3 oct. 2016

Cómo conocí a ese empresario del porno

Bueno, pues ya he visto el famoso vídeo promocional del Salón Erótico de Barcelona. El año pasado también lo petó con un actor porno muy conocido diciendo algo así como que hay que follar más y matar menos, como si hubiera inventado el queso fundido. Y el vídeo ese era muy bonito y muy bien hecho y el mensaje (aunque ya viejo) muy cierto y muy compartido por todos, así que venga, vídeo en todas las redes, en plan: mira este follador profesional, cuánto sabe y qué bien habla.

Y este año hacen otro anuncio que también lo peta y se viraliza y todo el mundo aplaude y olé el vídeo. Yo no quería verlo porque cuando recuerdo ese sitio me dan ganas de llorar, y me dan más ganas de llorar cuando abro Facebook y veo que varios de mis amigos y familiares comparten y aplauden. Y al final lo veo porque también acabo leyendo críticas y tengo que saber de qué va todo eso, y bravo, muy bien, desde luego estoy de acuerdo con todo eso que dice el vídeo, pero lo que tiene guasa es que el salón del porno guarreras se haga llamar Salón Erótico y tengan los santos cojones de llamar hipócritas a los demás.

Tiene guasa que una mujer culta que hace porno porque quiere se niegue a admitir que en el porno y en la prostitución hay esclavitud y trata de personas, porque total, no le ha pasado a ella... Y que además es feminista pero defiende el porno casposo porque es lo que a ella le pone. Y los hipócritas son los demás. 

Y ojocuidao, que el evento lo patrocina una empresa de prostitución, y que la prostitución no es legal en este país, pero puede patrocinar cosas y puede poner vallas publicitarias de la hostia en la entrada de ciudades como Barcelona para asegurarse de ser lo primero que ves cuando llegas. Y eso: que me aprovecho de las incongruencias legales que mi patria me brinda, pero hipócritas los demás.

A la prota del vídeo le crispa que la llamen puta los que se pajean con sus vídeos, pero no sé si se ha planteado si la llaman puta por eso, o por estar buena, o por ser mujer. Porque resulta que a las mujeres nos llaman putas por ser mujeres, así como género. Si follas porque follas, si no follas porque no, si haces algo que no le gusta a un hombre, puta, si te levantas cruzada y no saludas a tu vecino... también puta. Eso es ley de vida y las feministas luchan por cambiar eso, no se ponen a hacer vídeos que salen en páginas que llevan palabras como putas, guarras, zorras, etc. en su propio nombre de dominio.

A lo que iba. Que me da mucha rabia y me deprime a partes iguales el salón ese. Yo estuve allí y de erótico nada. Eso es porno, e independientemente de estar a favor o en contra del porno, Salón del Porno es como debería llamarse. Eran principios de los 2000 y en esos tiempos trabajaba de maquetadora de páginas web. En septiembre entré a trabajar en un curro nuevo porque el anterior me aburría y lo dejé. Y resultó que la web que llevaba esa empresa, era porno. En las oficinas, había unas salitas cuadradas minúsculas con un colchón en el suelo, una cámara y un teclado... y una chica desnuda dispuesta a hacer todo lo que le pidiera el usuario en línea de turno. "La mayoría me piden que me meta un dedo (u otras cosas) por el culo", me dijo una de ellas una vez que cruzamos cuatro palabras. Daba la impresión de estar ahí porque quería y tener la intención de hacer dinero rápido mientras pudiera y alejarse de esa mierda para siempre. No parecía ser una esclava sexual ni nada de eso, y por aquel entonces tampoco me cuestionaba tanto las cosas. Pero de lo que de verdad no daba la impresión era de ser feliz haciendo lo que hacía.

En la entrevista para ese trabajo, me comentaron que el mes siguiente se celebraba el Salón Erótico de Barcelona, y que molaría que, además de ser maquetadora, que era para lo que en teoría me contrataban, pasara los días del salón allí, en el stand. Y a mí me pareció bien, entre otras cosas porque no sabía lo que me iba a encontrar ahí, y porque en mi mente la palabra erótico sonaba de otra manera. También me dijeron que en enero se celebraba algo parecido en Las Vegas, y que también solían participar, y que si en enero seguía allí, pues que también iría yo. Y yo que no me lo podía creer, vamos. Eso de trabajar en un sitio y que te paguen viajes molones era como un sueño dorado. 

