14 may. 2016

El día que tuve la sífilis

Un día acudo a una consulta de rutina de embarazo al ginecólogo, en consultas externas del Hospital de Igualada. Que aún no entiendo el objeto de aquella visita, porque la verdad es que solo era para darme los resultados de la analítica del primer trimestre, y como consulta no hicieron nada más que pesar y medir, que ya me lo hace la matrona en el CAP, al ladico de casa. Pues bueno, el objeto fue decirme que tenía la sífilis delante de mi familia. Así, sin más. Con el hermoso letrero que tienen en la sala de espera, en el que dice que respetan la confidencialidad del paciente porque es su derecho y tal y cual (justo al lado de otro que dice que niños no permitidos en las ecografías, que de eso ya hablaré también en en otro post, porque no veas la que nos liaron por a la niña, que al parecer los cartelitos los cuelgan para pasárselos ellos por el forro, pero a ti ni se te ocurra). Ganas de hacerla a una dar viajes, oiga.




La cosa fue así:
Llego sola porque mi señor y la cachorra se van a buscar aparcamiento. Espero un rato y la enfermera de la consulta me llama, y cuando creo que voy a pasar, me dejan en la puerta como si se hubiera generado un campo de fuerza repentino, la ginecóloga y la enfermera cuchichean entre ellas y finalmente me dicen que los resultados del análisis no han llegado, y que me espere un rato. Yo digo que cuánto es un rato, si es un rato de esperar un poco o de irme a hacer la compra o algo útil. Y me dicen que no tanto, que me muera un poco de asco en la sala de espera y que me llaman en seguida. Vienen los que faltan y a la media hora o así, cuando sale me levanto y pregunto. Entonces ya sí que me dicen que me de un paseo si quiero.
Nos paseamos durante más de dos horas. Volvemos y ya en la sala de espera, cuando vuelve a salir la enfermera a hacer la llamada, nos mira incómoda, entre a cuchichear con la ginecóloga y nos hace pasar. Y ahí empieza todo.

Tiene los papeles encima de la mesa y nos mira raro, habla titubeando y con poca seguridad, dice cosas como que no acaba de saber interpretarlo y tal y cual, aunque su tono es como el de quien está hablando directamente con un cadáver. Y me dice que es que tengo sífilis. Ella no entiende los resultados, dice que por una parte dice sí y por otra dice no, que está esperando al doctor de al lado que sabe más que se lo confirme, pero aun así, no habla de posibles falsos positivos, no da esperanzas, ni mucho menos información, porque no tiene ni idea. No piensa que es poco probable, que se dan poquísimos casos y suelen ser en condiciones sanitarias deplorables, que yo vivo en un lugar civilizado, limpio y con acceso a la sanidad, que estoy casada, que tengo un aspecto limpio y saludable, que no tengo llagas... Y no dice nada más. Mi marido y yo nos quedamos flipando, y con cierta incomodidad, porque claro, estamos hablando de una enfermedad de transmisión sexual. Silencio. La doctora nos mira fijamente uno al otro deseando tener unas palomitas o algo para picar, esperando el momento en el que nos gritamos o nos matamos o algo así. Pero eso no pasa. Pasado el momento de incredulidad empezamos a hacer preguntas: Que qué síntomas tiene, que si a mí me suena que eso da llagas y yo no he tenido nunca, que si cómo voy a tener sífilis sin darme cuenta...
Dice que la enfermedad igual la he tenido hace tiempo y por eso salen anticuerpos en los análisis, que las llagas las puedo haber tenido dentro de la vagina o de la boca y no enterarme por no verlas...
Pero se las habría contagiado a mi marido, ¿no? Y a él sí que se le verían porque lo suyo va por fuera... Y vuelve con que bueno, que alomejor la tuve hace tiempo.
¿Pero cómo voy a tener y superar una sífilis sin enterarme? Que no es que sepa yo mucho del tema, pero la palabra sífilis me suena a:

  1. Enfermedad chunga que te puede matar (y que evidentemente hay que tratar, no es que se vaya sola sin enterarte).
  2. Llagas, pústulas y cosas poco bonicas de ver.
  3. Prostitutas del siglo XV.

Ella apenas sabe qué contestar. Te da el diagnóstico, sin contrastar, sin validar, dándolo por bueno por confuso y raro que sea (quiero pensar que no es porque soy negra y mi marido lleva chupa de cuero y pelo largo, pero vete tú a saber) y no te dice qué hacer o cómo llevar tu vida después de soltar la bomba. Y lo mejor de todo, sin respetar mi derecho a la privacidad, sin sacar a mi marido de la consulta, y creando sospechas muy gordas de infidelidad, que porque somos civilizados, pero esto le pasa a otra pareja y se puede liar parda, que cada día hay mujeres que se llevan una paliza o una cosida a puñaladas por mucho menos.

Y después de un montón de preguntas sin respuesta, y de esperar a lo tonto al médico sabio que iba a despejar las dudas de todos, (que al parecer tampoco era tan sabio porque se había escaqueado por ahí y nadie lo encontraba), nos mandan a casa con un "ya te llamaremos luego y te contamos". Y vivir en el infierno un día entero sin noticias de nadie hasta que tú misma llamas al día siguiente para preguntar qué pasa, pero tampoco parecen encontrar al "doctor escurridizo" (que yo preferiría al "doctor macizo", pero mira, me tocó este).

Total, tarde perdida investigando en Internet, llegando a las siguientes conclusiones:

  1. Que en algunos análisis pueden darse falsos positivos, y una de las causas entre otras, es el embarazo.
  2. Que aunque hay cierto rebrote, sigue siendo una enfermedad poco extendida. 
  3. Que uno puede contagiarse sin darse cuenta por llagas internas ocultas, como en boca o vagina, o por alguien que está en una fase de la enfermedad que no ha desarrollado llagas visibles aún. Pero en cualquier caso, practicando sexo seguro es tan difícil como que le toquen a una los euromillones. 
Cuando logramos hablar con el "doctor que sabía de qué iba la cosa" (que suponemos que hizo lo mismo que nosotros, buscar la información porque no tenía ni pajolera idea), nos dijo que seguramente era un falso positivo y que repetiríamos los análisis para estar todos más tranquilos. 
Al parecer, hay dos pruebas que van juntas. La que se hace primero es como de criba, y si esta da positiva, se hace una segunda para confirmar el diagnóstico. Y resulta que antes se hacía al revés. Primero se hacía la segunda, y si esta daba negativo ya no había lugar a dudas. Pero al parecer debe ser más cara, así que han cambiado el procedimiento. Y si tienes suerte y te sale negativa la primera, no te dan el susto, pero si resulta que la primera sale positiva, aunque la segunda salga negativa ya te comes el mal rollo, porque encima has tenido la suerte de ser la primera y nadie se ha enterado de que ha cambiado el procedimiento. A mí euromillones no, pero marrones los que quieras.

Y finalmente, vamos a nuestro CAP. Mi marido solicita unas pruebas para él, para descartar del todo, y de paso un chequeo completo porque somos tan sanos que al médico de cabecera ni lo conocemos aún. Y este nada más explicarle la historia le dice, casi partiéndose de risa, que le hace los análisis para ver qué tal todo pero que fijo que es un falso positivo, que en embarazos suele darse. Y cuando voy a mi comadrona, lo mismo. Ah, eso es un falso positivo por el embarazo. La mar de tranquila. 

Así que: un fuerte aplauso por el personal del Hospital de Igualada, que parecen ser los únicos empanaos que no saben interpretar un análisis, o que se aburren mucho y la lían para ver qué pasa.



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