13 ago. 2011

Equilibrio

Tengo una espina en el alma, sí. No me dejaron parir, y eso me duele. Sé que hay mujeres a las que les alivia que les hagan una cesárea, y que las hay incluso que la piden y los hospitales atienden a sus demandas. Pero yo soy uno de esos bichos raros que preferiría haber participado en el acontecimiento más importante de su vida.
Ahora bien, creo que ya me ha quejado lo suficiente he llorado demasiado.

Y este nuevo estado de ánimo ha sido inspirado en parte por las quejas de Lady Vaga y algunas historias espeluznantes sobre hospitales, partos y cesáreas, y si bien dicen que "mal de muchos, consuelo de tontos", llámame tonta si digo que visto lo visto, lo mío no estuvo tan mal.

Yo me quejo, básicamente, de que los protocolos hospitalarios digan que si el bebé viene de nalgas, bisturí. Y ya está, no hay más opciones, no hay nada que puedas decidir. Me quejo de que en mi ecografía del tercer trimestre, la doctora me dijo que mi feto era muy pequeño, que venía de culo y con dos vueltas de cordón y que iba a quirófano sí o sí. Y lejos de decírmelo con tacto y cariño, me lo soltó como quien lee un prospecto,  y no paraba de decir en toda la consulta: "el feto esto, el feto lo otro", y yo que manaba lagrimillas incontrolables sin poder ni hablar para no explotar en el llanto, queriendo gritarle "¿Pero puede usted dejar de decir feto, señora? ¡Está hablando de mi bebé, que ya tiene nombre y todo, joderhostiaputacagoentodohombreya!"

Me quejo también de haberme sentido tan sola. De que no dejaran a mi hombre estar conmigo cuando más nos necesitábamos. Y no sé por qué, ni en qué pensaban que podía entorpecer el hecho de tenerle simplemente a mi lado. ¿Creían que tocaría el instrumental, que tiraría la bandeja torpemente? ¿Que se desmayaría o que metería las zarpas en mis entrañas al viento, cosa improbable porque permanecería cerca de mi cara, al otro lado del parapeto de sábanas verdes, sin poder ver nada al igual que yo? ¿Y qué interés podría tener en hacer algo de eso? Pues no lo entiendo. Demasiadas escenitas de comedia tenemos en la cabeza, pero digo yo que sabemos distinguir lo que es gore o comedia, y lo que es estar al lado de una persona que tiene los intestinos al aire de verdad.

Y me quejo mucho, muchísimo y de lo más del dolor. He leído algún testimonio diciendo que "la cesárea por supuesto que duele, ¿cómo no va a doler si nos dan derivados de la morfina para el dolor?" Pues bien, yo me pasé tres días llorando y suplicando drogas y sólo me dieron paracetamol, (que según cómo no es capaz de quitarte ni el dolor de muelas), y cuando me quejaba demasiado, metamizol (Nolotil). Porque en ocasiones me da la impresión de que piensan que exagero, y no entiendo como algunas están tan frescas con sus vientres rajados y grapados, recibiendo a las visitas como si tal cosa, y aceptando felizmente cesáreas posteriores, cuando yo me estaba muriendo de dolor, pensando que ningún parto podía ser peor que eso. Y me decía a mí misma y a otras mujeres hablando del tema que cada cuerpo es diferente y no todos toleramos el dolor de la misma forma. Y vale que sí, que soy un poco pupas. Pero repito: ¡paracetamol! Porque quería dar el pecho y decían que algunos medicamentos pueden influir en la lactancia.
Me quejo pues de la incompetencia y la desinformación, porque existen anestésicos locales como la pramocaína, benzocaína y lidocaína, entre otros, que tienen riesgo 0 para la lactancia según la web del hospital de Dènia e-lactancia.org. Si yo conozco una buena fuente de información al respecto, ¿cómo es posible que no la conozcan los profesionales que se dedican a diario a tratar con madres lactantes y sus afecciones? Tampoco se atrevió nadie a darme algo para la tos por el mismo motivo, cuando hay antitusígenos a base de Dextrometorfano y narcotina, de riesgo 0, y el más común, la codeína, tan solo tiene riesgo 1 = "bastante seguro, riesgo leve". Y así me pasé los tres días, tosiendo y sintiéndome apuñalada a cada tos, y bebiendo litros y litros de agua para calmar aquel picor de garganta inexplicable, lo que me llevaba a levantarme con mi vientre grapado cada media hora para hacer pis.


