9 nov. 2013

Mujeres ricas, mujeres pobres

¿Sabes cuando ves una peli o una serie y te encanta un personaje y luego cuando la oyes hablar en la vida real, como persona, no tienes muy claro si está hablando una o la otra? Pues eso me ha pasado con Estela Reynolds y Antonia San Juan. En fin, yo creo que se le ha ido la olla, que se la ha comido su personaje o algo. Tanto tiempo haciendo de madre desnaturalizada... se pensará que ser madre es eso: un lastre para las carreras de las actrices de los 70. Claro, mucho más digno y gratificante dejarse chupar los pezones por señores de atractivo cuestionable para medrar en tu carrera que criar a los hijos que has parido. Porque los hijos son "la mano negra". ¡Y encima somos superfeministas de la muerte! 
Tienes toda la razón, he sido un desastre de madre. Me preñaron muy joven, ¡NO ESTABA PREPARADA ... me pasó como a Britney Spears! Me perdí tu infancia vagabundeando de plató en plató ganándome un jornal para poder mantenerte, me entregué egoístamente a los placeres de la carne, y esos hombres sólo consiguieron hacerme sentir más vacía.






Todo esto viene por un artículo que acabo de leer en el blog "Madre no hay más que una", (un blog que acabo de descubrir y que me tengo que leer enterito, por cierto, porque luego he leído los titulares y promete), en el que Gema Lendoiro le pone muy bien puestos los puntos sobre las íes a estas declaraciones de Antonia San Juan:
Se ha metido en el papel de muchas mujeres. ¿Qué cree que es lo más difícil de ser mujer hoy en día?
- La mujer perdió la batalla en el siglo XX. Hubo mujeres que lucharon, pero en el siglo XXI ha habido un gran retroceso: la mujer sigue diciendo que la maternidad es lo mejor que le ha pasado. Se ha idealizado mucho, como el amor.

O sea, que usted piensa que la mujer solo piensa en ser madre…

- Hablo por lo que escucho y veo, las mujeres cuando tienen hijos se empobrecen. Se quedan en casa y se dedican a criar a los hijos, como hicieron las abuelas. 

Y espérate, que ahora googleando por ahí he encontrado otra perlita que viene a ser lo mismo:
"La mujer, cuando está en la calle y trabaja, es cuando se enriquece, todo está fuera. La maternidad está idealizada y sobrevalorada, cuando es un hecho normal y corriente para la reproducción de la especie"

