14 ene. 2010

La visita del noveno mes

Sí, por fin y a petición popular, llegan calentitas ¡las nuevas aventuras de nuestra amiga la enfermera!

Bien, maticemos, aventuras... pues igual a tanto no llegamos. La mala noticia es que ambas nos hemos resignado, y si la cosa sigue como ayer, me temo que vamos a tener que cerrar el chiringuito de la enfermera porque no me da material. Yo me he resignado a no hacer preguntas para que no se ponga nerviosa y decir a todo que vale; y ella ha asumido que somos unos raros que nos presentamos ahí sin carrito ni nada con la niña atada en un trapo, que aún le doy el pecho y no leche de continuación, la desnudo y ve una cosa rara de pañal que no es de los que conoce, y ya no le pone vacunas sin preguntar como antes, ni siquiera pregunta si las queremos, solamente la pesa, la mide, me dice que ya le puedo introducir pescado blanco y yogur natural, y a casa.

Lo único que le preguntamos fue si la próxima visita, la de los 12 meses, pasaba algo en especial. Y en principio como es todo rutina de pesar y medir, no vamos a volver. Al médico se va cuando se está enfermo, tanta visita rutinaria es una tontería y pesar y medir a un bebé y controlar que su curva de crecimiento es correcta ya lo podemos hacer nosotros, sin tener que despertar, vestir y sacar a la niña de casa fuera de su horario, pasar media hora en coche por trayecto (y el coche lo detesta, por cierto, es media hora de llanto pelado de ida, media hora de llanto pelado de vuelta, para volverse loca), ni desnudarla en una fría camilla donde llora desconsolada.

Así que, por el momento, tenemos que despedir a nuestra amiga La Enfermera. ¡Un fuerte aplauso!

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