Y llegó el Salón. Llegué y al primer vistazo ya me dio como un repelús. Los carteles, los vídeos, toda imagen gráfica con la que me encontraba era de sexo explícito y la cosificación de las mujeres me llegó a molestar de una forma en la que nunca me había planteado siquiera. En algún descanso o parada para ir al lavabo, recuerdo haber pasado por un stand en el que se hacía algún espectáculo en vivo. Lejos de hacer lo suyo, terminar, recibir su aplauso y marcharse (que es como me pensaba yo que iba esto de los espectáculos) la mujer tenía que dejarse tocar, ¡hasta lamer! por un montón de tipos, en su mayoría desagradables. Y a mí que me digan lo que quieran, pero cuando vi a esa mujer bajar del escenario, ponerse y restregarse el albornoz como si quisiera arrancarse la piel, quitarse su cara de show y mostrar su verdadera persona, la que se debatía entre llorar y echar la pota, no me dio la impresión de que se estuviera divirtiendo, haciendo realidad sus fantasías o lo que quieran vender algunas. Sólo ella sabrá su historia y yo al mirarla solo pude pensar que ojalá no estuviera ahí. En algunos shows, un voluntario del público podía hasta follarse a la mujer en directo, allí mismo, ante los ojos y los vítores de todos, pero eso ya no lo vi.

El resto del tiempo, yo estaba en mi stand, sentada en un taburete con mi teclado delante y una pantalla detrás en la que se exhibía un loop de imágenes de nuestra web. Llevaba una camiseta negra de cuello redondo con el nombre de la web impreso en letras doradas, y una falda negra a la altura de las rodillas. Nada que sugiriera que yo también era un objeto del salón. MEEEEEEC. Error. Yo era una mujer joven, guapa y exótica que estaba en un salón de porno y los hombre solo se dirigían a mí para preguntarme a qué hora me desnudaba. "No, es que yo soy maquetadora, no soy actriz". "Pues deberías, porque eres muy guapa, tienes muy buen cuerpo, estás muy buena, que si no te lo has planteado nunca, que si qué haces cuando salgas, que si me das tu teléfono..." Y así todo el día, intentando no perder la sonrisa aunque me muriera del asco y "que, vale que sí, toma tarjetita y visita nuestra web".

Y entonces conocí a Ese empresario del porno. Ese que sale en los periódicos porque está en la cárcel por trata de personas y por drogar a menores para sus vídeos, entre otras cosas. El tipo era un veterano. Ya había estado ahí otras veces y supongo que sabía que no todo el mundo es parte del show por el hecho de estar en un stand, así que fue el primero en hablarme como una persona. Y me cayó muy bien, y le conté cómo me sentía y pareció comprenderme, y que él sabía de qué iba todo eso y que los tíos son despreciables y que ya me echaría un ojo. Y lo hizo. Siempre que estaba disponible se pasaba a charlar conmigo y cuando veía a algún plasta me lo quitaba de encima y se quedaba unos minutos conmigo charlando hasta que el pesao se cansaba y se iba. Era un tipo inteligente y divertido y de repente se convirtió en el príncipe que venía a salvarme de la marabunta fálica. El tiempo pasó más deprisa desde que él entró en escena y terminó el salón. La última noche me acompañó hasta mi casa. Había unas cuatro paradas de metro con transbordo, pero como a mí los transbordos no me gustan y prefiero caminar, el último tramo lo hicimos de paseo. Paramos a tomar una cerveza en una terraza que aún estaba abierta y charlando charlando, me dijo que tendría que montar mi propia web. Yo le decía que yo no iba hacer porno, pero él pareció obviar eso, y seguía como si no fuera necesario el porno en sí. Además cometí el error de contarle que estaba en una escuela de teatro y que una vez me hice una sesión de fotos desnuda. Yo no he sido nunca muy pudorosa y la sesión era totalmente artística y nada erótica, pero Ese empresario del porno era de esas personas que se montan una idea en la cabeza y se convencen tanto que creen que tarde o temprano te convencerán a ti, y que por más que digas que no, pues que no te escuchan, oiga. Así que la cosa quedó así, cada uno en su mundo pensando que entre los dos íbamos a montar una web que lo petaría, yo pensando en mis opiniones y mis frikadas, y él pensando en que acabaría follando ante las cámaras, y que, como no, el primero iba a ser él.

