio bastante duro y doloroso, decía que las contracciones son buenas, cada contracción nos hace una mujer más fuerte, cada contracción te acerca un poco más a tu bebé...

Pero no pudo ser. Mi niña vino de culo y no encontré hospital público alguno que practicara partos en podálica. Pero estaba mentalizada, y sigo con la idea de que algún día podré hacerlo, sólo espero que haya una próxima vez. Bailaré con mi bebé mientras lo lleve en las entrañas y cuando llegue el momento estaré relajada, tomaré un baño caliente, mientras los intervalos entre contracciones se acortan, respiraré profundamente, me vestiré, cogeré mi mochila y mi pelota y nos iremos al hospital. Esta vez, también estará mi niña. Probablemente se asuste, y yo le diré que no pasa nada, que mamá está bien.

El dolor es parte de la vida, sólo hay que asumirlo y controlarlo, no huir de él. Y cuando el dolor te lleva a alguna parte, a algo tan grande como coger en brazos a un hijo salido de tus entrañas, no puede dar miedo.

3 comentarios :

Anna Maria dijo...

Que me encanta tu blog!!! Te lo había dicho??? Pero tu sabes mucho de esto... Es muy chulo y el mio un churrillo del blogspot... En fin... A ver si algun día me das unas clases quickly quicly...jajaja...
Como que ya no estas en facebook?? Que pasó??? Tu e-mail de la reinadeloscondenados no me va.. :(((

10 de enero de 2010, 14:38
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Yadil dijo...

Yo también quiero un parto así y, de hecho, estoy mirando a ver dónde puedo tenerlo "parecido", aunque mi familia me mira raro... y con cara de "ya está esta con otra de sus tonterías hippies"

18 de enero de 2010, 19:50
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Lo que nadie te cuenta sobre la cesárea « dijo...

[...] se apresuran a decir: “¡Pero si casi siempre son ellas las que la piden, porque tienen miedo al dolor!” Bien, otro gran fruto de la ignorancia. Claro, las mujeres que gritan y maldicen en las [...]

28 de marzo de 2010, 18:13
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