20 dic. 2017

Lo que cuesta hablar de racismo

Hace unos días hice un pequeño experimento: subir esta imagen a mi cuenta de Instagram, con el título: ¿Por qué los reyes blancos pueden ser de los colores divertidos que quieran pero el rey negro solo puede ser negro? Solo obtuvo un corazoncito y nadie dijo nada. Nadie contestó mi pregunta ni entró en el debate. Porque hablar de racismo incomoda. Porque crees que es una chorrada y me ofendo porque quiero y no te atreves a decírmelo. O porque ese tema no va contigo porque tú no eres racista ni vivimos en una sociedad racista, para qué vamos a darle vueltas. Y no es que tenga yo miles de seguidores y corazoncitos, pero curiosamente es la única publicación con un solo corazoncito. Que igual la foto es una chusta, pero te aseguro que las hay peores porque yo no tengo ni idea de fotografía, y subo fotos que no siempre son bonitas, pero con ellas trato de decir cosas.

Clan TV
Esto es algo que solo se le puede ocurrir a una persona no blanca, y las blancas pensarán que nos ofendemos a la mínima, que vemos racismo en todo, o que acabamos siendo nosotras las que vemos colores porque ellas solo ven personas, (o algo así como cacahuetes en este caso).

En cambio, yo cuando vi esta imagen sí que vi los colores y sí que me asaltó esa pregunta. Los reyes blancos pueden elegir hasta sus colores, pero el rey negro siempre tiene que ser negro. Y esto que te parecerá una chorrada me hizo pensar en un artículo que leí hace años sobre Disney, que mientras se sentía orgulloso de haber creado al fin una princesa negra, la realidad de las niñas de verdad era que en sus juegos, las niñas blancas podían elegir princesa, pero la niña negra del grupo solo podía ser Tiana.

La gente no habla de racismo y cuando una saca el tema es una negra rabiosa que se queja por vicio y que debería dejar de dar por saco, vivir su vida y dejar en paz a los demás. Los demás son las personas blancas y españolas que dicen que no son racistas porque tienen amigos negros, y no te insultan mientras seas una negra modélica, sumisa y sacrificada, porque eso es lo que debemos ser. Pero cuando nos da por reivindicar algo pasamos a ser la puta negra rabiosa que ve racismo por todas partes y molesta a la santísima sociedad blanca "que la ha acogido".

Y en estas estamos con la Cabalgata de los Reyes Magos de Alcoy. Resulta que Afroféminas lanza una llamada de atención respecto al blackface de cientos de pajes. ¡Cientos! Más de mil, incluso. Así, en plan manifestación. Pero claro, eso no es racismo. Y aquí Afroféminas y todas las que las defendemos volvemos a ser putas negras rabiosas que se quieren cargar una tradición mágica y preciosa, y romperle la ilusión a los niños. Porque la magia es que vayan pintados de negro, no lo es la cantidad de gente que se junta para desfilar, subirse por las paredes y repartir regalos. Si le quitamos el blackface, no nos queda nada, ¿verdad? Pobres niños, no tenemos corazón. Que no entendemos la magia, que vayamos a verlo y cambiaremos de opinión. Superlógico: me molesta algo de lejos y de cerca no solo no va a molestarme, sino que lo voy a adorar. Ya me molesta cuando pintan a un solo rey Baltasar de negro, como para verme rodeada de blackfaces como si viviera una pesadilla. Es tan lógico como decir que soy antitaurina porque no he visto una corrida en directo. Que si voy y lo veo y lo sufro en primera fila se me pasarán las hostias. Pues no, me molesta el blackface, en directo y en diferido. Pero ellos no defienden una tradición racista, es más, para demostrar que no son racistas nos insultan, nos dicen que estamos enfermas, que no tenemos vida, que somos unas ignorantes, que cuántas ganas de joder, y el ya clásico que nos volvamos a nuestros países.



Los mitos y leyendas pueden mutar, pero es muy difícil cambiar una tradición. Las personas convierten una costumbre en tradición y las tradiciones se refuerzan siempre en el olvido de lo que las ha originado. De hecho, los Reyes Magos al principio de los tiempos ni si quiera eran reyes, ni magos. No fue hasta la Edad Media que recibieron el título, y hacia el siglo XV se atribuyó un origen etíope/yemení a Baltasar y se le empezó a pintar con piel oscura. Y cuando digo pintar, me refiero a cuadros y esas cosas, no a pintarle la cara a un señor. En un atlas catalán de 1375 los pintan a todos blancos. Filippo Lippi los pintaba a todos rubios y brillantes. El Greco, hacia 1550,  y Murillo, hacia el 1600, ya pinta la imagen tradicional del viejo blanco, el maduro castaño y el joven negro, lo que me lleva a pensar que se trata de una tradición castellana. Lo de las cabalgatas es un invento moderno, del siglo XIX, y con ellas llegó el blackface

Y no es solo cosa de Alcoy. En Alcoy es más bestia porque hay cientos de ellos, pero Baltasares de betún hay por toda España, y también nos hemos quejado antes y ni caso. Que el blackface no es racismo, que no tienen intención de herir a nadie. Supongo que no saben que puedes no pretender algo y hacerlo igualmente, o que las tradiciones, para que se sigan manteniendo, se adaptan poco a poco a la sociedad. Pero las tradiciones son muy fuertes, se basan en un sentimiento compartido por un grupo que considera que sus tradiciones lo definen: la razón no puede luchar contra la tradición. El apoyo es mínimo y nos quedamos prácticamente solas frente a los insultos y las burlas porque, recuerda: no mola hablar de racismo. El racismo no existe. Lo creamos nosotras con la confrontación.