Pero a pesar de todo esto, el personal se portó muy bien. Los médicos me hablaban amablemente aunque sin paternalismos, y a la hora de operar estaban a lo que estaban y no parloteaban sobre sus cosas. Antes de llevarse a la bebé, el pediatra me la acercó a la cara para que la viera y le diera un besito. Me graparon enseguida, y al salir del quirófano me llevaron directamente a la sala donde esperaba mi niña en brazos de su papá, las enfermeras la cogieron y me la metieron en la cama conmigo, y ya subimos juntas a la habitación, y una vez allí, me la pusieron al pecho con cariño y mucha paciencia y asegurándose de que se agarrase bien.

Cuando supe que iba a ir a quirófano, conociéndome como me conozco, di orden a los allegados de que no viniera nadie. No quería visitas. Me imaginaba lo infernalmente borde que podía estar, (aunque creedme, de todo lo mal que me lo imaginaba, fue incluso peor). Pero pensé que en un hospital público en el que se comparten habitaciones de poco me iba a servir restringir mis visitas cuando seguramente tendría que aguantar los jolgorios de las visitas de mi compañera de habitación. Así que me dirigí a la jefa de enfermeras y le conté que todo eso de la cesárea lo llevaba muy mal y le supliqué que por favor, si era posible, me pusieran sola. Y me dijo que a no ser que se pusiera toda la comarca a parir ese día y estuviera el hospital a rebosar, que no me preocupara y contara con ello. Y cumplió. Y me vino a limpiar ella misma la primera vez que hubo que hacerlo y se interesó por cómo lo llevaba.

Y aunque no sea muy relevante, el hospital era muy mono, y las habitaciones de maternidad estaban en la planta baja y tenían todas acceso a un jardincito interior individual, con un banquito para sentarse al fresco. La que pudiera con su alma para hacerlo, porque lo que es yo... pero era bonito mirar a través del cristal.

Nadie le dio chupetes ni biberones, simplemente no se metían en esas cosas; sólo hubo una enfermera, en el turno de noche, que regañó a mi madre porque la niña estaba durmiendo en su pecho y no en el nido. "Es que así duerme y en el nido llora, y todas necesitamos descansar", le dijo mi madre. "Pues póngale un chupete y a dormir, que si no se acostumbran a los brazos y eso no puede ser" contestó. Y le pusieron el chupete porque mi madre es muy de no discutir y yo simplemente no estaba para hostias. Pero me gustó el hecho de que tuvo que pedirme el chupete, que llevaba yo en la canastilla como "cosas que te venden que es indispensable llevar cuando vas a tener un bebé", y no era el hospital el que abastecía de chupetes a cascoporro. Por suerte, a mi pequeña listilla no le moló nada ese invento y nunca ha vuelto a probar uno, más que ahora, pasados los dos años, que lo usa a veces para jugar. En cuanto a la enfermera sabionda, ya me gustaría encontrármela ahora que soy persona y no la piltrafilla humana que fui en el hospital, y decirle un par de cosas.

Y recientemente, a través de la página en facebook de elpartoesnuestro.es, he visto este vídeo de parto podálico:



Y si bien es una buena noticia que en los hospitales le empiecen a perder el miedo a los partos podálicos y no sea cesárea directa, hay que decir que no se lo han currado nada. No sé si prefiero un parto como éste a una cesárea. Este parto hace sufrir con sólo verlo y se pasan por el forro las normas básicas para un parto podálico, que volviendo a lo de antes con la lactancia, me pregunto cómo es posible que lo sepa yo y no lo sepan los que se dedican a hacerlo. Empezando por la posición de la madre, pasando por estirar constantemente al bebé de los pies, y rematando con el pinzamiento de cordón antes de que el bebé sacara la cabeza, creo que este parto debería ponerse en los manuales de atención al parto con un enorme título en rojo de "ASÍ NO", al lado de este otro:



"ASÍ SÍ".

Resumiendo, creo que hay un buen trecho entre aceptar y creer que lo que hicieron fue por nuestro bien, y amargarse de por vida por no haber luchado lo suficiente por evitarlo. Lo que pasó, pasó, y no fue ni de lo mejor ni de lo peor. Pero aunque no piense abandonar la lucha por que las cosas mejoren, es hora de dejar de llorar, ser positiva y calmar las aguas interiores. Sólo así, puede que algún día, pueda volver a plantearme volver a embarazarme y parir.

