27 ago. 2015

De la literatura romántica a la bazofia nociva

... hay una línea muy fina, pero un abismo significativo.

Hace cosa de un año que cambié radicalmente de tercio (otra vez) y di el salto al mundo editorial. Y hace un par de días mantenía con mi jefe una de esas acaloradas conversaciones que cuando terminan (o no terminan, simplemente se cortan porque cada uno va a seguir con lo suyo y ya da igual) tienes la sensación de que te has explicado con el culo o que el otro no ha entendido una mierda. Y como me quedé con un regustillo amargo he decidido explayarme por aquí. La cuestión es que el superventas de la editorial es una novela romántica. ¿Algo en contra de la novela romántica, así, en general? Pues no. Ahora bien:

Yo puedo leer una novela, romántica o no, cerrar el libro y pensar en si me ha gustado mucho, poco o nada, y seguir con mi vida. O puedo leer una novela y pensar que es lo mejor de lo mejor, y quedarme como obsesionada con ella y entrar en el fenómeno fan, junto a otros miles de lectores. Hasta aquí bien. Hay miles de fans de Harry Potter, de Juego de Tronos o de 50 sombras de Grey, que son géneros muy distintos y que demuestra que cualquiera es susceptible de convertirse en un groupi literario.

Pero resulta que el ladrillo literario que lo está petando (ladrillo, sí, un tocho de casi 700 paginacas) es la típica historia de amor adolescente, donde la chica sosa se enamora del chico malo, que deja de ser malo porque él también se enamora de ella, pero no deja de ser celoso, posesivo y acosador porque está muy enamorado, y a ella le parece bien porque así demuestra lo mucho que la quiere. Y resulta también que van muriendo mujeres, pero ahora digo en el mundo real, mujeres de verdad, maduras y jóvenes, algunas mueren con sus hijos y otras solo pierden a sus hijos (que no sé qué es peor), y nos preguntamos qué está fallando.

Y la discusión a la que me refería venía a ser que, desde mi punto de vista, nos llenamos la boca diciendo que falta educación. Pero la educación uno se la imagina siempre en un aula, con unas señoras o señores que te dicen lo que está bien y lo que no, y ya está. Sales de esa aula y ya te dan por educada o educado y a seguir con las matemáticas y el inglés, que eso es lo que importa. Y no. La educación no va de charlas ni de materias, la educación se inculca a diario, en lo que ves, en lo que percibes, en cómo te trata el mundo y cómo le tratas a él, y se introduce en tu cerebro aunque no quieras. Y si yo leo novelas, y no solo las leo, sino que me enamoro del protagonista y pienso que es un amor perfecto y que es normal que un chico que te quiere controle tu vida y tenga celos por todo, me estoy educando con una idea equivocada del amor. Cosa que empeora al suceder a edades muy tempranas.

Su punto de vista es que también hay gente que critica Dragon Ball por ser violento, y que es una tontería, que los niños no van a salir a pegar ostias por ahí por ver una serie de dibujos. Que el fenómenos fan es de toda la vida, que ahora son novelas románticas como en mi tiempo podía ser la Superpop, y que es lo mismo y que lo saco de madre.

Vamos a ver. Los dibujos son dibujos, y son fantasía. No hay nada más fantástico que los dibujos animados, porque no son reales, no son personas, ni animales, ni nada, sólo son dibujos. Hasta mi hija de 6 años lo dice. Se puso a llorar desconsolada cuando mataron a una mamá ballena en una peli de piratas, pero en los dibujos puede pasar cualquier cosa, por muy bestia que sea, que nada le espanta. En los dibujos te puede explotar una bomba en la boca y lo más que te pasa es que te pongas negra y te despeines. Es que la simple mención de unos dibujos animados a modo comparativo me pone de los nervios. Y luego la Superpop. ¿En serio? El fenómeno fan en la Superpop o en cualquier revista (yo es que era más de Metal Hammer) está relacionado con la música. Bueno, vale, también con lo guapo que pueda ser el cantante de turno. Pero ya está. Eso no iba de amor, ni de romanticismo, ni de relaciones ni de ideas erróneas acerca del tema. ¿Qué comparación es esa? ¡Por favor!

