19 jul. 2010

Jornada de duelo y reflexión

Cuando nos convertimos en padres o madres, es inevitable que las cosas no nos  afecten de la misma forma que antes. Especialmente los desastres. Pase lo que pase, uno no puede evitar pensar: "¿y si hubiera sido mi hijo?"

Este verano me salió un trabajo estupendo en el parque de atracciones del Tibidabo. Y ayer, al poco rato de empezar el segundo pase de la función, oí un ruido, un golpe seco como de algo al caer. Lo primero que pensé fue: "parece que ha caído un foco", pero enseguida me corregí: "cómo va a caer un foco si estamos al aire libre, qué tontería..." fue cuestión de segundos, la función continuaba y aquél ruido salió de mi pensamiento tan rápido como llegó. Pero cuando se vació el teatro me llegó la noticia: ha caído "el péndulo", y en seguida se me encogió el corazón al oir las sirenas de ambulancias y bomberos, que hasta entonces habían pasado desapercibidas porque estaba jugando con el monito al que doy vida y los niños del público. Luego un  helicóptero pasó sobre nuestras cabezas y el parque empezó a ser desalojado. Entonces supe que era algo grave.  Mientras dos de mis compañeros fueron a curiosear, yo me quedé allí mismo, con otro compañero que fue padre el año pasado igual que yo. Nos preguntábamos cómo podría uno sobreponerse a algo así, llegando a la conclusión de que la vida nunca te prepara para algo semejante. Perder a un hijo, es algo que duele sólo de imaginarlo. Y más en esas circusntancias, porque un día en un parque de atracciones es como un regalo de diversión, de hacer algo diferente, divertido, excitante... y que termine así... Sólo quería salir de allí. Llegar a casa y abrazar a mi niña.

Por suerte para mí, mi hombre trabajaba también, y compartimos el viaje de vuelta a casa. Le había enviado un mensaje y buscó la noticia en algunos periódicos on-line.  Justamente unas semanas atrás habíamos estado hablando del tema, y él decía que no tenía claro eso de los parques de atracciones, que algunas de ellas eran exageradas y que le daba muy mal rollo pensar en su hija cayendo por ahí a 100Km/h. Sólo una vez habíamos montado en una atracción del tipo "caída libre", en Port Aventura, y dijo que no sabía cómo se dejó liar para subir y que nunca volvería a hacer una tontería semejante. Y nuestra hija mucho menos. Pero, ¿hasta qué punto podemos prohibirle algo así, cuando nosotros sí lo hemos hecho? ¿Hasta qué punto se nos puede volver en contra? ¿Hasta qué punto esa postura sería agorera o sobreprotectora? Si bien es cierto que por miles de niños que han disfrutado de la atracción sin incidentes, sólo 4 han sufrido un accidente fatal, también hay cosas que considerar:


  1. Cuando yo era niña, mi atracción favorita del Tibidao era un supertobogán donde te lanzabas con una especie de trineo con ruedas y una palanca de freno. Al pasar por una curva peligrosa, había un cartel enorme que decía :"¡Frena!", y un dibujo de un niño en el trineo que tiraba del freno, para que te quedara bien claro cómo frenar. También había carteles al principio de la atracción, para que supieras donde estaba el freno y cómo se usaba. Me encantaba esa atracción, subía y bajaba una y otra vez. Pero la quitaron. Supongo que por peligrosa. Por los niños que se rascarían las rodillas o se romperían los piños por no frenar cuando debían, y los padres que se quejarían echándole la culpa a la atracción, y no al mal uso de sus queridos niños. Puede que hubiera accidentes, pero seguro que no de gravedad. En cambio, ahora preferimos no tomar ninguna responsabilidad por nuestra parte y poner nuestras vidas en manos de grandes obras de ingeniería robótica que nos prometen que son lo más seguro del mundo. Pero si falla, falla, y no podemos hacer nada.
  2. ¿Por qué esta necesidad de adrenalina, de peligro, de jugarnos la vida, de desafiar las leyes de la física y de someter a nuestro cuerpo a velocidades y golpes de inercia para los que no está preparado? ¿Tan vacíos nos sentimos? ¿No podemos encontrar otra forma de llenar esos huecos?
  3. En cuanto a la sobreprotección: mi casa tiene escaleras y no hemos puesto vallas. Niobe con 14 meses ha aprendido a controlar y también a respetar las escaleras. Sube solita, bastante rápida y sin miedo, medio de pie, medio gateando, agarrándose a la barandilla o a la mano que se le tienda. Cuando llega arriba y quiere bajar, la cosa ya cambia. Mira hacia abajo a una distancia prudente del borde y parece tener claro que desde ahí hasta abajo hay una buena caída. Para bajar, se toma su tiempo, va más a gatas que de pie, e incluso si no lo ve del todo claro, alza la manita para que vaya a cogérsela. Evidentemente no me siento en un sofá a leer un libro mientras mi hija experimenta con las escaleras, siempre estoy cerca de ella. Pero su padre y yo creemos que es mejor que se familiarice con ellas, en lugar de poner vallas, que el día que por lo que sea no estén, la niña se asoma y fijo que se va rodando para abajo. Así que no, no me considero una madre sobreprotectora. Pero pensar en que cuando sea mayor quiera poner su vida en manos de algo que es un riesgo innecesario (por pequeña que sea la probabilidad de fallo), que va contra natura, y que no puedo controlar, me pone los pelos de punta.
  4. Una sola víctima es suficiente para replantearse ciertas cosas, no importa la probabilidad, ni los miles o millones que hayan pasado antes sin incidentes, cuando se trata de víctimas no importa el número. Y si no que se lo digan a la familia.