Lo mismo siempre que nos quejamos de algún producto que lanza una campaña publicitaria que nos ofende, como Cola Cao, o que tiene un producto ofensivo en sí mismo, como los Conguitos. Nos quedamos prácticamente solas en nuestras reivindicaciones y, aunque sí que es verdad que hay gente que nos apoya, la mayor parte de los comentarios recibidos son más insultos y reproches de piel fina, tiempo libre y venir a cargarnos cosas. Por suerte, algunos saben reflexionar y cambiar, como es el caso de los Conguitos, cuya imagen principal ha variado con los años. Cierto es que mantienen su nombre, aunque, a decir verdad, Mr. Propper pasó a ser Don Limpio y no pasó nada. De hecho, diría que toda la gente de mi quinta sigue diciendo Mr. Propper, y yo misma llamo Conguito a todo cacahuete chocolateado, cualquiera que sea la marca. Pero vamos, que un fuerte aplauso igualmente para ellos. Pasito a pasito.

No se habla de racismo cuando en una publicación en Facebook, una amiga habla de lo bueno que está cierto mulato, yo la corrijo diciendo que será un hombre mulato en todo caso, no un mulato a secas, y no dice nada al respecto ni se disculpa hasta que otra amiga blanca me agradece la aportación. Porque somos todas muy feministas y los comentarios machistas hay que señalarlos y despreciarlos, pero las aportaciones sobre racismo ya incomodan más. Porque sé que no hay mala intención, pero hay que crear conciencia, de la misma forma que se está haciendo frente al machismo. Porque no hace mucho era lo más normal que los tíos nos echaran piropos agredieran verbalmente por la calle y nadie lo cuestionaba, y nosotras a tragar y callar. Es necesario hablar de racismo, para detectarlo, para comprenderlo, para modificar lenguajes y actitudes.

Tampoco se habla de racismo cuando en un grupo de whatsapp de varias madres y padres, una pasa un mensaje en cadena larguísimo que en resumidas cuentas decía que los moros nos invaden y que si el terrorismo y que si hay que estar alerta... y nadie dijo nada. Que bien es cierto que un tiempo después se abrió un grupo alternativo en el que esta persona ya no está, que no sé yo si aquello tendrá algo que ver pero vamos, que si no se hablan las cosas, también es bien difícil que las personas se den cuenta de sus errores. 

Pero aunque no se hable de racismo, sí que se lleva mucho ponerse una etiqueta antirracista. Y cuando lo hacen partidos políticos, pues me crispa bastante más. Ayer recibí un enlace para las próximas elecciones que explicaba cómo no votar racismo. Aquí un esquema de la situación:

S.O.S. Racisme


Y ahora me preguntarás qué tiene de malo que los partidos políticos se preocupen por incluir políticas antirracistas en sus programas, cosa que, a priori suena muy bien. 

Pues para empezar, basan sus políticas antirracistas en cosas que tienen que ver con los extranjeros, no de las personas racializadas. También hay extranjeros rubios con ojos azules, así que no estaríamos hablando de racismo exactamente. Y el hecho de considerar extranjeras a todas las personas racializadas, ya es en sí mismo algo racista, ¿no?

Luego está derogar la ley de extranjería. Vamos a ver. Yo pienso que es injusta y cruel, y que hay que revisarla y reformarla. ¿Cómo? Pues no tengo ni idea porque ese no es mi trabajo. Me parece estupendo que haya partidos que contemplen una reforma que respete los derechos fundamentales de las personas (JxC), pero no me gusta que para ponerse medallas nos prometan entrada y papeles para todos porque eso es insostenible a todos los niveles. Y lo sabemos todos por muchas caretas que nos pongamos. Arcoiris y unicornios, los justos.

Que todo el mundo tenga derecho a voto tampoco lo veo muy allá. Porque vamos a ver, cuando emigramos al extranjero, nos permiten votar desde fuera, por lo que cada individuo vota por su país, y no por el país en el que reside. Si juntamos votos de los autóctonos que se han ido con los autóctonos que se han quedado, con los extranjeros que no sabemos qué intenciones tienen... me parece un poco caótico. Como mínimo exigiría garantías de permanencia, que si te lo piden para comprar un teléfono, que menos que para decidir el futuro de tu país, que igual el extranjero vota y se pira al año siguiente y luego es una la que se come toda la legislatura.