En el puente de octubre me fui a Bilbao para ponernos con ello. Me pagué yo el viaje porque no me gusta deberle nada a nadie, aunque tampoco se ofreció a hacerlo él, a pesar de ser el dueño de una web que según decía le daba unos 2 millones de pesetas al mes, y por si fuera poco cobraba nosequé ayuda del estado por nosequé minusvalía que decía que tenía. Me vino a buscar al aeropuerto con un colega suyo y nos fuimos directamente a su casa porque era de noche y yo quería descansar y dejar la maleta. Cenamos, charlamos, reímos y nos enrollamos. Sí. Me enrollé con Ese empresario del porno porque era un tío divertido con el que me gustaba conversar y porque hasta me gustaba él. Pero ya está. No follamos ni nada. Y el tipo se puso un poco tenso porque parece que algunos tipos no pueden entender que una no folle con todo el que se besuquea y que lo uno no siempre lleva a lo otro y que una quiera conocer bien a la persona antes de pasar a mayores. Y claro, Ese empresario del porno empezó a mostrar cierta tensión y cierta agresividad, que obviamente en lugar de acercarme a él, me alejaba. 

El día siguiente hicimos algo de turismo por el centro Bilbao. Pareció obsesionarse con eso de conocerle mejor para abrirme de piernas y todo lo que hacía parecía tener ese objetivo. La cosa se volvió extraña y forzada, muy lejos de la relación que teníamos al principio. También hicimos algunas visitas de trabajo a contactos suyos, en ocasiones me agobiaba un poco y me sentía un florero, pero intentaba focalizar en el motivo de mi estancia allí y aguantaba el tipo e intentaba ser simpática. Por la tarde fuimos a su casa otra vez, yo pensando que para empezar con la web pero él siguiendo con su idea obsesiva de que necesitaba conocerle mejor, y pasamos un rato mirando y ordenando sus cómics y sus cosas. Y entre esas cosas suyas apareció una libreta en la que apuntaba sus pensamientos y sus conquistas desde que era adolescente. La leí un poco por encima y en uno de los nombres de la lista me paré y me quedé con una frase que hasta ahora recuerdo literalmente: "Ella no quería, pero, mañoso que es uno". Eso era un gran logro para él: concentrarse en una chica "difícil" y no parar hasta conseguirla. Y luego mandarla a tomar por culo rápido para que la sensación de triunfo sea aún mayor. Ese era el verdadero Empresario del porno, y sí, le estaba conociendo, pero no me molaba nada.  Cada vez más lejos uno del otro, por la noche me preguntó si quería ir al cine y qué quería ver, que él tenía pase de prensa gratuito por la web (cágate lorito, ¿así de fácil le dan a uno un pase de prensa, aunque su web no tenga nada que ver con informar, ni siquiera con opinar de nada?). Elegí Amelie. A los 10 minutos se quedó dormido y se pasó toda la peli sobando y roncando como un maleducado. No me podía creer que fuera el mismo tío que había conocido en el salón. Al final, me puse un poco borde y le dije que de la web qué, que no habíamos hecho nada y que ya solo nos quedaban dos días. Me dijo que él lo que quería era grabarme follando con tíos, que tenía la esperanza de que uno fuera él, que me podía disfrazar si quería, como si el hecho de ser reconocible o no fuera el único problema, y que las frikadas que yo proponía no le interesaban a nadie, así que o eso o nada. Y ya está. Me fui a la cama con ganas de llorar y él se quedó al ordenador, escribiendo cosas en su web. De madrugada y sin poder dormir, me dio por mirar qué había escrito. Y sí, me había dedicado un post enterito contando lo calientapollas que era y hablando así en general de qué coño les pasaba a las putas calientapollas que se dejaban besuquear y magrear lo justo, pero que no se dejaban follar. Los comentarios que fueron llegando durante semanas ni os los podéis imaginar.

