9 ago 2020

Descerebradas sin mascarilla

Decían que el coronavirus nos iba a dar una lección. Pero no sé muy bien de qué. Antes de todo esto parecía que el mundo empezaba a tomar conciencia ecológica. Se reciclaba más a nivel individual, se retiraron las bolsas de plástico de los comercios y hasta en algunas cadenas de supermercados, introdujeron las bolsas biodegradables para la fruta. Surgieron cientos de alternativas a los productos menstruales y de crianza desechables. Y muchas personas empezamos a comprender que no se trata solo de reciclar, sino que la clave es no generar tanta basura. 

Luego vino la pandemia y al principio todo muy happyflower porque se paró el capitalismo un rato y la fauna tomó las calles, pero en cuanto nos soltaron volvimos a la carga pero peor. Volvimos con guantes y mascarillas. Que una puede pensar que es muy cívica porque tira sus guantes y sus marcarillas a la basura, pero la cosa es que la basura está ahí igual. El plástico de los guantes es de baja calidad y no se recicla por mucho que te digan en el súper que ya se encargan ellos, y las mascarillas desechables ni siquiera son reciclables. Y aunque las tires a la papelera, estas a menudo están llenas, y el viento hace volar las cosas. Y aunque tu mascarilla no acabe tirada por la calle, acabará en el mar. Tú, persona civilizada, también contribuyes a este paisaje por muy cívica que te creas. Y yo. Y da mucha más rabia cuando me obligan.

Que es para protegernos. ¿A quiénes? ¿A las personas? A estas alturas de la historia yo creo que hay que ser muy hipócrita para no reconocer que el ser humano es quien menos derecho tiene ya en este mundo de existir, y si hay que extinguirse para que los peces no se ahoguen en plástico, así sea.

Pues con este panorama, después de los creadores de #quédateentuputacasa, esa policía de balcón aburrida y agresiva que insultaba y hasta lanzaba cosas a quien veía en la calle, hasta el punto en que las madres de menores con necesidades especiales tenían que llevar un distintivo, llegan ahora los acusadores de estupidez extrema a quienes cuestionamos el uso de la mascarilla a la intemperie.


Que no pasa nada por llevar mascarilla. Pues mira, lo de siempre. No pasa nada si no te pasa a ti. A muchas personas nos causa una especie de claustrofobia y por lo tanto ansiedad, pero claro, como no es un cuadro clínico aceptable, a joderse. A muchas nos cuesta respirar (puede que de la ansiedad misma), incluso ver (yo tengo la carica pequeña y no veo una mierda en según qué ángulos con eso puesto, y eso que me las hago a medida), pero si no llegamos a insuficiencia respiratoria extrema con papelito firmado, pues tampoco.

Y que menudo capricho respirar aire puro, oiga. Como si nadie le importara beberse el agua de hacer gárgaras pudiendo beber agua limpia y fresca. ¿Parece una guarrada? Pues para mí es lo mismo.

Tengo la inmensa suerte de vivir en una calle en una montaña en la que no hay casi nadie, y de trabajar en un local en las afueras de una ciudad, donde las calles son anchas, puedo aparcar en la puerta y donde tampoco hay casi nadie. Y con eso me libro. Porque a parte de ir de casa al curro, apenas salgo de casa por la angustia de ponerme el bozal. Pero a principios de mes se dio una situación en la que tuve que llevarla todo el día y me salió un herpes labial. Pero que no pasa nada por llevar mascarilla.

Que soy una petarda por quejarme por un herpes de nada cuando hay gente que se está muriendo y tal. Pues vale. Pero aunque no minimizo ni me río de la pandemia, tampoco me creo todo lo que cuentan y de si algo estoy convencida es que no nos lo cuentan todo. 

Porque leo que médicos desaconsejan el uso de mascarillas en espacios amplios y al aire libre. Que el contagio se produce por contacto prolongado, como de 15 minutos en adelante. Porque a mi criterio le chirría que pueda contagiar a alguien por cruzarse un segundo conmigo (en la escasez de casos que eso pudiera producirse). Por la lógica que tiene que si voy andando me la tengo que poner, pero si voy en chándal y corriendo dejo de ser tóxica. O si estoy en una terraza con 10 amiguis bebiendo, comiendo y charlando echando microgotas encima de las tapas, tampoco soy tóxica. Pero si simplemente camino por la calle, sí. Porque veo cómo actúa la gente, que nunca ha estado educada en eso del respeto del espacio personal y ajeno, y se toman el uso de la mascarilla como una barrera infalible que les permite echársete encima como si no pasara nada. Porque además de ser una preferencia personal, es demostradamente más efectivo ir a pelo y respetar distancias. Y que me la pongo en las tiendas, en el súper y donde haga falta, pero lo de las calles es que simplemente no lo entiendo. Y no soy de acatar por acatar. Porque a estas alturas ya no sé si es que el gobierno es así de justico y pretende matar mosquitos a cañonazos, o si ya tirando a la conspiranoia están echando un pulsito para ver hasta dónde somos de obedientes. Así que, claro, soy una descerebrada. 

