25 jun. 2015

Un año sin cole

¡Pues ya ha terminado el curso! Y yo me entero por casualidad, por comentarios de terceros. Este año sí que ha pasado deprisa. Así que aprovecho las fechas para hacer un pequeño balance.

Al comenzar el otoño tuvimos nuestro primer encuentro con la realidad desde fuera. Un técnico vino a configurarnos el nuevo router después de una tormenta. Estuvo bastante rato, y estuvimos charlando sobre juegos porque vio nuestra estantería. También hablamos sobre lo importante que era para nosotros la conexión porque trabajábamos en casa para una editorial. Y entonces salió el tema de la niña y el cole.

—Pues no, no va al cole. La educamos nosotros mismos. Tenemos tiempo y recursos suficientes, así que, ¿por qué delegar?

Y le pareció estupendo. No pidió más explicaciones, ni puso caras raras, todo lo contrario. Que mejor así, tal como está la educación en este país... Y no es que una necesite aprobación de terceros para hacer lo que crea oportuno, pero que el primer contacto externo con el tema fuera tan positivo fue bastante reconfortante. Con el tiempo ya tuvimos conversaciones menos cortas y menos comprensivas. Siempre te encuentras a quien tiene que darle vueltas a todo.

La gente se sorprende mucho al ver niños fuera de horario. Por eso siempre preguntan. Porque enferma no parece, y no les cuadra. Niobe siempre va disfrazada o semidisfrazada. Por lo menos unas orejas y un rabo o alguno de los gorros de animalitos que le hago, siempre lleva, aunque el resto sea ropa normal. Es otra de las cosas buenas de no ir al cole. En el cole no te puedes disfrazar. Cuando iba al cole, se ponía las orejitas y el rabo cuando se acordaba, cuando los veía, los fines de semana o por las tardes. Pero fue dejar de ir al cole y llevar algo animal siempre, todos los días, dentro y fuera de casa, como parte de su identidad. Si una niña necesita disfrazarse para ser ella misma, porque un fragmento de su personalidad consiste en tener tanto amor por los animales que a todas horas juega a ser uno de ellos, esa prohibición puede llegar a ser una forma de matar lentamente su creatividad, su imaginación, e incluso un pedazo de sí misma.

Un día, fuimos a pasear por Barcelona, y toda la gente la miraba y sonreía. Iba con el disfraz completo de la pequeña pony Rainbow Dash, a hombros de nuestro amigo Juan.

—¿Porqué la gente me mira y sonríe? —preguntaba.
—Pues porque no está acostumbrada a ver niñas fuera del cole a horas de cole, ni niñas que se disfracen fuera de los días en los que hay que disfrazarse.

Otra cosa curiosa es que los niños no comen. A veces cuando paseas por una zona muy turística, te asaltan en las puertas de los restaurantes, mostrándote la carta e insistiendo para que entres a comer. Pero llevar a Niobe es un escudo. Simplemente pasan de nosotros. Sobretodo por la noche. Parece que es feo tener niños en un restaurante a la hora de cenar.

No ir al cole también da libertad de horario. Que se nos hace tarde, pues oye, mañana dormimos más y no pasa nada. El humor y el cuerpo en general está más contento y fluye mejor cuando se despierta a la hora que necesita, en vez de a toque de trompeta. Una noche, en otoño, quedamos en la playa con nuestra amiga Amanda, que había quedado con un amigo reciente que venía de Canadá. Estuvimos charlando un buen rato en inglés, y luego fuimos a cenar pizza, y Niobe pudo experimentar cómo otras personas que vienen de otros lugares hablan idiomas diferentes. Con el inglés estaba ya familiarizada. Lo mejor fue cuando fuimos de vacaciones a París, en primavera, para celebrar su cumpleaños. Le regalamos su sueño de volar en avión por primera vez y, de paso, salimos del país, que siempre es una nueva experiencia de aprendizaje.

Y bueno, a veces nos rallamos un poco porque también somos personas libres y caóticas, y en ocasiones nos da la impresión de no ponernos lo suficientemente en serio con la educación, porque no pasamos muchos ratos sentadas a una mesa, con libros y lápices y papeles. Nos preguntamos si lo estamos haciendo bien, si no necesita algo más de disciplina, y todo eso.

Pero luego pienso en mí a los 6 años. No sabía que existían otros idiomas, porque en la tele estaba todo doblado ya. No sabía nada de geografía, porque en el cole a esa edad no toca. No había viajado nunca ni sabía que había vida ahí fuera. No sabía la diferencia entre ciudad, país y continente. A esa edad tocaba letras y números y dibujar, como mucho.  No iba a la biblioteca a explorar, no solo cuentos, sino libros de verdad, para descubrir lo que realmente me apasionaba y aprender por voluntad propia. No sabía nada de anatomía, o sabía lo justo (cabeza, tronco, extremidades). No sabía nada sobre animales, sobre partos, sobre mamíferos u ovíparos... No sabía nada de astronomía, porque en la ciudad no se veían las estrellas. Tampoco había tiempo para que me las enseñaran.


No sabía todas esas cosas, y sin embargo, era "una niña muy lista", solo porque aprendí a leer y escribir antes de tiempo y me gustaba memorizar cuentos y poemas. En cambio, Niobe no muestra gran pasión por la lectura, y escribe solo con mayúsculas porque las minúsculas le da palo aprenderlas. Pero te coge con más gusto un libro tocho de animales, plantas, dinosaurios o astronomía de los que pesan más que ella, que un cuento cualquiera. Le gusta salvar bichitos, ayudar a las hormigas que se han quedado sin hormiguero a transportar a las larvas a lugar seguro, le gusta volver a enterrar las lombrices que hemos desenterrado arando por accidente, le gusta salvar a los animales. Para mí cualquier bicho era una amenaza y disfrutaba (sí, disfrutaba) matándolos.

Aun así, seguimos preguntando de vez en cuando si se aburre, si preferiría volver al colegio el año que viene, y de momento, la respuesta siempre es la misma.

—Naaaaa, prefiero estar con vosotros. Y aprendo más que en el cole.

Así que parece que, de momento, no lo estamos haciendo tan mal.




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