2 nov. 2019

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Reto: observa esta imagen y dime si crees que corresponde a un niño o a una niña.


Una opción de razonamiento deductivo podría ser: lleva un clip con un ratoncito en el pelo, lo que me lleva a pensar que es una niña, aunque no lleva pendientes, lo que me lleva a pensar que no lo es. La ropa no me dice nada; cualquiera puede llevar una camiseta roja y unos tejanos. Empieza a ser común que a las niñas no las vistan como a muñecas de porcelana ni las hagan pasar por el mal rato de agujerearlas, pero lo que no se ve mucho por ahí es un niño con accesorios monos en el pelo...

La respuesta es ¿a ti qué te importa? O sea, no quiero ser borde, pero piénsalo. Si es alguien que te encuentras en el parque, en la compra, en el autobús... y no vas a volver a ver nunca, en serio, ¿qué más da lo que sea? Te llama la atención porque es muy mono/mona, simpático/simpática, y ya está. No necesitas ponerle género, no necesita llevar una etiqueta.

Si por el contrario es alguien que va a entrar en tu vida, pronto sabrás su nombre y seguramente (no siempre) te aclarará bastante las cosas.

La cuestión es que el cachorro se dio un golpe muy fuerte en la frente con la esquina de un mueble y se abrió una brechita. Y como tiene el flequillo bastante largo y la herida supuraba, le puse un clip para que el pelo no se la infectara. Para mí no es gran cosa, pero me viene a la mente cuando estuve de Au-pair en Inglaterra a finales de los 90. El mediano de tres niños varones tenía siete años y una energía algo "femenina" (y lo entrecomillo a propósito). Un día estábamos jugando en el sofá y me pidió que le hiciera moñitos como los míos, así que me quité mis gomitas y se los hice. Cuando llegó su madre se escandalizó muchísimo y me preguntó por qué le ponía gomitas de colores en el pelo, que si no sabía que era un chico y tal y cual. Yo me quedé un poco a cuadros. Tenía bastante claro cómo era el chaval y solo estaba jugando a algo que parecía hacerle feliz, pero la señora creía que lo que le pasaba a su hijo era algo que se podía frenar, o que en ningún caso no había que potenciar. Como si fuera algo opcional o contagioso, o qué sé yo.

Con la cachorra me pasaba que la gente me decía mucho que qué niño tan bonito. Al principio les corregía. Es una niña, les decía. Tampoco era yo muy de ponerla de merenguito rosa, así que me respondían: Ah, como no lleva pendientes..., como si esa fuera la clave del asunto. Y así me di cuenta de que eso de ponerles pendientes a las niñas era solo cuestión de etiquetar, para que las señoras desconocidas que no te importan pudieran hacer comentarios sobre los bebés ajenos sin miedo a equivocarse con el género. Así que dejé de corregir. ¿Hasta qué punto me importa que esa señora se vuelva a su casa pensando que mi bebé monísimo es un niño? Cero.

Nos quejamos del sexismo de la sociedad pero empezamos a etiquetar a nuestros bebés lo antes posible. Niñas: sed bonitas, adornadas y obedientes. Niños: sed tipos duros y no mostréis nunca sensibilidad o gusto por las cosas monas. Yo no creo que ponerle a mi hijo accesorios en el pelo vaya a afectar a su sexualidad en el futuro, partiendo de la base de que a mí eso no me importa y que haga lo que haga, él hará lo que sienta. Lo mismo pienso de mi hija, que solo viste pantalones y botas de montaña, una camiseta, y un polar si hace frío. Y lleva el pelo más bien corto porque es más cómodo y estar mona no es práctico. No le gusta ir de compras porque le indigna que en la sección de niñas de las tiendas solo hay Elsas y Anas y se tiene que ir a la de niños para encontrar camisetas de superhéroes. Y pantalones normales. Porque resulta que las niñas ahora tienen que llevar siempre pantalones excesivamente apretados o excesivamente cortos. Y para muestra, esta foto que hice un día que estaba tendiendo ropa y me di cuenta de hasta qué punto estamos hipersexualizando cada vez más a las niñas:

A la izquierda, pantalón corto de niña, talla 10. A la derecha, pantalón corto de niño, talla 2, notablemente más largo. ¿Por qué?
Así que por mucho que nos empeñemos, el mundo del consumo que en realidad nos gobierna va a seguir en sus trece. Por eso es tan importante lo que decidimos comprar o no, porque los consumidores tenemos más poder del que creemos y no debemos darles la razón, no debemos demostrarles que ya nos está bien así.

Dejemos de agujerear a las niñas sin su permiso. Hay mucho tiempo para que tanto chicas como chicos se agujereen cuando quieran, en serio. A mí me colaron los dos agujeros de rigor, y con el tiempo acabé haciéndome cinco más. Dejemos que los niños se pongan clips o diademas en el pelo si les molesta en los ojos y no quieren cortárselo. Tampoco pasa nada. Dejemos que niñas y niños se vistan como quieran y se adornen solo si quieren. Salgamos a la calle con pantalones las mujeres (que es super normal) y con faldas los hombres (eso sí que es transgresor, aunque solo lo será hasta que deje de serlo). Dejemos de pensar que una mujer puede ponerse pantalones porque asemejarse a lo masculino empodera, pero un hombre con falda es ridículo porque asemejarse a lo femenino debilita. Borremos las imágenes que nos vende la moda de las mujeres lánguidas y enfermizas y los hombres triunfadores y poderosos. Dejemos de caer en contradicciones entre feminismo y acciones cotidianas. Seamos cada día un poquito más libres de prejuicios antes de quejarnos de que quien nos esclaviza es la sociedad.

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