14 oct. 2010

Cuando mi niña me devuelve la niñez. Cap. 3º

...O no hagas a tus hijos lo que no te gustó que te hicieran a tí.

Trabajando en el Tibidabo, un día fuimos testigos de una escena familiar que originó el debate. Uno de los dos niños lloraba, la madre le ignoraba y el padre le gritaba nervioso que dejara de llorar o le daría un motivo. Hasta que se lo dio. El niño, lejos de dejar de llorar, empezó a llorar más fuerte, la tristeza se convertía en indignación y rabia, la rabia que su padre le había traspasado con el cachete.

¿Ha hecho bien? ¿Ha hecho mal? ¿Exagero al indignarme al ver esa escena? Se abre el debate con uno que dice que seguramente es un hecho aislado, que no es que sea un mal padre, otro dice que no sabemos cómo ha ido la cosa, que igual el niño lo merecía, luego que si a los niños hay que enseñarles disciplina, que si no les da una rabieta y te la lían por cualquier cosa, y luego el típico: bueno, a mí no es que me maltrataran de pequeño, pero algún que otro galletón sí que me he llevado, tampoco es para tanto.

Tal y como yo lo veo, no importa el motivo, no se le pega a un niño, igual que no se le pega a un adulto. Hace unos años, era socialmente aceptable pegar a una mujer. Ahora es un delito. Por lo tanto, deberíamos pensar por nosotros mismos e intentar cambiar las cosas que creemos que no están bien, en lugar de aceptarlas como algo normal porque ya nos ha ocurrido a nosotros.

Cuando yo era pequeña, no era una mala niña. Supongo, vamos. Pero era rebelde y cabezota, igual que lo soy ahora. Y no me gustaba eso de acatar órdenes "porque sí". Y eso me hizo recibir zapatillazos varios. Sí, era el arma contundente favorita de mi madre. Mi madre, que tampoco era mala, simplemente lo hacía como mejor sabía, como todas nosotras, sólo que a veces perdía los nervios, y entonces lanzaba la zapatilla. A veces, bastaba con amenazar con ella. Cuando me ponía pesada o contestona, se la sacaba del pie y me la enseñaba, y entonces yo callaba y me ponía de morros, con impotencia. Y cuando la zapatilla llegaba a alcanzarme, me sentía más impotente aún, además de rabiosa, frustrada y otros sentimientos que poco tenían que ver con haber aprendido una valiosa lección.



Y continúa el debate con la típica pregunta de qué hacer cuando tu hijo tiene una rabieta en el súper porque quiere algo y te monta el pollo. Parece ser que esta típica escena, aun siendo hipotética, da más miedo a los padres  futuros que las gemelas del hotel de "El Resplandor"
Pues bien, (respondo como única madre del grupo), yo soy la adulta y tengo que controlar la situación. Si estoy en el súper y quiere coger algo, le dejo cogerlo, al cabo de un rato, se lo cambio por otra cosa, y como ya se ha cansado de lo anterior, acepta el cambio. Claro que una tiene que colaborar: "¿Me enseñas eso que tienes? ¡Bualaaa, qué chulo! ¿Quieres ver algo más chulo aún? ¡Mira! ¿Lo quieres? ¡Toma, te lo cambio!... Y así vamos truequeando. Algunos me mirarán y pensarán que estoy haciendo el idiota, pero mi hija se lo pasa teta, y ¡qué demonios! yo también. Y al final, a la hora de salir, lo que sea que aun tenga en la mano y no quiera llevarme, se lo cambio por algo que ya tengo en el carrito. Todos contentos. Y si alguna vez no puedo evitar la rabieta por lo que sea, la cojo, la abrazo y le doy la teta, que es milagrosa.

Así solventamos el temido problema del súper. Tampoco soy de las madres que dicen NO a todo sistemáticamente, sino solo a las cosas que realmente no pueden ser. Algunos pensarán que así la consiento. Yo creo que así le genero menos frustraciones. No es que sea psicóloga, pero me parece bastante deducible que cuantas más negaciones innecesarias, más frustraciones irá acumulando, y necesitará darles salida de algún modo. ¿Que quieres pintar el suelo? Pues pinta, sólo espera, que te cambio el rotulador por una tiza. ¿Que quieres jugar con las tijeras de podar? Bueno, pues juega mientras yo estoy aquí contigo y te vigilo. Lo que está claro es que se cansa antes de ellas si le dejo jugar unos minutos bajo mi supervisión que si se lo niego y se obsesiona.Vale que Niobe es pequeña aún y no plantea grandes problemas, pero la cuestión es ir investigando soluciones sobre la marcha conforme vayan llegando los conflictos, en lugar de perder la calma y soltar nuestra ira sobre nuestros hijos "para que aprendan". Porque de verdad, así no se aprende nada. Sólo se desahoga uno mismo.

Antes de ser madre, también estaba convencida de que el castigo e incluso  la bofetada a tiempo podía ser necesaria para educar, enderezar o como quieran llamarlo. Pero he cambiado de opinión. Porque mi niña a veces me devuelve a la niñez, y ahora recuerdo cómo me sentía y sé que no sirvió de nada, sigo siendo rebelde y contestona igual.

Artículo incluido en la II edición del Carnaval de blogs de educación consciente y crianza respetuosa: Criar sin castigar

3 comentarios :

Azulitoclaro dijo...

Me encanta el último párrafo. A mí me pasa igual, también.
(No vamos casi al súper, pero utilizaré tu táctica si lo necesito). ;)

15 de octubre de 2010, 20:58
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Cristina dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo. Se trata de interactuar con el/a niño/a para evitar las frustraciones innecesarias y pasar las madres un mal rato, que lo único que generan son situaciones de tensión y nerviosismo, para qué? para terminar locas, loquitas, locas?
La maternidad consciente es muy trabajosa pero también muy gratificante.

16 de octubre de 2010, 0:27
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socmare dijo...

:) Me ha gustado mucho, porque me he reconocido en lo que escribes, yo también pensaba diferente antes, después de ser madre las cosas tienen otra dimensión :)

26 de diciembre de 2010, 15:05
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