Yo creo que empobrece más trabajar 8 horas al día en algo que no te gusta, más 2 horas de pausa para comer (Spain is different), más 1 o 2 horas de transportes... total, en realidad unas 12 horas en las que no piensas, no te desarrollas, no eres persona, tengas hijos o no. Esa es la vida para mucha gente. No todas las mujeres son actrices, empresarias o lo que sea que las realice un montón. Que entrevisten a una cajera o a una teleoperadora o una que pone piezas en una cadena de montaje, a ver si no le parece mejor ser madre que ir al trabajo, si no preferiría si pudiera dejarlo todo para quedarse en casa criar a sus hijos. ¿Eso también supone un retroceso para las mujeres? No, eso solo afecta a la maquinaria "produce-consume-y-calla". De hecho, muchas personas (y digo personas, no mujeres), podrían dejar de trabajar uno de los dos o trabajar menos horas, pero la maquinaria está hecha para que trabajemos a tope y creamos que es necesario. La realidad es que no todo el mundo tiene carreras tan gratificantes, y ¿adivina qué? Aunque las tengan, no a todo el mundo le importa tanto. Algunas deciden dejarlas, y algunas, si tienen mucha suerte, consiguen compatibilizar ambas cosas, y siguen pensando que ser madre es lo que mejor que les ha pasado. Pues porque lo es, y ya.
También hay mujeres que no quieren ser madres. Pues oye, bien por ellas, que nadie dice que ser madre sea una obligación tampoco. Pero elegir ser madre y sentirse orgullosa de ello por encima de las profesiones, creo que es de lo más normal, y lanzar una opinión de este tipo desde la no-maternidad me parece un poco arriesgado, que no es lo mismo que valiente, como alguno ha dicho por ahí. Arriesgado en el sentido de que estás hablando de sentimientos, de madres hacia sus hijos, de cambios en sus mundos... experimentar esos sentimientos es algo sagrado, y opinar al respecto puede doler, así que si no conoces el tema, mejor no te metas. Ahí podría decir yo lo que opino de las personas que tienen que refugiarse en su trabajo y basar su vida en él para ser o creer que son alguien, y me la callo porque me parece muy triste.
Yo también fui actriz. Pero también existen otros actores que no salen en las películas. Yo era actriz de las que se pasaba de octubre a mayo recorriendo toda España en una furgoneta con la escenografía a cuestas, madrugando, montando y desmontando y haciendo de una a tres funciones escolares al día. También me gustaba mucho mi trabajo, pero me quedé embarazada. Y supe que si iba a criar a una hija iba a tener que estar con ella, porque a tener hijos para seguir con tu carrera y tu vida como si nada y no verlos nunca tampoco le veía el sentido.
Busqué un trabajo a media jornada pero fue imposible. Resulta que en este país en crisis en lugar de haber más trabajo más repartido, lo que se fomenta es que se despida más barato y haya menos gente trabajando el doble. Pero eso ya es otra historia.
Desde entonces hago algún bolo, cuando sale y cuando puedo, porque además cuando una no tiene un nombre en esta profesión, y se acerca estrepitosamente a los 40, desaparece, sin más. Tenga hijos o no. Así que podría haber elegido mi carrera, sí. Podría haber sido una actriz superrealizada y supersatisfecha mientras hubiera podido y mientras mi cuerpo hubiera aguantado. Pero me hubiera perdido lo mejor que me ha pasado en la vida... y luego me planto en los 40, sin trabajo y sin haberme dado la oportunidad de ser madre porque me han vendido la moto de que las mujeres modernas y feministas han de realizarse profesionalmente y no empeñarse en ser mamás, aunque lo deseen porque es un retroceso. ¡Superguay!
En cambio, llevo 4 años dedicándome casi al 100% a mi hija y es lo mejor que he hecho nunca. ¡Lo mejor! Y al contrario de empobrecerme, he aprendido, me he informado, he decidido no hacer las cosas como la sociedad y los falsos mitos establecen, y cuando empiezas a leer sobre maternidad, también lo haces sobre feminidad y sexualidad, y todo forma parte del mismo ciclo. La maternidad también me hizo más feminista. Y como tantas otras madres he escrito un blog, y he conocido a esas otras madres, sus impresiones, sus opiniones, hemos compartido conocimientos, y otra cosa importante en la vida: emociones. Que no sólo de intelecto se desarrolla el ser humano. Y ya no andaré mucho por los escenarios, pero también tengo mi público, que me lee porque cree que tengo algo interesante que decir. Este rinconcito es mi teatro, un teatrito humilde y destartalado de pueblo, en el que aunque no todos los días haya participación del público, sé que cada día se va llenando. A veces, incluso saco algún tema que va más allá de la maternidad, y por unos días tengo que cambiar mi teatrito de pueblo por el Covent Garden para que quepa todo el mundo. Y eso también me satisface. Muchísimo. ¿Y lo que te enseña un hijo? A volver a jugar, a valorar lo que realmente importa en la vida, a negociar constantemente, a tener más paciencia, más empatía, a responder preguntas que creías que nunca te harían, a sanar heridas de tu infancia que ni sabías que tenías... y lo que aprendes educando!

Así que prefiero quedarme en casa criando a mi hija y haciendo todas esas cosas, a trabajar de sol a sol aguantando a gente que no me importa para ganar lo justo para transportes, menús, canguros, guarderías y actividades extraescolares. A mí no me venden la moto con que eso es liberación. Resulta que no estamos en un panfleto rancio de la buena esposa de los años 40, las mujeres salimos de casa, leemos, tenemos internet ¡y hala, hasta conducimos! ¿Te lo puedes creer? Yo cambio el mundo todos los días, desde mi casa, con mi forma de criar, con las cosas que compro y dejo de comprar según ética de la empresa, reciclando, colaborando con alguna ONG lo que buenamente puedo... Y estando sin trabajo no me siento ni inútil ni vacía, cosa que no sé otros. Así que de empobrecerme, ¡nada!

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