Y es que ahora se trata de eso. A la mínima que cuestionas algo ya te meten en el grupo de los hippies de las vibraciones cósmicas, que de repente citan a Trump con la apostilla de "jamás pensé que citaríaa Trump, pero es que mira cuánta razón tiene". Que como ya he dicho otras veces en otros contextos, yo no soy una antivacunas, pero a mí nadie me informa de qué y por qué tienen que pinchar a mis hijes según un calendario determinado. Que si le pregunto a una enfermera por qué tengo que vacunar a mi bebé de 4 meses contra la hepatitis B si no se chuta ni tiene relaciones sexuales y no me sabe responder, pues le digo que a la próxima ya veremos. De ahí a la magufada cósmica hay un trecho larguito.

Vamos hacia una sociedad cada vez más polarizada, en la que los buenos son los que obedecen, los que se ponen la mascarilla por calles vacías sin preguntar, sin sentir incomodidad siquiera porque han comprado la moto de que llevándola están enviando un mensaje al mundo de lo solidarios que son. Estoy sola en esta calle tan ancha y poco transitada, pero llevo felizmente mi mascarilla puesta porque estoy salvando vidas. Y los que cuestionan son idiotas, temerarios, conspiranoicos, rebeldes...

A ver. Que ni la OMS* aconseja el uso de mascarillas en espacios abiertos. Que en los comunicados en los que se habla y aconseja el uso de mascarillas, además de que hay que añadirlo a todo lo demás, siempre dicen cosas como "cuando sea apropiado" o "en lugares en los que hay multitudes", y sigue apelando sobre todo a la higiene y la distancia a nivel personal, y a la inversión en el sistema de salud y el personal sanitario a nivel gubernamental. Nada de mascarillas a cascoporro.
 
Somos el único país de Europa con esta imposición. Y que yo sepa, nunca nos hemos caracterizado por ser los más listos de la Unión. Más bien al contrario: a los ojos de los "chicos grandes", somos esa gentecilla fiestera y siestera que se compara constantemente con sus mayores para hacerlo igual de bien, pero como no les sale, al final acaba haciendo lo que le da la gana.

Y que ahora está muy guay porque es nuevo y es la moda y es un nuevo complemento que puedes comprar para combinar con tus trajes y tus vestidos. Pero por lo que sabemos de esto, podría ser para siempre, y no es sostenible. No solo a nivel ecológico, porque mucha gente las lleva de tela, sino también a nivel social. Cómo se resolverán los conflictos entre gente sin rostro, tanto quien instigue como quien ponga paz. Cómo será con los peques, cuando tengan un disgusto en el cole y lloren, y no puedan ser abrazados ni tocados, solo calmados con palabras amables sin expresión que las acompañe. Cómo crecerá la osadía de quienes nos increpan por la calle en actitud machista o racista, con la impunidad del anonimato cual hater de internet. Cómo nos sentiremos cuando vayamos solas de noche y sintamos los pasos a nuestra espalda de alguien a quien no podemos identificar. Cómo será la Nueva Humanidad. 

Yo solo espero que como moda se pase pronto y quiten la norma por puro sentido común, igual que pasó con los guantes en los súpers o las bandejas de agua con lejía en las que te hacían zambullir los pies en las puertas de los centros de salud. Porque si no ya me imagino dónde acabaré.

Mientras el mundo cambia para adaptarse a un Nuevo Orden que va a llegar más pronto de lo que imaginamos porque nos dejamos llevar con una facilidad que da miedo, yo seré de las rebeldes que comen hamburguesas de rata en una ciudad subterránea, si es que no viene algún agente del futuro a eliminarme por mis ideas o las de mis hijos antes de que alguno la líe parda. Pero aunque tal vez la movida me pille algo mayor para ir haciendo activismo temerario, preferiría morir feliz de sobredosis de fritanga y azúcar a vivir en un mundo aséptico de emociones y de pensamiento.




Infografía sobre cómo y cuándo usar mascarilla. Spoiler: en espacios abiertos siempre que no se pueda mantener la distancia social.

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