Con mis sinceras condolencias por las víctimas del accidente y sus familias.

4 comentarios :

Ismael dijo...

Un horror. Me quedé parado cuando lo escuché por la radio el sábado. Y es que hace un par de veranos esperé una cola de casi dos horas para subirme a ese aparato. Cuando bajé me encontraba todo dolorido, y ya pensaba que eso del péndulo estaba mal hecho. La sensación se agravó bastante cuando fui al lavabo con mucho dolor y oriné sangre. Pensé que nunca más me subiría a una atracción en la que pudiera sufrir daño físico. Pero esa fue mi opción. El problema del accidente que ha pasado en el Tibidabo no creo que sea cuestión de necesidad de adrenalina, el problema es que estamos en manos de incompetentes, en todos los ámbitos de la vida. Y si el incompetente en cuestión te ha recomendado un mal libro, o una mala película, lo máximo que puede pasar es que pierdas el tiempo. Pero si el incompetente es un ingeniero que diseña mal un aparato como este, pues tenemos el resultado en las noticias.
Y encima tienen las narices de decir que había pasado todos los controles. Pues vaya controles... ¿Los hacía un chimpancé con un compás?

19 de julio de 2010, 17:19
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salinasjavi dijo...

Pues comentar que la del trineo como yo la llamo también era mi favorita todo y que apenas me monte pues siempre estaba llena. Era un trineo azul con una palanca de freno y al final una recta con un neumatico. La verdad es que poca información hay de ella, en algún foro y un par de fotos en uno de los libros que venden con fotos antiguas del parque. Creo que la retiraron por un accidente en el que también murió una persona. No recuerdo exactamente donde lo ley pero creo en un foro sobre el parque de atracciones del tibidabo.

La reflexion que yo plantearia es al ver anomalias porque no lo miraron a fondo. Porque en todo pasa lo mismo ya sean aviones o atracciones y después pasa lo que pasa.

Saludos

20 de julio de 2010, 16:33
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Nebetawy dijo...

:O madre mía, pues sí que nos maltratamos el cuerpo sin darnos cuenta!
Y tienes razón en cuanto a los incompetentes, los hay de todas as profesiones, pero algunos de ellos tienen nuestras vidas en sus manos: ingenieros, médicos, jueces... precisamente me llegó una noticia hace poco sobre una sentencia de la que hablaré en breve. Hay mucha ambición y muy poca vocación. Si es que da miedo!

20 de julio de 2010, 18:56
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Nebetawy dijo...

Hola Salinasjavi. Yo no creo que haya habido ningún acidente mortal en el Tibidabo antes que este, ni en el tobogán ni en ninguna otra atracción. No me aventuraría yo a hacer ese tipo de afirmaciones de no estar segura. He mirado en varios artículos de distintos diarios on-line, y en ninguno dice nada semejante, y sabiendo como va esto de la información, si hubiera habido víctimas anteriores, poco habrían tardado en recordarlo. Lo que sí he leído ahora que me he puesto a buscar, es que se trata de la primera víctima mortal en los 111 años de historia del parque.
Además, como ya dije en el post, si alguien sufrió daño en el tobogán sería por bestia, no por la atracción en sí. Yo me monté mil veces y no me hice ni un rasguño.
Y sí, el trineo ese era lo mejor de lo mejor, no sé yo para qué complicarse tanto la vida. Más imaginación y menos tecnología!

20 de julio de 2010, 19:21
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