Y a la mañana siguiente estábamos allí, en una casa enorme sin hablarnos, él a sus cosas de su web y yo leyendo sus cómics, hasta que me dijo que por qué no me iba a dar una vuelta o algo. Y yo le dije que quién me aseguraba que me iba a volver a dejar entrar y recuperar mi maleta. Él me dijo que me daba 5.000 pesetas como garantía y yo le dije que si me daba ese dinero me iba a una pensión y me pasaba lo que me quedaba de estancia a mi rollo por ahí. Y me las dio. Las acepté porque me había costado 30.000 el avión y me había quedado en la ruina (hablo de un tiempo en que el dinero se contaba en pesetas y no existían los vuelos low cost), cogí mi maleta y me largué de allí tan rápido que ni me quité las legañas. Busqué un sitio para dormir y dejar la maleta y me puse a vagar por Bilbao hasta la hora de coger mi avión de vuelta.

Volví a casa, dejé el trabajo y me centré en mi escuela de teatro musical, cambiándome el turno de noche por el de tarde y pillando un trabajo de teleoperadora a media jornada por las mañanas. No quería volver a tener nada que ver con el porno nunca más. 

Ahora pienso en Ese empresario del porno, que esclaviza mujeres de Europa del Este y droga a menores y que me dejó ir, sin violarme ni drogarme ni nada. Y me convenzo más aún de que el porno envilece. Que un día Ese empresario del porno era solo un tipo cabezón, caprichoso y mañoso al que le gustaba jugar a conquistar y ganar, pero con el tiempo, ese mal perdedor también perdió su juventud y su gracia, y las derrotas pudieron con él y tuvo que recurrir a las malas artes. Y en lugar de defenderlo y decir: "eh, gente, yo lo conocí, él no es así, pudo hacerlo conmigo y no lo hizo..." me lo creo. Porque cuando descubrí su verdadero ego reconocí a un misógino para el que las mujeres eran solo carne. Todas. Y que el porno era la liberación de un tipo acomplejado cuya idea del sexo era someter, vejar, insultar, porque no lo olvidemos, puta es un género, y no existen hombres y mujeres sino hombres y putas, y las putas están para eso.

Para acabar, recomiendo una película que define bastante cómo veo yo el porno. Se llama "Don Jon" y va de un tipo que ve tanto porno y se ha creído tanto esa mierda, que no sabe disfrutar del sexo real, ni con tipas de una noche, ni siquiera cuando se echa una novia estable y formal. Porque el sexo que le venden en el porno no trata sobre compartir, sino de usar. Rápido, sin implicación ni complicación, por delante, por detrás, corriéndote en su cara como si fuera un orinal, sin preocuparte de si disfruta o no. Incluso después de tener una relación sexual real con una mujer, necesita ir a escondidas a su ordenador y volver a tener otra relación sexual consigo mismo y su porno. Y no sabe que tiene un problema. Como no saben (o no quieren reconocer), esos que defienden el porno y la prostitución, que graban una imagen y unos mensajes en el imaginario colectivo realmente dañinos.

Supongo que si has visto los vídeos promocionales o has leído algunas noticias últimamente, sabes bien de quienes hablo. Pero no salen nombres en este post, porque no quisiera que alguien que busque a alguno de esos personajes en google acabe aquí, en un blog que en principio habla de maternidad y de algunas reflexiones feministas o sobre el simple hecho de ser mujer. A esas personas no les gustaría lo que encontrarían, y a mí no me gustaría tener a esas personas por aquí. Y me alegro de que Ese empresario del porno esté en la cárcel, porque después de aquella experiencia estuve mucho tiempo pensando en cómo podía vengarme, como podía desenmascararlo, que todo el mundo viera lo sucio y despreciable que era... pero al final se me pasó, como todo pasa. Y después de más de una década, me gusta pensar que, aunque solo sea a veces, los hados acaban poniendo a cada uno en su lugar, y que todo el mundo del porno y la prostitución caerá por su propio peso... algún día.

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