P.S. Me olvidaba de un dato importante para satisfacer curiosidades. Hablo del Hospital Comarcal de l'Alt Penedès, en Vilafranca del Penedès, Barcelona.


8 comentarios :

Carol dijo...

Creo que tenemos que sanar las heridas que se nos infligieron en el parto. Hay que desahogarse para poder seguir adelante.
Me parece tan fuerte que a veces parezca que sepamos nosotras más que ellos... y el problema es que todo lo que tiene que ver con la lactancia si no se han formado despues de la carrera no tienen ni idea.
Y eso de echar la bronca, ¿pero quienes se creen que son?
Deseo que sanes esa herida. Besos

13 de agosto de 2011, 17:04
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Nebetawy dijo...

Gracias Carol. La verdad es que estoy en ello. Lo dicho, he leído tantas historias espeluznantes que ahora en realidad me siento aliviada y positiva. Y aunque la última vez que hablé con una amiga embarazada (por cierto, tengo que llamarla, soy un desastre) y me dijo eso de "ojalá me hicieran una cesárea, no veas qué alivio", no pude evitar llorar al contestar: "No digas eso, por favor, no sabes lo que dices". Pero en fin, a pesar de todo, creo que realmente ya no me afecta tanto.

14 de agosto de 2011, 2:34
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UterosdeGuerrilla dijo...

Besitos en las heridas. Veo que H. recupera su capacidad de autosanar. Bss.

14 de agosto de 2011, 19:59
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Nin dijo...

Querida Habichuelilla:

Pienso que darnos cuenta de lo que no nos gustó (o, directamente, fue un despropósito) es una excelente manera de iniciar el camino para superarlo. Siento que el relato de mi parto te revolviera, pero espero que, a la larga, sea para bien. No estaba en mi ánimo fastidiar a nadie, sino desahogarme por escrito, que era algo que llevaba dos años intentando hacer sin grandes resultados.

La banalización de la cesárea es, creo, una consecuencia de la banalización de la episiotomía en particular y del intervencionismo en general. Del mismo modo que nuestras madres parieron en los 70 y tienen la "marca del zorro" en sus vaginas, nuestra generación es la de las "sonrisas bajo el ombligo", por desgracia.

Pero, pese a todo, confío en que, poco a poco, las cosas van cambiando hacia mejor y nuestras hijas (en mi caso, mis nueras) parirán como diosas, tomando decisiones y confiando en sus cuerpos.

Besos sanadores,
Lady Vaga.

14 de agosto de 2011, 23:44
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Nebetawy dijo...

Gracias Guerrillera, personas como tú hacen que cambien las cosas, y de verdad creo que han cambiado desde hace 6 años cuando nació mi sobrina, también desde hace 2 cuando nació Niobe, y sé que aún pueden cambiar y cambiarán más y a mejor.

15 de agosto de 2011, 13:39
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Nebetawy dijo...

Querida Lady Vaga, tu relato me ha revuelto para bien desde el principio, te lo agradezco. Si los ginesaurios han estado tantos años practicando carnicerías a su gusto es precisamente porque nuestras madres se quedaron calladitas. Así que ahora que tenemos la oportunidad de gritar nuestras experiencias a los 4 cybervientos, hay que aprovecharla, como no. Sólo así nuestras hijas, nueras, amigas, y nosotras mismas podemos saber de verdad lo que hay, y no encontrárnoslo directamente en el paritorio.
Lástima que algunas de nosotras hayamos tenido que pasar por una mala experiencia antes de saber lo que es realmente un parto y saber que podemos hacerlo sin ellos, pero dentro de poco será una realidad evidente.

15 de agosto de 2011, 13:49
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Sarai dijo...

Te acabo de conocer y ya te sigo, enhorabuena por tu blog!

21 de agosto de 2011, 0:25
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Nebetawy dijo...

Pues muchas gracias Sarai. Aquí estamos. O como dice Niobe cuando nos sentamos en un escalón a descansar, sin hacer absolutamente nada más que mirar al infinito: "Eshtamos aquí"

21 de agosto de 2011, 10:40
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