1 nov. 2019

Under Pressure

Sí, ahora mismo, en la banda sonora de mi película, mientras aporreo estas letras y fuera llueve, suena de fondo la línea de bajo de la canción de Queen y Bowie. Probablemente ahora te acompaña a ti también durante la lectura. Advierto que hoy estoy algo autobiográfica, y aunque creas que no soy nadie y a quién le importa, a mí me apetece. Siempre puedes cerrar la ventana.

Bajo presión es un máxima que entró en mi vida a partir de La Charla. Apareció una vez como tal, pero se quedó en un transfondo cotidiano, en cada aprobado por los pelos, en cada fracaso, en cada error. Hablando con otras personas afrodescendientes descubrí que todas habíamos escuchado la charla, e incluso algunas la habían trasladado a sus hijas. No voy a darte la charla, pero como en este punto puede que te haya entrado curiosidad, te la voy a resumir: Eres negra. Y como tal, tienes que ser la mejor en todo lo que hagas. Porque siempre que haya una persona blanca que lo haga igual que tú, que tenga las mismas notas, el mismo currículum y la misma aprobación de gente irrelevante, elegirán a la blanca. No puedes ser mediocre, y ni siquiera basta con ser buena, debes ser la mejor.

Y oye, a algunas personas les ha funcionado, se han puesto las pilas y han llegado a ser la hostia en lo suyo, pero a mí durante un tiempo me amargó la vida. A estas alturas miro atrás y el discurso me parece tan retorcido como el de los que defienden los métodos de adiestramiento para dormir bebés, que algunas aseguran que les ha ido de maravilla y no dudo que funcionar, funcione, pero de las secuelas ya hablamos luego, si eso.

Porque no todo el mundo es igual, ni quiere las mismas cosas, ni le afectan los hechos de la misma forma. A algunas personas no nos gusta destacar. Yo nunca he sido competitiva y tal vez por eso los deportes siempre se me han dado fatal. Al entrar en el instituto, el profesor de educación física insistió en inscribirme en una maratón de la zona. El tipo debió dar por sentado que al ser negra me colocaría en el primer puesto despeinando al resto de participantes a mi paso, y que llevaría el honor y la gloria a la institución, que dicho sea de paso como dato curioso, tenía esculpida una antorcha llameante en el dintel de la puerta. Lejos de ganar, quedé en lo que para mí fue un dignísimo puesto 15 de aproximadamente unos 50, mientras el profe se fue a casa llorando metafóricamente (porque era muy musculoso para llorar de verdad) por quedarse sin trofeo.

Ilustración inspirada en Glee, una serie donde los marginadillos de un instituto cantan y bailan a coro que lo flipas sin ensayar ni nada y lo petan en todos los bailes de fin de curso, pero aun así les tiran granizados a la cara por los pasillos.

Y a pesar de querer ser cantante de pequeñita, siempre he sido introvertida. Hasta ahora me cuesta un montón moverme en fiestas o grupos de gente. Yo soy la que se queda en un rinconcito observando al resto y esperando que nadie note su presencia. Así que lo de los focos y los aplausos no iba a ser para mí. Se te dan bien los idiomas, deberías estudiar turismo, me decían. Tampoco reparó nadie en que lo que no me gustaba era la gente. No fui a la Universidad porque lo de hacer una carrera siempre me ha sonado mal. Desde que pones el pie por primera vez en el cole te marcan la competición como objetivo, y a mí no me gusta corren si no es que voy a perder el tren. Y odiaba la perspectiva de pasarme toda la vida haciendo lo mismo. Aun así estudié y conseguí un trabajo en un hotel a pesar de no ser la mejor y tener un título mediocre y todo eso, y cuando me aburrí porque no me gustaba, lo dejé y me fui a Inglaterra.

Vivía en una pequeña ciudad pesquera que tenía varios pubs, pero solo uno cerraba a las 11 P.M. entre semana y a la 1 A.M. los viernes y sábados (y eso allí ya era tarde que te cagas) y había música en vivo todos los fines de semana. Allí conocí al batería de Iron Maiden, una noche que fue a tocar con otra banda más de estar por casa y cuyo nombre ni recuerdo, pobres, pero fue un gusto ver que a pesar de la fama mundial, siempre podía ir a tocar a un pub chiquitico con sus colegas si le daba la gana. Cuando volví a casa me puse a estudiar otra cosa y busqué una banda de rock con quien cantar, porque a pesar de los mensajes disuasorios del tipo es muy difícil llegar, había comprendido que no es necesario llegar a ningún sitio mientras haces lo que te gusta, y aunque en España no hay tanta cultura de música en vivo en los bares, nuestros bolos hicimos y me lo pasé genial.

Más tarde, ya con otro trabajo que conseguí fácilmente con mi nuevo título mediocre de algo que no tenía nada que ver, y ya con mi independencia y mi propio dinero, me puse a estudiar en serio canto y teatro musical, y hasta me dediqué a ello un tiempo. Hice algunas obras infantiles-juveniles en las que el reparto era coral y nadie era la estrella. Finalmente me llegó un papel protagonista en una obra en la que interpretaba a una niña "mulata" que sufría acoso racista en el cole. Ni blanca ni negra, puaj, me decían mis compañeros interpretando sus papeles. Un sueño dorado que consistía en interpretar mi peor pesadilla. La obra tuvo un éxito aceptable y buenas críticas, pero ya está. Para vender giras y eso, mejor cosas alegres con canciones sobre animalitos de granja y cuentos de toda la vida, que hablar de bulling y racismo es deprimente. Me quedé un tiempo en esa compañía porque decían estar muy contentos conmigo y que lo hacía muy bien. Aunque cuando terminó mi función como "la niña mulata" a la que nadie quiere, en tres años no volvieron a contar conmigo en las nuevas producciones, sino que solo me metían en obras de las que otras se habían cansado ya, o de comodín para salvar el bolo en sustituciones, una vez hasta de un día para el otro. El día que me negué, dejaron de llamarme y di esa etapa por terminada.

