15 feb. 2010

Un cangurito en el tren

Normalmente no soy la persona más sociable del mundo. Si un desconocido se acerca a mí y me pregunta qué tren debe coger para llegar a Vilafranca del Penedès, le contestaré amablemente, seré buena y le indicaré el andén correcto para que no acabe en Manresa, pese a lo divertida que pudiera resultarme la travesura. Pero normalmente, si un desconocido se acerca a mí y empieza a hablarme por las buenas, sólo por cotillear, le miraría con desprecio, emitiría algún tipo de gruñido y me colocaría en el lado opuesto del vagón.

Pero una aún tiene la capacidad de sorprenderse a sí misma, y resulta que todo cambia cuando la intromisión comienza con un elogio a mi bebé:



- Anda qué no vas bien ahí, ¿eh? - Le dice una señora a Niobe mientras estamos en el andén. - Qué guapa eres. ¡Holaaa! ¡Holaaa! - Sigue con su conversación y sus cucamonas. Niobe se ríe y agita los brazos efusivamente. La señora me sonríe y la sonrío. Llega el tren y nos subimos. Y la señora, que a estas alturas ya había dejado bien claro que estaba muerta de curiosidad, se sienta delante de nosotras. Abre su libro y sigue leyendo. Pero nos mira de reojillo. Yo dejo mi bolsa en el asiento de al lado, deshago el nudo del fular, desenvuelvo a Niobe y nos sentamos. Es fin de semana y el tren va casi vacío, así que cada una ocupa su propio asiento. Le doy otro gajo de mandarina, y ella se la come, mientras mira por la ventana, se pone a gatas, inspecciona la solidez del terreno bajo sus pies, se levanta apoyada en la ventana, y lo observa todo sin querer perderse ni un detalle.

- Hay que ver qué espabilada está esta niña! ¿Y qué tiempo tiene?
- 9 meses.
- ¡¡Uuuhhhhh!! ¡Pues si yo tengo un nieto de 18 meses y no está ni la mitad de espabilado!
- Bueno, no sé, yo creo que el fular tiene algo que ver en eso.
- ¿El fular? ¿Qué es? ¿Eso donde la llevas atada?
- Sí. He leído que los niños que van en portabebés son algo más espabilados porque viven una realidad en el mismo nivel que los adultos. Pueden fijarse en todo lo que hacen e imitarlos. En cambio, los niños que van en un carrito, cuando son muy bebés siempre están estirados viendo el techo o el cielo, y cuando crecen y van sentados, sólo ven las piernas de la gente, no ven sus caras, sus reacciones, su forma de expresarse... están menos integrados en el mundo que les rodea.

Cuando el gajo de mandarina se queda sin suquillo, Niobe se lo saca de la boca y lo tira. Cojo otro gajo, le doy un mordisquito en la puntita para que salga el zumito y se lo doy. Y la señora ya anodadada.

- ¡Uy! pero qué lista. ¿Y ya le das frutas así? ¿Y no te da miedo que se atragante? A mi nieto mi hija le da fruta con una malla antiahogo, que eso le metes la fruta dentro y el niño la va chupando hasta sacarle el jugo.
- Sí, le doy trozos de fruta, palitos de pan, cosas que pueda coger ella misma con sus manos. Le entreniene y le da autonomía. Hombre, en principio todos nacemos con el reflejo de no atragantarnos, igual que el de respirar. A veces hace como una arcada, cuando se le va a ir algo demasiado grande, pero precisamente ese acto reflejo es el que hace que lo saque. Evidentemente se podría atragantar, pero igual que se puede atragantar un niño mayor o una persona adulta. Si ocurre, hay que saber reaccionar, practicando la maniobra Heimlich de primeros auxilios. Y por supuesto, nunca dejarla comer sola, si veo que se mete en la boca un trozo demasiado grande ya se lo saco y se lo pongo en la manita para que lo siga royendo. Claro que me da miedo que se atragante, como me dan miedo muchas otras cosas, pero no quisiera basar la crianza en el miedo, si no no la dejaría vivir.

Y así pasamos todo el trayecto, hablando de portabebés, de lactancia y de crianza en general. A veces hablo con otras madres con ideas afines, y está bien porque nos apoyamos unas a otras en cosas que todavía no están del todo bien vistas. Pero hablar con una completa desconocida, exponerle una forma distinta de ver las cosas de las que conoce, y recibir muestras de interés, fue toda una experiencia. Cuando faltaba una parada para nuestra estación, volví a cargarme al bebé a la espalda y nos despedimos de la señora.

- Bueno, pues me voy hacia la cabeza del tren, que tengo 4 minutos para hacer el transbordo a la otra línea. ¿Ve? Esto con el carrito sería imposible, perdería el tren y me tendría que esperar 40 minutos al próximo.
- Je, je... Pues sí chica, muy buena cosa la tela esta, me ha gustado mucho y le voy a contar a mi hija todo lo que me has explicado.

¡Ay, qué sensación! Qué bien se siente una cuando es simpática un rato.

2 comentarios :

Box dijo...

Cuando eres primeriza, todo el mundo te quiere enseñar.Aprender siempre es bueno..pero muchas personas no tienen delicadeza cuando lo hacen y te hacen sentir mal e inútil en todo momento del crecimiento del bebé (hay personas que lo soportan y hay otras que no tanto).

Por experiencia propia y para mi, es bueno coger consejos, pero lo mejor es cogerlos de lejos (en tu casa: tú bebé, tú pareja y tú).

17 de febrero de 2010, 9:06
Responder
Nebetawy dijo...

Es cierto, cuando tienes un bebé, muchas madres te aconsejan y te dicen cómo tienes que hacerlo porque piensan que tienen razón por el simple hecho de haber sido madres antes que tú. Todo el mundo lo hace lo mejor que sabe y se supone que lo que hacen y lo que aconsejan es porque piensan que es lo correcto. Todas, o casi todas queremos ser buenas madres.
En mi opinión, la clave es seguir tu instinto, estar bien informada y mantenerse al margen de las opiniones y las críticas destructivas.

17 de febrero de 2010, 20:29
Responder

Publicar un comentario