¿Y 50 sombras de Grey? Pues sí, un fenómeno, no lo vamos a negar. Pero tampoco vamos a negar que también es nociva. Ahora bien, la principal diferencia entre esta novela y la novela a la que nos referimos, es que el público objetivo es adulto. Obviamente la leen también adolescentes, no lo puedes evitar. En cualquier caso, el plato fuerte en este caso son las relaciones sexuales explícitas. Y estas, al suceder en un entorno BDSM, han atraído tanto la atención por otro problema de educación de base: la falta de libertad de la mujer frente al sexo. Esto lo leí hace días en un artículo que me gustaría enlazar, pero no soy capaz de encontrar. Una psicóloga explicaba que, aunque nos creamos muy modernos, el sexo violento o no consentido puede excitar a muchas mujeres de forma consciente o subconsciente, por no disponer de completa libertad sexual y estar aún socialmente mal visto que una mujer pueda disfrutar del sexo libre y a voluntad. Creo que el éxito de 50 sombras radica en el sexo y en el tipo de sexo, y no en la relación en sí. Y lo dicho, en una mujer adulta, lo más que puede despertar es la curiosidad hacia cierto tipo de prácticas sexuales, incluso fantasear con tener un rollete con un tipo rico que te lleve en helicóptero a donde te plazca con solo chasquear los dedos. Pero una mujer adulta sabe o debería saber que un hombre no puede decidir por ti asuntos que van desde qué te pones y con quién sales hasta cómo, cuándo y con quién debes parir a tus hijos.

¿Y entonces qué hacemos? ¿Prohibir las novelas románticas?

Yo creo que prohibir tampoco es educar. Pero sí creo que es un problema grave que este tipo de literatura tenga tantas fans, y que no podemos cerrar los ojos y decir que no pasa nada, solo porque sea un negocio y haya que defenderlo. Y el problema no es que exista esta literatura, sino que lleve la etiqueta de Infantil/Juvenil, que mueva a tantas chicas jóvenes, que consuman este tipo de literatura y nada más, que asuman el control, los celos y la violencia como algo cotidiano y que las propias autoras, siempre femeninas, describan este tipo de relaciones porque son las que conocen y consideran ideales. Que se reúnan real y virtualmente para fantasear sobre estas obras, para hablar de amor verdadero en los términos de las novelas que les apasionan. Así que no me vengas con que es ficción, porque no. Hay novelas en las que se distingue la ficción perfectamente, y hay novelas de hechos cotidianos y vidas que transcurren entre el instituto o el trabajo, en las que puedas pensar que todo lo que pasa te puede pasar a ti. Y lo nocivo es desearlo. Es querer encontrar a ese chico ideal, que ya no es un príncipe, y aunque al príncipe también últimamente lo pintan muy chungo, eso también es fantasía clara y al lado de este fenómeno emergente, se queda muy corto. Ahora es un chico malo que, como te quiere mucho y es guapísimo, da igual. En realidad, es tan guapo que el mero hecho de que te haya elegido a ti, lo vale todo. Pero ya veremos cuando la cosa se tuerza. Cuando llegue la parte de la novela que no publicamos.



La conclusión fue que nadie tiene la culpa, que violencia machista ha habido siempre, lo que pasa es que ahora se ve más en los medios porque también hay más medios. Con un par. Asumimos el machismo y la violencia y aceptamos que esto es así de toda la vida. Así lo arreglamos todo y a otra cosa mariposa. Y así nos va con todo.

Y como con esto no quiero demonizar la novela romántica en general, aquí os dejo un comentario que hizo mi lord (que es corrector entre otras cosas) a la autora de la última novela corregida:

Me ha gustado mucho. He corregido más novelas románticas de las que me gustaría (no es mi rollo, para qué mentir), y esta es la primera en la que los personajes funcionan como personas de verdad, y no como estereotipos sexistas. En las dos novelas que corregí antes de la tuya, las chicas no demuestran, pobres, ninguna virtud real. Dependen en todo de su enamorado, que siempre es el chico malo (y guapo a más no poder, popular, deportista, superseguro de todo), que, al conocerlas, se vuelve bueno de golpe, está por ellas como si el mundo a su alrededor no existiese y está siempre ahí, como un acosador: no las deja ni un segundo, ni a sol ni a sombra, y lo suyo es fantástico y único. Lo único que importa es el amor enfermizo entre el chico y la chica y no, como en tu caso, la verdadera vida emocional de los personajes (amistades, familia, novios/as y la propia realidad interna de la persona en sí, muchísimo más rica, compleja e interconectada que una relación macizorro/chica).  Yo creo que toda escritora y todo escritor tiene una responsabilidad, y estos personajes que te he descrito promueven, en realidad una idea muy nociva de las relaciones entre personas.
Me han gustado Lucrecia y Pancracia (aunque necesitan, ambas, un par de collejas de vez en cuando) y, aunque siguen siendo protagonistas y les pasan cosas de protagonistas, son muy reales, están muy vivas y dan una buena idea de lo que una mujer puede decidir para no ser una muñeca de plástico. La memoria me dice, de todas maneras, que los Raimundos del mundo nos solíamos quedar sin amiga y sin novia, y los Ambrosios resultaban ser unos mierdas el 90% de las ocasiones.
Me gusta que publiques con nosotros. Espero que tengas mucha gente que te lea y que vuelvas a publicar más.*
*Los nombres me los he inventado yo.

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