Al derecho a la sanidad pública estamos todos de acuerdo menos la derecha casposa. A simple vista es algo que le parece bien a cualquiera con una pizca de humanidad, pero tiene sus matices. Yo creo que siempre hay que defender la sanidad pública para todas las personas residentes, tengan o no un trabajo o papeles en regla. Pero quiero recalcar la palabra residentes y me gustaría que existiera una buena forma de asegurarse de ello. Llámame racista, pero el turismo sanitario existe y lo sé de primera mano. Llámame negra rabiosa, pero como ya conté hace tres años, he vivido cómo un pariente guineano, nacido en Guinea Ecuatorial y con residencia en Guinea Ecuatorial pero que va y viene cuando quiere, vino a España a operarse de un transplante de riñón y luego se volvió a su casa a vivir la vida. ¿Pero es que allí no hay hospitales? Pues claro que sí, pero allí la vida y la muerte dependen del dinero que tengas. Y desde luego, si tienes dinero para viajar a Madrid cuando te place, lo tienes para pagarte un hospital privado. Pero operarse en España es mucho más glamuroso. ¡Y gratis! El dinero mejor me lo gasto en el viaje y así además me divierto. Poco después, mi madre se jubila después de cotizar en España toda su vida, se va a Guinea de visita por segunda vez en más de cuarenta años, y se muere de una cagalera porque el hospital público la manda a casa. ¿Ya me habías llamado negra rabiosa? Pues oiga, un poco de rabia igual sí que da.

Ahora vamos al último punto, al que también se suma toda la izquierda: Políticas públicas contra el racismo. Vale. Es tan amplio y tan ambiguo que cualquiera puede decir que las aplica.
Pero cuando las personas racializadas, extranjeras o no, denunciamos microrracismos como los de las cabalgatas, ningún partido se pronuncia. Vale que la de Alcoy es la más bestia, como decía antes, pero hay blackfaces en casi todas las cabalgatas españolas, y en Catalunya también, senyors i senyores d'esquerres. Incluso blackfaces masivos como el de la capital de mi comarca. Y nadie nos escucha. 

Igualada - Cavalcada de Reis (Foto: Ajuntament d’Igualada)
Pero sí, son cosas que si te quedas en el título sin profundizar, quedan muy bonitas. Somos antirracistas para prometer imposibles y mientras nadie venga a denunciar algún tipo de racismo, porque entonces el racismo simplemente no existe. Y oye, que esta es mi opinión y sé que puede resultar polémica. Será más o menos acertada, pero para empezar, estoy hablando de ello, con sinceridad y sin maquillaje.

El racismo no es solo que te peguen una paliza en el metro o que no te den un trabajo por tu raza, igual que el machismo no es solo que te violen en un portal o que no te den un trabajo por estar en edad fértil. Está enquistado en la sociedad y hay que identificarlo para poder construir una sociedad más plural, tolerante y respetuosa. ¿Cómo lo hacemos? Hablando de racismo. 






6 comentarios :

Unknown dijo...

Me ha encantado�� Sí como cuesta hablar de ello la verdad. A ver si poco a poco. Vives en Igualada? �� yo muy cerquita y las cabalgatas betuneras tampoco me apasionan. Recuerdo que cuando era pequeña mi padre alucinaba que pintaran a un blanco para hacer de negro (en una asociación en la que estaba) y no llamarle a él para hacer de rey, y han pasado 42 años...

20 de diciembre de 2017, 21:50
Nebetawy

Gracias! Pues en la ciudad no, pero en un pueblo de cerca. A mí me han dado grima desde siempre las caras pintadas, y más porque de pequeña mi tío era el Baltasar de TVE Catalunya. Lo del blackface simplemente, no lo pillaba.¿Por qué se pintan de negro? ¿Y por qué así? No he ido a una cabalgata en mi vida.

SinHorizontes

Yo en mi inocencia infantil al ver que era la única niña afro de mi barrio y de los barrios de al lado pensé que se pintaban porque no tenían personal (no va a ir mi padre a todas las cabalgatas) cometemos el error lps adultos de creer que los niños son tontos; inocentes sí tontos ni de lejos.

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Deborah Segura dijo...

Pues estoy de acuerdo con todo lo que expones. Hay muchísima gente asustada de la autocrítica. Como si replantearte las cosas, cambiar de pensamiento, de manera de hacer o ser fuese vergonzoso o un fracaso... sin autocrítica no hay evolució y sin gente como tu que hable claro los demás no podríamos hacer este proceso. Yo sé que la cago en muchas ocasiones pues nací en el lado de los "privilegiados" y muchos comportamientos son fruto del normalismo (como los microracismos).
Personalmente agradezco que las afrofeminas hablen claro. Yo no me había planteado el blackface hasta que las he leido y de repente me vuelvo a encontrar out of the box, pensando "ala, que brutos somos y yo ni me había enterado" jejeje

21 de diciembre de 2017, 13:21
Deborah Segura

Joder, que mal lo he escrito... pero bueno, se entiende. Y quería decir micromachismos... en fin...

Nebetawy

Gracias! Siempre reconforta que te lea gente receptiva :-)

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