Y luego ya con la maternidad, el vivir fuera de la ciudad y menos tiempo para aficiones, descubrí el maravilloso mundo de los coros, cosa que me permite subirme a los escenarios y pasármelo teta sin estar bajo el foco y sin llevar el peso de la actuación. Y súper feliz, oiga. Es algo que sentí muy profundamente cuando vi la película Sucker Punch*: —¿Y si esta no es mi película? ¿Y si yo no soy la protagonista de esta historia, y simplemente soy algún personaje más o menos relevante en la historia de alguien?—  Creo que el mundo sería un lugar mejor si todas nos hiciéramos esta pregunta de vez en cuando. Si dejáramos de mirarnos el ombligo para mirar alrededor y ver qué puedes aportar en otras vidas. Si dejáramos de competir y empezáramos a colaborar.

Tal vez aquí pensarás que eso es muy bonito, pero soy negra, y eso de colaborar siendo negra en un mundo de blancos es muy happy flower. Totalmente. Pero esta es una reflexión muy profunda y resulta que yo cuando pienso en mí y en mis cosas, no estoy pensando constantemente como mujer negra, sino como persona y punto. Los que me ennegrecen son los demás. Sí, se han dado mogollón de situaciones en mi vida del tipo "palabra de blanco" vs. "palabra de negra" en las que la que ha salido mal parada he sido yo, pero eso es otra historia y ya la contaré otro día.

Ser mediocre está infravalorado porque nadie cuenta esa historia. A nadie le interesa. Todo el mundo quiere aplaudir al ganador y soñar que todo es posible. Will Smith buscando la felicidad**. O por el contrario y menos frecuente, la historia del perdedor, quien no supera el drama y se hunde en las drogas o en la misera y muere solo. Esas historias que son menos pero también venden porque piensas que tampoco estás tan mal. Pero no te dejes engañar, eso que algunos llaman mediocridad es la zona de confort. Y aunque algunos vendan libros y se hagan ricos a costa de decirte que salgas de ahí aun a riesgo de hostia fina, es cómoda, calentita y te llena la barriga. Si no, no se llamaría zona de confort. Igual se llamaría limbo o purgatorio o algo así.

Y todo eso viene a que yo me revelé contra la idea de ser la mejor y destacar en todo porque no iba conmigo y me llevó a una depresión adolescente que me hizo ver que era cambiar el chip o morir. Y luego me ha ido bastante bien a pesar de todo. No digo que le vaya a funcionar a todo el mundo porque como dije antes, no todo el mundo funciona igual. Soy consciente de mis privilegios: soy negra solo a medias, y aunque esté feo decirlo soy bonica de ver. Y nunca he tenido demasiados problemas para conseguir trabajos, algunos de lo que quería y algunos de mierda, supongo que como todo el mundo, por muy preparado que esté. Reconozco que igual que el color te puede perjudicar en un sitio, te puede beneficiar en otro, ya que también hay gente a la que le parece super cool tener una plantilla diversa. Además, en una entrevista de trabajo no es solo tu curriculum lo que manda, también está lo que transmitas como persona y el feeling que tengas con quien está delante. Y créeme que si esa persona es racista, va a dar igual todo lo que digas, lo que hagas y lo preparada que estés.

Lo que quiero decir con todo esto es que nunca sabes lo que va a pasar en el futuro, y nada que te amargue la vida hoy te va a preparar para todas las mierdas que tengas que afrontar mañana. Si realmente te gusta estar en la cima, estupendo, ve a por ello y te deseo toda la suerte. Pero de ahí a estar en el fondo de un agujero hay un espacio muy grande donde cabemos mucha gente sin necesidad de pisotearnos. Y que conste que este no es un discurso de infravaloración o conformismo. Al contrario, puedes debes disfrutar de ser quien eres, quererte como eres, sin necesidad de competir con nadie por la aprobación de nadie. Como dice Noa en una canción que llevo cantando a mi hija desde que la llevaba dentro: la vida es un acto de equilibrio.

Por último quiero dejar claro que no pretendo dar consejos ni lecciones. Simplemente comparto mis experiencias, como llevo haciendo desde que empecé a escribir como válvula de escape. Pero sería bonito que mis reflexiones de majara te tocasen de alguna manera, y que mi pequeño papel en tu historia fuera fructífero.


* Sucker Punch. A una chica monísima la internan por matar a su familia (aunque es inocente, claro),  y se le va la olla más todavía. Tiene unas compañeras que también son muy monas y se visten de cabareteras para ir a luchar. Dicen que es una película pero es un video clip de dos horas muy bonito de ver si te gustan los video juegos de pegar tiros. Algo así como Moulin Rouge, pero cambiando amor por violencia a cascoporro.

**En busca de la felicidad. Un señor que lo pierde todo excepto a su hijo, al que va arrastrando de punta a punta de la ciudad esquivando a los servicios sociales, decide trabajar seis meses gratis para que a lo mejor le den un trabajo. Es listo y buena persona, así que al final gana y se hace rico, como tiene que ser. Es muy emotiva e ilusionante aunque oculte que en la vida real quienes ganan son Amancio Ortega y el Señor de Nestlé.




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